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Opinión

La ingenuidad de Laura

La vicegobernadora electa salió a defender a la Legislatura. Una forma de posicionarse sin liderazgo, sino como simple "jefa de lo que hay".
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

 Mientras la vicegobernadora electa Laura Montero acusa de "ingenuos" a quienes miran con bronca a la Legislatura por su manejo y aumento de dietas, buscando diluir la responsabilidad en una entelequia, le siguen metiendo personal por la ventana de una casa que todavía no ocupa, le niegan información y tiene que rogar por nota a Carlos Ciurca que se la otorgue y hasta sus propios legisladores le marcan la cancha riéndose de la necesidad de adherir a la austeridad que Alfredo Cornejo reclama.

Montero dio, en una nota de opinión que MDZ publicó este domingo por la tarde, un mensaje de tranquilidad a quienes buscan el status quo en la Legislatura y promete, tan solo, realizar "una auditoria general que haga un corte y posibilite un análisis de gestión, delimitando así responsabilidades, frente a delitos que hoy parecen impunes".

La nueva vicegobernadora parece desear quedar indemne de todo lo que suceda en la Casa de las Leyes hasta fin de año, y tiene todo el derecho. Pero no sólo puede ser considerada una reacción ingenua no exigir, desde ahora, el trabajo en bloque de sus propios legisladores para evitar un jubileo final de la actual gestión, sino una omisión peligrosa y que la acerca a posiciones corporativas.

MDZ señaló en diversas oportunidades lo que sucede en la Legislatura y en la Casa de Gobierno. Sin dudas que hay motivos más allá de los Pasos Perdidos que permitieron que los legisladores se hayan aumentado las dietas en 35% en medio de una crisis de las finanzas de Mendoza inédita, como sostiene Montero. Pero no es lo único que pasa allí. De hecho, si el día de asunción la nueva vicegobernadora tuviera que citar en sus puestos a todo el personal, se produciría un "baile de la silla" sin precedentes históricos a la hora que cada nombrado o contratado busque en dónde asentar su humanidad.

Sobre el "dietazo", hay que recordar que esa cifra surgió no solo de una decisión de la Casa de Gobierno, sino centralmente del "hermanamiento" de la dirigencia sindical de los trabajadores del Estado con la propia Legislatura y el aval, sin más, de los funcionarios del Ejecutivo que avanzaron sin medir las consecuencias en las arcas provinciales de una decisión que les permitió, tal como también lo informamos, que cientos de personas pasaran a la planta permanente del Estado.

El afán por impulsar ese incremento se llevó consigo la estabilidad financiera de Mendoza y también tuvo secuelas políticas. Fue cuando dentro del Poder Ejecutivo el ministro Matías Roby planteó que había que dar aumentos mayores al personal de menor escala, y más bajos a los que ya reciben un salario abultado, para evitar la prolongación de una brecha insólita y destructiva. Lo expulsaron del Paraíso del poder.

Nos enteramos que los diputados y senadores se habían aumentado las dietas solo cuando MDZ publicó, en una nota de Santiago Montiveros, que los presuntos "rebeldes" de la Izquierda son los que más gastan en viáticos para viajar por asuntos partidarios y éstos, enojados por la ruptura de "códigos" que aprendieron a cumplir rápidamente, denunciaron la actitud del resto del cuerpo, aunque dos meses después del aumentazo.

Esa es la Legislatura que tenemos, además de la que desconocemos y que la propia Montero no logra auscultar porque, dice, le niegan información.

En medio de la campaña electoral, Montero formuló afirmaciones que hoy debería tener en cuenta a la hora de enfrentar la difícil tarea que se le ha encomendado: conducir el Poder Legislativo, transparentarlo y demostrar que no es un antro de intercambio de favores espúreos, como el imaginario popular lo intuye.

Para ello debe saber que la creación de una nueva categoría de "trabajadores de elite", enganchados al sueldo del Gobernador y al suyo, propuesto por Ciurca, criticado por Jorge Tanús, no ha sido eliminada de la agenda, sino suspendida hasta octubre.

Montero dijo en la campaña cosas como éstas que ahora debe cumplir y que, por regla, debe trasladarse a los propios:

- "Las negociaciones paritarias deben iniciarse en diciembre de cada año, para que podamos tener razonabilidad, y no cuando puedan ejercer poder real de parar escuelas, por ejemplo".

- "Hay que tener mucho cuidado con los pases que se van a hacer porque lo estoy viendo en La Cámpora, una militancia rentada cara con poco nivel de formación, que cobran sueldos de secretarios de Estado y no tienen la idoneidad para los cargos que ocupan".

Y sobre todo esto último:

- "Nunca un legislador actual ha discutido el funcionamiento de la Legislatura ni puesto en negro sobre blanco los asuntos de los que todos hablan puertas afuera, pero que hacia adentro parecen mantener a todos detrás de un mismo hermetismo".

Por ello es que resultaría al menos ingenuo pensar que la Legislatura es "víctima" de las decisiones que ha tomado en una presunta soledad el Poder Ejecutivo. Pensarlo, o querer que creamos eso, es sacarse la mayor responsabilidad que le tocará ejercer desde diciembre, asignársela a otro: tendrá que cambiar la realidad del cuerpo legislativo porque esa es su tarea central en el Gobierno.