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Opinión

Debate: cuando la necesidad tiene cara de hereje

No se llega al debate presidencial porque se haya calculado así, sino por necesidad de los candidatos. Igual, hay que aprovecharlo.
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 Se llega al debate de este domingo más por necesidad que por convencimiento. Un Daniel Scioli que se negó a participar del primer debate, montado sobre la petulancia de liderar las encuestas, ahora necesita esta oportunidad para poder remontar un resultado en primera vuelta que no fue lo que sus asesores y todo el gobierno le cantaron al oído: apenas superó a Mauricio Macri por 3 puntos: un empate.

Hoy ambos van al debate con mucho por ganar y por perder. En definitiva, ambos candidatos llevan su "bala de plata". 

Scioli alega a su favor, nuevamente lo que dicen las encuestas, cuando sostiene que "espero convencer al 12 por ciento de indecisos". Pero lo hace luego de que le dijera a Marcelo Arce en MDZ Radio que "no hay que fiarse de ellas; usted sabe  el nivel de error grosero que han tenido las encuestadoras en las últimas elecciones, sin precedentes".

Macri preferiría no tener que ir: le va bien así como le va. ¿También confía en las encuestas? No, lo percibe. Ha logrado ordenar a su tropa para que no hable con la prensa, ya sea porque dicen cosas que podrían poner en riesgo su discurso medido y aparentemente ganador o porque los tergiversan desde el monstruoso aparato de prensa del gobierno y sus empresas y periodistas satélite.

Todos queremos pensar que el hecho de que se llegue a un debate en la Argentina es parte de un proceso de crecimiento de la joven democracia que, poco a poco, va saliendo de su adolescencia y volviéndose madura.

Pero no. Lo más seguro es que hayamos llegado a esta instancia por la necesidad de los candidatos de conquistar un punto o lo que sea para poder imponerse en medio de un escenario de fuerte polarización.

Por casualidad, necesidad o aultez democrática, el debate está a mano y hay que sacarle provecho. Si no estaba calculado que la institucionalidad diera un salto cualitativo, por lo menos se dio. Bienvenido sea.