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Opinión

Esa provincia en la que vive Pérez

El análisis del discurso del gobernador Pérez ante la Legislatura, el último de su mandato. El divorcio entre lo hecho y sus resultados.
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 "La Policía de Mendoza es una de las mejores", "Osep atiende a 398 mil personas", "aumentó 25% la matrícula educativa" y así, muchos grandes títulos que no son mentira, pero tampoco una verdad completa.

Francisco Pérez evaluó su gestión al frente del Poder Ejecutivo provincial en su último discurso ante la Asamblea Legislativa. Como todos, fue subjetivo. Lo fueron sus palabras y lo es esta columna. Todo lo es. Las cosas, siempre, dependen del cristal con el que se las mire.

A partir de allí lo hay que analizar, en todo caso, es el punto en el que se para cada subjetividad. 

Desde aquí podemos decir que el gobernador habló, en todo su derecho, de la misma provincia en la que vivimos, pero parecía otra. 

Desde donde él está parado, no hay dificultades a la vista; las necesidades parecen satisfechas; las promesas aparecen como cumplidas en tiempo y forma; el motor de la economía está marcha, lento, pero andando; la relación entre la provincia y la Nación es inmejorable y ha permitido vivir aquí, en ésta, la provincia de Pérez.

El Gobernador se dio el lujo de dar consejos y sembrar proyectos hacia adelante que deberán cumplir Alfredo Cornejo, Adolfo Bermejo o Noelia Barbeito.

Dijo todo lo que tenía por decir en un discurso que le llegó terminado desde la factoría el martes por la tarde, cuando todavía estaba calculado para durar una hora y media. Lo corrigió y le agregó varios minutos más.

Desde la subjetividad, siempre, puede observarse que Pérez vive en una provincia fantástica, pero hay otra. 

Esa "otra Mendoza" no es necesariamente opuesta a la planteada por el Gobernador, pero en ella resulta difícil verificar el resultado de las iniciativas que, aunque reales, no logran ser vividas en lo cotidiano por los mendocinos.

En esta Mendoza, es verdad que la población aumentó y que hay 25% más estudiantes en la escuela y que todos los niños de 4 años van al jardín. Pero los que desertan, no pueden ir, se malforman o lo hacen con escasa calidad para enfrentar los desafíos de la vida, también están a la vista. No como en la provincia en la que vive Pérez.

En su lugar de residencia, la "Osep atiene a 398 mil personas". Pero en la otra Mendoza se sabe cómo es esa atención, se habla de las limitaciones que sufre para ofrecerla efectivamente y se sufre un sobredimensionamiento burocrático y un desfinanciamiento que hace pensar en su próxima inviabilidad si no se toman medidas responsablemente.

En donde vive el Gobernador, "la Policía es una de las mejores". En Mendoza no. Al menos, no se verifica en los resultados, en su conducción, en su plan operativo ni en su integración comunitaria. Si su función -junto con la Justicia y todos nosotros, cada uno en su nivel- es que haya seguridad, pues no la hay. Podrá estar híper equipada, como lo dijo Pérez, o se puede haber invertido en ella fortunas, pero no se percibe, no se respira en el aire, no se vive en paz. Nadie más que él y sus funcionarios creen lo que dijo en su mensaje.

Siempre va a haber polémica con un discurso de balance de un mandatario. Y es por eso: porque hay un abismo social y político cuando el sistema funciona con uno que se defiende siempre y otros que atacan, siempre.

 Las realidades se chocan y la subjetividad se vuelve un elemento central. No hay posibilidad de síntesis, una evaluación real que permita encarar lo que falta. No hay mea culpa de un lado, ni piedad desde el otro.

No hay liderazgo. No hay estadistas. Hay dos, o tres, o cuatro o más "Mendozas".