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Opinión

El Principio de Arquímedes aplicado a la política

El desánimo de los que se van porque entra una nueva cantidad de funcionarios ya está afectando la campaña electoral.
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Un fenómeno paralelo, personal e intransferible sucede a miles de personas que integran los poderes públicos en el país, que ven la posibilidad de quedarse sin trabajo y se no consiguen concentrarse en campaña electoral alguna, acosados por la imagen de abandonar el poder luego de años de disfrute.

Sucede en Mendoza, en donde el peronismo abandonará la Casa de Gobierno tras ocho años de administración, aunque aquí han conseguido un atajo dejando a algún amigo, esposa y pariente como "testaferros" de un cargo eterno en la planta del Estado, sino a sí mismos, en una muestra de que no hay límites en la impudicia con la que son capaces de ejercer su paso por la función pública. Aquí, sin embargo, los "desalojados" por el voto popular tienen la esperanza de encontrar trabajo en los múltiples organismos nacionales dentro de 38 días, fecha en que asumirá el nuevo presidente.

Pero hay una provincia en donde el estado de ánimo se fue al demonio hace una semana y cuya caída de brazos está afectando al candidato presidencial del oficialismo: Buenos Aires.

Un dato no menor es que todos tienen que abandonar un barco que parecía saludable y dirigido a buen puerto. Perdieron las elecciones en la provincia en donde hay medio millón de empleados públicos y miles de secretarías, subsecretarías, direcciones, subdirecciones y jefaturas cuyos jefes verán por primera vez en 28 años en riesgo su estabilidad laboral, algo con lo que ni soñaron en su peor pesadilla.

Pero esa conmoción afecta no sólo a los que se tienen que ir y no saben a dónde, sino a los que llegan: tienen que encontrar suficiente cantidad de gente y, atentos a sus ínfulas electorales, mejor calidad también en la gestión, ya que la sociedad castigó con fuerza al mal gobierno bonaerense de Daniel Scioli.

Aquí es donde se dan cuenta que la política -en un país en donde la alternancia parece ser mala palabra- se ve afectada, tarde o temprano, por el efecto de un fenómeno físico conocido como el Principio de Arquímedes. Este sostiene que  "un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja".

"Viene toda esta gente, se tienen que ir todos estos", traducido al lenguaje cotidiano.

De allí la parálisis que puede verse en algunos equipos de campaña que parecen tartamudear: están viendo dónde irse mientras los otros están viendo a quiénes ubicar en esos puestos. De hecho, los equipos provinciales que Daniel Scioli había nombrado como su eventual gabinete nacional, ahora están ocupadísimos en una tarea más doméstica que pasa por:

a- Recibir los pases de factura de miles de funcionarios provinciales que exigen "su" lugar en un nuevo gobierno nacional o su pase a planta permanente.

b- Corregir lo corregible y avanzar con la transferencia del poder, en tan sólo un mes y una semana, a un nuevo gobierno que no es amigo ni tienen por dónde asirlo con facilidad, el de María Eugenia Vidal.

c- Ver qué será de su propio futuro individual, habida cuenta que, tal como lo confirmó el sábado José "Pepe" Scioli en MDZ Radio, "el futuro gabinete está abierto a nuevos nombres", atentos a la necesidad imperiosa de sumar otras corrientes de votantes.

Por todo esto, este momento de la campaña electoral, a 20 días del balotaje, no es el mejor para ninguno de los dos candidatos: uno que intenta evitar la expulsión total del ejercicio del poder de su gente y de sí mismo y el otro, que tiene que ocupar miles de puestos y gestionar "de otra manera" en muchos municipios del país, de esa pequeña "muestra gratis" de la Argentina que es el territorio bonaerense y, si el desánimo del peronismo acompaña, de las estructuras anexas a la Casa Rosada.

Gabriel Conte