Opinión
Los gabinetes de Cornejo y Macri, en contraste
Mauricio Macri y Alfredo Cornejo tienen una coincidencia y muchas diferencias en la conformación de sus respectivos gabinetes de funcionarios. Por igual, echaron mano a aquellos que los acompañaron a gestionar. Como diferencias, uno apostó por el equilibrio multipartidario y al otro no le importó demasiado; uno irrumpió con los CEOs en el primer staff de gobierno del país y el otro, Cornejo, prefirió apoyar los lazos de confianza propia, sin intermediarios.
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Con esto dio como señales algunas claras:
- que el que hará política además de gestionar será solo él, con lo cual busca alinear a todo el radicalismo detrás de su figura y también a los aliados que lo acompañaron desde otras fuerzas políticas;
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- rompe con la tradición radical de lotear el gobierno entre los diferentes sectores del partido, sin importar las capacidades de sus miembros;
- y tampoco hace honor a la tendencia que muestra Macri a nivel nacional, sino que juega su propio juego de gestión centrado en acciones controladas por él, pequeñas y puntuales, como lo hizo en Godoy Cruz o a la luz de la demanda social, como lo hizo en el gobierno provincial;
- por cierto, no apela a un gabinete de amigos o compañeros de la escuela, al que tuvo que echar mano Francisco Pérez, que descartó de cuajo sumar a sus equipos a los muchos grupos técnicos que el peronismo siempre ha sabido cultivar.
Integra un virtual jefe de Gabinete, "superministro" o comos e le quiera llamar con Enrique Vaquié como protagonista, que pudo ser su rival en la interna partidaria, con piné como candidato a gobernador y con una agenda tan amplia de tareas que, si es que quiere continuar en política, deberá hacerlo forzadamente exhibiendo gestión y éxito en ella. A la fuerza o no, está obligando a todo su equipo a destacarse con los hechos y no con las herramientas de la viveza criolla que reinaron en el pasado: exhibición pública, simpatía, amiguismo, poder real, manejo de recursos.
Un rol similar tendrá por peso propio y por los desafíos que le esperan en una provincia fundida, Martín Kerchner.
Pero sin dudas que aparece un personaje que ha hecho del bajo perfil un culto y que se ha destacado por su mano firme en las negociaciones paritarias y su conocimiento de la ley administrativa desde la Asesoría de Gobierno: un viejo militante de la Franja Morada y abogado, Dalmiro Garay.
Cornejo, sin embargo, quiere darle un protagonismo inédito a Seguridad. Tanto, que puso en el escenario no solo al ministro, el abogado Gianni Venier, sino al director de Policías, el comisario general retirado Roberto Munives, a quien ponderó por su trabajo y formación en torno al control de armas en dependencias de la ONU, currículum que es real y que le ha valido, en los últimos meses, el repudio, la persecución y las amenazas de parte del sector más antidemocrático de la Policía a la que se le dio aire en la anarquía generada por el gobierno de Francisco Pérez en Seguridad.
No hay lugar en las primeras líneas para quien sí se le plantó en la interna por la Gobernación y quiso disputarle el cargo: su vicegobernadora, Laura Montero, que no tiene un rol menor en la tarea de reconstitución de los poderes del Estado que tiene la nueva administración y, especialmente, con una Legislatura que logró niveles inéditos de bochorno. Al decir que Montero no tiene lugar en la primera fila, es lo mismo que darse cuenta que no lo tiene Julio Cobos, quien en los últimos días se ha dedicado a rejuntar a su puñado de amigos que llevó al gobierno nacional durante su luna de miel con el kirchnerismo y desde la Vicepresidencia, para ponerlos expectantes en cargos nacionales de tercer y cuarto nivel.
Queda, en el caso del gabinete de Cornejo, la idea de que no hay mucho de nuevo, salvo lo dicho y la elección del escritor y periodista Jaime Correas para gobernar Educación, el área más difícil de la gestión y que requiere de más capacidad de acción. Además, deberá enfrentar o sumar a los muchos y tradicionales equipos radicales en la materia. O los conquista y seduce, los vence con hechos o los sufrirá.
Así y todo, con o sin sorpresas, hay un gabinete y, en este momento de la provincia, en medio de la situación política, económica y financiera que vivimos, es bastante y hasta podrá lucirse si logran comandar la provincia y no solo administrar el status quo o dejarse llevar por la inercia.