Opinión
¡Que viva el futbol!... sin Boca ni River
River y Boca son dos empresas. Dos empresas grandes. Con una historia indiscutible. A las dos las engrandecieron los gobiernos de la década infame, financiando sus estadios, y las pusieron a jugar en “la industria del tiempo libre” para los desahuciados. Cuando la gente se cagaba de hambre. De clubes a empresas. Esa es la trayectoria. Son parte del poder. Son el establishment también del que se nutren los medios de comunicación, los periodistas deportivos, y el merchandising.
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Son dos potencias económicas. De ahí salen moldeados los que se salvarán económicamente, lo pibes, desde niños, viviendo en esas empresas como obreros esclavos con libreta de conchabo. De River y de Boca viven muchos. Es un clásico, una especie de guerra barrial desplazada a lo económico. Pero también a lo político. Son dos empresas que pelean en el mercado y en la política. De Boca salió el que hoy es candidato a presidente de la oposición. Un neoliberal empresario hijo de empresario. Un rico que fue presidente de un club-empresa rica. Empresas alimentadas por todos.
Son parte del poder, siempre. Bajo cualquier gobierno. Allí se representan mayorías sociales. En la fantasía del pertenecer. Y hay quienes fogonean la guerra. A los periodistas les encanta la guerra. Porque es noticia, porque genera tráfico, porque alimentan a otras empresas. Porque de esa guerra se inventan programas de televisión para hablar de esa guerra. Le dedican el 60% del tiempo, y el resto, a los otros: a los “grandes más chicos” que le siguen. Ayer mostraron hasta dónde puede llegar la lucha empresarial. La falta de solidaridad de los trabajadores de cuello blanco (los jugadores), los de Boca, dejando a la deriva horas a su rivales deportivos. Después el plato lo pagan los demás. Los más chicos, los que no generan tanta rentabilidad.
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Ayer se vio cómo los empresarios se convierten en aves de rapiña. Unos y otros. Venganzas. Lucha mafiosa. Jugadores millonarios que posan. Jugadores individualistas que hicieron la suya. Todos hablando horas tapándose la boca. Una moda. Hablar tapándose la boca es una señal cultural: el ocultamiento exhibido por televisión. El voyerismo que se obsesiona para descifrar lo que dicen los labios. Todo armado, anunciado.
A River y a Boca deberían sacarlos un par de años del campeonato. Pero no lo van a hacer, porque son las dos porongas más grandes del futbol nacional. Son la vergüenza nacional. Alienados a los intereses de sus patrones, los jugadores de River y Boca, hacen el juego que les manda la cotización del mercado. Y juegan sucio. Lo que pasó ayer no es la argentina que queremos. ¡Que viva el futbol!... sin Boca ni River.

