Opinión
La "dilmanización" de la Argentina
La pulsión desesperada del kirchnerismo por no perder los lugares que viene ocupando desde hace más de una década en el poder lo ha llevado a cosas insólitas. La más extraña de todas es que hayan subido al altar de su culto a Daniel Scioli, cuya candidatura combatieron ferozmente durante todos estos años y terminaron no sólo aceptando mansamente tras ser derrotados por el "fuego amigo" del dedo de Cristina Fernández de Kirchner, sino que enarbolan como bandera con argumentos líricos y épicos tan endebles que ellos mismos se miran al espejo y no se reconocen.
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Como el objetivo es "la victoria", ante el fracaso electoral de la provincia de Buenos Aires que le dio la espalda al FpV que la gobernó en las últimas tres décadas, recurren a la receta electoral que dejó la última campaña brasileña.
Allí, rumbo al balotaje, Dilma Rousseff confió su destino al marketing político, que hizo una gran tarea: extorsionó a los brasileños a que la votarán o venía el caos, el pasado, el horror. Acusó a la oposición de querer avanzar con ajustes y despidos y de llevar a Brasil a una crisis económica gigantesca. El miedo cundió desde todas las herramientas actuales que tiene la comunicación.
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Como resultado, ganó Dilma y sostuvo el poder por solo 2 puntos, aunque con 10 décimas le alcanzaban. En su entorno suspiraron. La militancia siguió en sus cargos. Pero la realidad de la economía brasileña siguió su curso porque no hay estrategia de marketing capaz de taparla.
A poco de haber sido reelecta, Dilma Rousseff tiene 5 y 7 puntos de imagen positiva, nada más. Más del 67% denlos brasileños cree que su renuncia o destitución "le haría bien" al país, sin que nadie hable de ruptura del sistema democrático y sin negar los avances que lograron Lula primero y Dilma después, en otro momento.
Pasó algo más en Brasil: la independencia de poderes llevó a que la justicia llevará a prisión a los jefes de Gabinete del país y a los poderosísimos empresarios que acompañaron la corrupción que torció hacia el fracaso a lo que debía ser un triunfo de la gran nación que lidera a Sudamérica.
Hoy ese triunfo del marketing del miedo a cuyos creadores ha recurrido Scioli para tener a donde llevarse a las 5 mil personas que se quedarán sin cargos políticos en territorio bonaerense, deja a Dilma haciendo el ajuste que ella dijo quejarían "los otros". Dilma es la política menos prestigiosa de Brasil hoy y su gobierno literalmente no existe.
Cristina, gracias a la Constitución que le prohibió un tercer periodo, safó de las paradojas que sufre Dilma y es Scioli quien encarna su figura. La pregunta es si está dispuesto a ser inmolado por el kirchnerismo en la hoguera encendida con su incapacidad por reconducir al "modelo" hacia una viabilidad en este contexto macroeconómico. Le dejan la tarea sucia a Scioli: usa la estrategia de campaña que le devolvió a Dilma el poder formal, pero corre el mismo riesgo de no contar con el poder real.
La amenaza de "helicopterazo" lanzado por la Presidenta en los últimos días fue hecha desde la "comodidad" que le da asentarse en su nuevo rol del "yo no fui" que le da estar en la oposición, gane quien gane, porque ese será su lugar indefectiblemente. Fue un conjuro contra Macri, pero si insisten con seguir con un plan como el de Dilma, puede terminar por explotar en el mismísimo talismán de la continuidad que la militancia ha elegido para seguir estando en donde está: Daniel Scioli.

