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Opinión

El maldito rock pollerudo

Desde la baterista de Sumo hasta nuestros días, la presencia de la mujer renovó el ambiente de la música toda y marcó en el rock un sello que ya es marca registrada.

 A temprana edad, allá por los 80s, se oía el despertar de una primavera musical en la argentina que nos liberó un poco del hipismo, acercándonos al sonido más crudo y nocturno del rock sajón, la oscuridad de The Cure; Joy División entre otros europeos se empezó a pasear por los looks de las grandes ciudades argentinas, tímidamente en un principio y pronto un eco que trajo otras tendencias. En esto aparece una banda extraña de las sierras cordobesas donde una mujer, Stephanie Nutall (percussion baby), sentada sobre la batería de Sumo transformaba en sonrisa el grito de “puta” proveniente del público.

Stephie venía a pedido del cantante Luca Prodan desde Manchester y a pesar de su breve incursión dejo claramente estampado en estas pampas que el rock era una palabra inglesa y que nada tenía que ver con el machismo o la virilidad. 

Claro que era solo el comienzo, ya que luego, si se me permite trazar un paralelo del que me hago absolutamente cargo, se vislumbra otra baterista estupenda llamada Andrea Alvarez, a la que vi haciendo percusión con Soda Stereo y que luego le movió el banquito al propio baterista de Divididos de entonces. También tocó con Charly García, Attaque 77, Los Rodríguez, e internacionalmente con Tito Puente y Celia Cruz

Cito solo a estas dos de manera arbitraria en nombre de tantas mujeres del rock y del pop que dejaron marcas en nuestro andar musical rockero.

María Gabriela Epumer fue otra mujer que me sorprendió en escena y con quien compartí ensayos. Celeste Carballo y su insuperable voz en aquel recordado River con Peter Gabriel por decir algo, Érica García, Hilda Lisarazu desde los twist y su perro de playa. Otra que no quiero dejar de nombrar es Fabiana Cantilo tal vez una de las mas rockeras.

Claudia Puyó hizo coros en Gulp!, primer trabajo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota pero ya venía de BARock y luego El amor después del amor de Fito, la gran Mercedes Sosa… Y qué decir de Patricia Sosa y La Torre.

Qué lindo cuando el Rock se pone pollerudo y nos baja abruptamente los lienzos a los tipos que creemos que el rock es macho y que lindo es ver al rock nacional con otros ojos. Qué bueno cuando las mujeres nos recuerdan y cada vez más a menudo ese camino que gestaron en un género que ya no duda en abrirles la puerta.