Opinión
Educando a la educadora maleducada
No hay dudas de que los estudiantes no están participando del debate sobre la docente que se desquició en un aula de un secundario de la UNCuyo. No lo están haciendo, al menos, en los medios. Gana la opinión de padres, de adultos, de quienes estos pibes han tomado su ejemplo de violencia o bien, los que no fueron educados en la primera escuela: sus casas. Acostumbrados a culpar al otro como estamos, la culpa de que la profesora esté al frente de un aula fuera de sí no es de ella ni de la formación que obtuvo para realizar su tarea ni de quienes deberían evaluarla periódicamente, sino sencillamente, de los chicos.
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Acusamos a gente que no se defiende. Los apabullamos como si un menor de edad tuviera la misma responsabilidad que un adulto y capacidad de llegada al resto de la opinión pública que un adulto. Como consecuencia, nos infantilizamos como sociedad al ponernos frente a ellos como iguales, sin asumir nuestras culpas por la niñez y adolescencia que sale de nuestros hogares.
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La docente está evidentemente superada por alumnos que no le dan bolilla ni prestan atención a su materia. ¿Está capacitada para afrontar un alumnado de esas características? Supongamos que, efectivamente, los alumnos sean unos malvados, unos "animales salvajes", unos "tarados", como ella les dijo: ¿los va a "domar" de esa forma? ¿O les está dando combustible y justificación para ser como son? ¿Los está educando o confrontando? ¿Algún superior a esa docente sabe lo que pasa? ¿Es una docente con su formación la que debe atender ese curso u otro tipo de profesor? ¿La única salida es que la profesora de Literatura haga una amplia demostración de conocimientos del español enumerando una sarta de puteadas a sus alumnos o hay otras posibilidades dentro del sistema educativo?
Pero hay más preguntas para hacerle a tanta gente que se ha enganchado en este "populismo mediático" del que son parte, obviamente, muchos comunicadores "flojos de papeles" y que le dan sentimentalmente su apoyo a la actitud desquiciada de la docente. Por ejemplo, ¿qué tal si la situación fuera a la inversa? A nadie se le ocurriría poner a los alumnos a evaluar a sus docentes, aunque no vendría mal ponerles un oído a los adolescentes para que nos cuenten sobre quienes los educan, ya sea que se trate de sus padres o maestros.
Imaginemos a un gobierno que no se asuste del poder sindical y decida evaluar a los docentes. Inclusive, en forma cruzada: por docentes de otras zonas, de modo de establecer niveles y otorgar premios justificados y no salarios por permanencia, aunque la capacitación sea tan solo una foto del pasado de ese docente, cuando fue a la facultad. Lo hace Estados Unidos y también Ecuador, dos modelos ideológicos diferentes.
Entonces, ¿vale que a un docente mal formado, faltador, sin "onda" para estar frente a jóvenes ni cultura general, que sea un negado a las nuevas tecnologías y que se arrastre por la profesión con un ancla en el pasado sea tratado como lo hizo la docente de la UNCuyo a sus alumnos?
Sería más o menos así: frente al tribunal evaluador de un docente, se paran otros pares o bien el Gobierno y le dice, resignificando los improperios que la profesora Laura Cogni de Bru lanzó:
- "¡¿Quedó claro que no somos ningunos tarados para tenerla a usted como docente?!".
- "¿Que mientras el mundo avanza usted se está rascando las partes pudendas y si no aplica técnicas actuales de pedagogía nadie le dará bola? ¿Que usted se duerme ante la urgente necesidad de docentes despiertos y actualizados?".
- "Nos molesta mucho que mientras el estado está invirtiendo millones en la educación usted esté durmiendo, como si fuera gracioso. Nos encantaría que a usted la echen, que la suspendan, que no cobre el sueldo. Que alguien haga huelga y el gobierno se haga reverendamente el pelotudo".
- "Porque los chotos del Estado los aprueba y los deja seguir ejerciendo la docencia, sin evaluación, sin control".
- "Pero le avisamos: usted no se jubila ni en pedo si no da clases como la gente y si no logra transmitir los conceptos de la materia que dicta".
Suena fuerte, ¿no?
En esos términos un adulto se dirigió a unos adolescentes a los que "educa" durante varias horas por semana, complementando una formación que no empieza en la escuela sino en la casa. Y aquí los hemos tergiversado de modo que el "superior" de la docente aparezca tratándola a ella del mismo modo.
Estaríamos en problemas si el resto de los docentes y padres se identificaran con la profesora insultadora.
Los pibes son rebeldes, y menos mal que es así. Todos lo fuimos. Cuando de rebeldía se pasa a otros niveles, hay formas de tratarlo, de afrontarlo, de discutirlo y no es haciendo justicia por mano propia.
Pero nunca hay que olvidar un consejo que les dio Sarmiento a los políticos y, por cierto, que vale para los docentes: traducido al lenguaje de los tiempos actuales, dijo algo así como que "Si no educan pensando en la calidad, háganlo al menos por miedo".
Esos pibes son nuestros hijos y si no los supimos educar nosotros, no traslademos nuestro fracaso en defensa de una docente que no mejora la educación, sino que la revuelca en el mismo lodo al que creemos criticar. Cambalache.