Opinión
Impericia en la retirada
Lo sucedido en la Casa de Gobierno es un bochorno mayúsculos en una provincia que no debe naturalizar este tipo de situaciones, aunque se hayan repetido bastante en los últimos años.
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Los funcionarios alardean del poder que tienen para hacer lo que quieren mientras duren en el cargo y, la verdad, que mientras no se legisle sobre la revocatoria de mandatos, tienen razón.
Pero, petulantes, no cuentan con dos factores centrales:
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1- Que la gente se harta.
2- Que los problemas se pueden resolver antes de que estallen.
Un movimiento de familiares de policías sin ninguna representación formal se volvió, al menos, legítimo, porque se les dio entidad, se negoció con su cara visible, el presidente de una mutual y se jugó, por lo tanto, con fuego.
Tan poco inteligente ha sido cómo se ha movido el gobierno provincial en varios aspectos que aquí no la tuvo para darse cuenta de lo que podía suceder. La marcha de expolicías y penitenciarios fue la más grande que se recuerde. Y la solución encontrada fue reprimirla: justo a ellos, justo allí, justo con esos métodos y, justamente, el que inició el lanzamiento de gas pimienta que enfureció a todos y desencadenó la locura que terminó con una respuesta de manual, el desborde total, el caos, la destrucción del despacho del Gobernador y del patrimonio provincial.
Es verdad lo que dice el Gobernador en el sentido de que se actuó con violencia. Pero no es menos cierto que el Gobierno, todo, hizo gala de una impericia inaceptable a esta altura del mandato, cuando ya deberían haber aprendido cómo manejar las situaciones. A no ser que hayan abandonado sus obligaciones por desgano o bronca por el resultado electoral.-

