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Opinión

"Castigo para todos"

A partir de una afirmación del senador Adolfo Bermejo en MDZ Radio, el director de MDZ pone en foco la elección del domingo.

 Fue un peronista, que también perdió en su momento pero que, como corresponde a un político bien parado, da la cara, la frase que se instala como fuertemente simbólica en el país en el que se abusó de una generalización que nunca fue real: "para todos". El senador nacional y último candidato a gobernador por el FPV de Mendoza, Adolfo Bermejo, en diálogo esta mañana con el programa "Uno nunca sabe" por MDZ Radio, dijo que lo sucedido con el peronismo en la elección del domingo fue "un castigo para todos". Bermejo no erige como ejemplo de nada, pero el solo hecho de verbalizar una autocrítica lo distingue del resto, sobre todo de la fórmula que ha gobernado en diferentes puestos en Mendoza en los últimos ocho años, con Francisco Pérez, Carlos Ciurca y sus equipos a la cabeza.

El domingo terminó con una sorpresa para un peronismo que no admite ser derrotado, que cree que el poder le es propio y que ya vomita en las redes su bronca contra el pueblo al que dice representar izando una bandera de "resistencia" a lo que viene. Confundidos por el golpe dado por la soberanía popular del voto, se dan por derrotados cuando todavía falta una segunda instancia electoral en noviembre. Por otro lado, inician una cruzada en contra de lo determinado por las urnas, soberbios, creyéndose dueños de la verdad y obviándose de la frase rectora de su mentor, Perón, que les dijo que la única que existe "es la realidad", que allí está, dolorosa o felizmente, a la vista de todos.

Con las palabras de Bermejo, tomadas como letra inicial de este análisis, vemos que empiezan a emerger voces en pugna dentro de un movimiento popular que ha protagonizado gran parte de la historia política institucional de la Argentina y mucha de la de Mendoza. Con ello, es fácil advertir que vuelven los diferentes peronismo a rodar en la pista como en un ping ball, buscando su hueco en la sociedad y eso es una puesta a prueba de toda la sociedad: si maduramos lo suficiente como para no ser encantados por ser deglutidos por algunas de sus caras, por tomar partido en sus diatribas, por ser utilizados como escalones de carne y hueso hacia la escalada a un poder que creen que es su "hábitat natural".

Un indicador de hasta qué punto nos afectará o no su bronca interna será el rol que asuma una Cristina Fernández de Kirchner que ha sabido instalarse como protagonista de nuestras vidas en forma cotidiana en los últimos años. Sabemos todo lo que piensa, adivinamos todo lo que puede decir en su próxima alocución, entendemos bien adónde quiere llegar y ya no estará más. En su lugar, lo que queda del peronismo ha parido a un híbrido como Daniel Scioli que en el primer discurso que le tocó dar solo, (posiblemente el más importante de su vida, ese con el que admitió tácitamente que no había ganado en primera vuelta y que se encaminaba hacia un balotaje) trastabilló, confundió términos y oportunidad, espantó en lugar de abrazar, quiso mostrarse combativo en el momento en que debía exhibirse como abierto y compasivo. Muchos pensaron, aun los hartos de las cadenas nacionales cristinistas, que "extrañaremos a Cristina" en caso de que Scioli se imponga.

Pero la sorpresa del peronismo no lo fue para el resto de los argentinos que venían hablando de su hartazgo del autorreferencialismo perpetuo, de la exclusión de la opinión del otro, de la desacreditación y la burla impuesta desde el Estado o bien, con los fondos del Estado desde una cadena nacional de empresas contratistas que han adquirido medios de comunicación en Mendoza y en todo el país sin control o, mejor dicho, sin que los controles hayan tenido los resortes suficientes para frenar el ímpetu propagandista.

Lo que resta será que se pueda hablar, analizar, discutir, confrontar puntos de vista sin que nadie trate a nadie de traidor, vendepatria, buitre o cualquier otra descalificación puesta de moda en los últimos años.