Última vuelta en triciclo con Rubén Laporte
¿Y ahora? ¿Quién podrá defendernos? “El Rubén”, el “padre Laporte”, aquel que se esforzó en ocupar el lugar que dejó vacante Jorge Contreras en el barrio La Gloria, murió. Era un “Chapulín Colorado” de sus vecinos. Murió. Lo hizo después de mantener a todo el mundo en vilo con el relato de su estúpido y criminal cáncer, que una vez más no supo a quién atacar y se equivocó de víctima. (No es que se lo desee a alguien más, pero hay tantos que no quieren vivir ni tienen por quién hacer algo, que justo le vino a tocar a una persona que estaba en el extremo opuesto de esa situación).
Conmociona la muerte. Sobre todo, la de personas buenas. Impone la necesidad de exorcizarla, aun siendo ateo e incrédulo (o, tal vez, por ello). Siempre viene la fuerza por decir una última palabra, no dejársela a La Parca, porque la muerte es injusta, fundamentalmente, con quienes rodean a quien muere. Pero más injusta es la enfermedad incurable, que lo condena a un verdadero (el único) Infierno: el sufrimiento propio y la esclavitud a los tratamientos, maniatado por medicamentos, imposibilitado de hacer algo por los demás.
De allí, el uso de la primera persona en esta nota.
Es que Rubén Laporte se convirtió en un personaje público, pero mucho antes, fuimos competidores en carreras de triciclo y carting, los de antes, los de hace 40 años por lo menos, en la calle Ferrari de San José, en donde compartimos la niñez y un terremoto que nos destruyó nuestras casas.
Compartimos amigos que hoy redescubro en Facebook llorándolo, 40 años después de nuestro último adiós, como las hermanas Fabiana y Viviana Dimattero, compañeras de la escuela Ponce que el terremoto del 77 dejó en el suelo.
Y compartimos los retos de “Don Cruz”, cuando niños, ya que le molestaba sobremanera que pasáramos en triciclo por su vereda. Compartimos los saqueos de una familia que siempre fue mala y que nos robaba todo: los padres, las cosas grandes, sus hijos, las cosas chicas. Mi pulsera de bautismo, por ejemplo.
Además, compartimos, al reencontrarnos tras el asesinato de su hermano Tomás, “el Tomasito”, taxista, en 2009, que él tenía cosas para decir y yo para escuchar y publicar, multiplicando su queja justiciera, su voz reclamante.
(A esta altura, me doy cuenta que la única sobreviviente de esa familia de Ferrari casi Matienzo es Lita, la madre de dos hijos mártires, y los hijos de Tomás; un gran vacío).
Nadie le dio bolilla a su cruzada contra los asesinatos al volante en el Acceso Sur, a la altura de los barrios Huarpe y La Gloria. Nadie le dio bolilla cuando dijo que había que asegurar a los taxistas, no a los taxis: que podrían encontrar a los autos robados, pero a sus conductores muertos.
Chateamos muy seguido por Facebook. En la última oportunidad, lo hicimos pensando en esto, no en la muerte, sino en nuestros recuerdos. Soñamos con que contar ese pasado a otra gente fuera divertido, pero nos imaginamos que a nadie le interesaría.
Fue una noche en que él ya estaba bastante enfermo y no podía dormir. “¿Por qué te hiciste cura!”, le recriminé entonces. Habló de su amor por la vida, dio por ganada la pelea contra el cáncer, al que casi ni mencionó. La charla:
Estimado, cómo estás. Hoy pasé por la Ferrari, vi lo que queda de las que fueron nuestras casas y me emocioné muchísimo. Cosas de viejos chotos, ¿no?
- Ha cambiado un poco, pero es “la Ferrari”, la única Ferrari que pudimos tener jajaja.
Sí, tal cual.
- De mi casa no queda nada sólo recuerdos… aunque hay cosas que no cambian.
Tu vecina de al lado está intacta, creo que era Pellegrini o algo así. Siempre que paso iembre está barriendo la vereda y ya era mayor cuando éramos niños.
- ¿Viste que hay cosas que no cambian? ¡De todo tipo! Encima, Guaymallén parece que no es precisamente de los que más progresan…
Claro, pero en la esquina, fijate, han hecho un edificio y todo, en lo de Clement. Igual, era más lindo cuando yo vivía allí. Se extraña a mucha gente. Carmen, la gallega y sus animales exóticos. ¡Hasta un cocodrilo tenía! Un “Bamby” que andaba por el comedor se quedó con mi mamadera cuando cumplí los 4 años… Y el mono “Manolo” que se le escapó y se quedó a vivir en la casa de Briggitte, dos cuadras más abajo…
- Yo tengo fijo en la memoria el árbol en la puerta de la casa de mi abuela. Tenía brotes que permitían subirte. En fin, ¿seguimos recordando? Empezamos el camino a la chotez.
Yo me acuerdo que cuando iban unos primos tuyos, medio salvajes, nos cagaban a cascotazos.
- Si, ¡vivían por allí!
Voy a pasar y les voy a romper un vidrio entonces.
- Pasa rápido por las dudas
Me alegro que estés bien, Rubén. La verdad es que hablar entre personas que vivieron esa etapa de la vida y la tienen tan fresca en la memoria, hace imposible un diálogo “serio”.
- Fijate que hace más de 35 años de todo esto que estamos hablando, ¿no?
Como 40. Yo me fui a fui a los 10 del barrio y tengo 44.
- Yo me fui a los 7 años. Bueno, con respecto a la salud, sigo con la quimio, pero bien.
¿El Tomasito era mayor que vos?
- Sí, mi hermano tenía 4 años más que yo. En diciembre habría cumplido 47.
¿Qué más te acordás del barrio Rubén? ¿Los “Frenos Ropero”? Está ahí todavía el negocio. La Sandra en la esquina que me fiaba las mandarinas, los Torres con esa casa hermosa, la más linda de la cuadra con la de los Cucuzza. Había un pendejo de mierda, lo recuerdo como “Ricky”, que me cagaba a piñas. No había caso.
- Si te los encontrás ahora y vaya a saber cómo están.
Algunos no están. Muchos.
- ¡Qué infancia! Tengo que hacer un esfuerzo para acordarme de algunos. ¡Imaginate cuando tenga Alzheimer!
Pero fijate vos que yo recuerdo más de esos 10 años que del resto de la vida. Es que mi abuela siguió viviendo allí.
- Ah, claro. Nosotros volvimos muy poco. Mirá vos, qué lindo recuerdo me has traído, pechándonos los triciclos y cártings por la vereda. ¿Vos te acrodás de Omar Costa? Compañeros de la Ponce, igual que Sandra Brahim.
La Sandra sí, perfecto, le “arreastré el ala” cuando tenía como 6 años y me rompió la cara el Fabio Slaybe porque también la pretendía. Ahora ella es una señora y su hermano un doctor, muy buena gente. Le tocabamos serenatas con guitarrita de juguete.
- Bueno, el Omar Costa, siempre andaba con el Fabio. Vivía en O´ Brien. Ahora es médico en Córdoba.
Una vez me escapé de la escuela y me fui a su casa. Mi vieja, desesperada me buscó por todos lados…
- El padre era taxista.
Bueno, la cuestión es que llegué como 2 horas tarde. ¡Me quería matar, yo tenía 7 años, imaginate! Nunca me escapé en la primaria, a mí me habrían matado de verdad. El Omar vivía cerca deMitre, ¿cierto? Por ahí vivía un tal Pericaz.
- Claro, a media cuadra.
Y la Catalina Canteros… ¡muchísimos!
- Pericaz... ¡era terrible!
¡Terrible el flaco! Mechudo, me acuerdo.
- Mi vieja me cagaba a pedos cuando me juntaba con él.
A mí también. ¿Qué será de sus vidas?
- La Canteros me pasaba a buscar todos los días por mi casa con la Fabiana Dimatteo para ir caminando hasta a escuela. A mí me daba vergüenza que entraran porque mi casa era la más fea, la más pobre, de adobe con techos de caña.
Sigo en contacto con Fabiana. Buena gente.
Muy buena gente. El asunto es que se mueren los buenos, esa es la cagada.
- ¡Espero que esa alusión a se mueren los buenos me excluyan a mí y a vos, al menos!
¡Algo malo habremos hecho, dejate de joder!
- Prefiero pedir perdón por parecer tonto o iluso.
¿En qué sentido?
En el sentido de que algo buenos somos, aunque cosas malas también he hecho. Además, porque decir estos son buenos y estos malos… hay de todo en la viña del Señor, ¡hasta uva!
Sí, es verdad. Yo iba a ser cura, te cuento. Chupaba cirios en La Merced. Mi primera poesía fue para Jesús, hasta que encontré al cura a los besos con la mujer que juntaba la plata y me desilusioné
- ¿Y por lo menos estaba linda la mujer? Jajajajaja
Feísima, eso me desilusionó, creo, por suerte. Así que ahora soy un feliz ateo, gracias a Dios.
- Lo que son las cosas. Nunca pisé una iglesia hasta los 17.
Allí la iglesia te pisó a vos, Rubén.
- Es que yo no estoy por la Iglesia institución. Estoy por Dios y por su pueblo.
¿Cómo fue que te hiciste cura?
- Te cuento. No hice la comunión, ni nada de nada. Siempre me gustó viajar y en abril de 1987, cuando vino Juan Pablo II me invitaron a ir a Baires y por viajar fui. Dicisiete australes me salió
Yo lo vi en el Predio de la Virgen. ¿Y te convenció?
- No, yo no fui al Predio de la Virgen. ¡Ni me interesaba que viniera! Como te digo, fui a Buenos Aires, por viajar no más. Llegué allá y no tenía idea de nada. Yo quería joder. En la secundaria me iba re mal. Había repetido tres veces.
Y te jodieron ellos, Rubén. ¡Terminaste cura!
- ¿Vos sabés qué me impactó? Cómo me trataban. La gente que nos hospedó en Ezpeleta, cerca de Quilmes fue brillante. Veíamos a jóvenes en la calle y te saludaban como si te conocieran de toda la vida
¿Esos no son los que se autoflagelan? ¿Los que son medio medievales?
- No, nada que ver. Era el encuentro mundial de la juventud. Y volví y empecé a laburar en una iglesia. Me puse de novio, me quería casar, terminé el secundario, laburaba en una fábrica de cal. Me gustaba mucho lo que hacíamos en la Iglesia, íbamos a rezar y acompañar la gente, de lo que ahora es el Campo Pappa.
¿Y te hizo feliz? Eso es lo único importante al final.
- Caminábamos por la villa. Era feliz. Y me hice una pregunta: ¿por qué no ser plenamente feliz? Y bueno, se acabó el noviazgo, el laburo y pedí entrar al seminario.
¡Qué fuerte!
- He sido cura choto al principio.
¿Y ahora?
- No es que se me ha ido del todo…
¿Y tu novia? ¿Se hizo monja?
- Ves muchas novelas, Gabriel. Se casó al tiempo. Pero tampoco fue como las películas. Terminamos bien, no es que terminamos y ahí nomas entre abandonándola en un mar de lágrimas. Pasó un tiempo y después entré.
Muy groso tener que remplazar al Jorge Contreras en La Gloria. Yo lo quería mucho.
- ¿Sabés cómo llegue al barrio?
Ni idea. Contame.
-Yo tampoco.
Jajaja.
- Ese año había pedido estar un poco al pedo y me fui a vivir con el Flecha.
¿Sí?
- Y es en febrero cuando Jorge se enferma y el Flecha empieza a ayudar. Yo quería y necesitaba replantearme cosas de la Iglesia, sobre todo no andaba muy bien con el obispo y con algunos curas que me perjudicaron.
¿Cómo te puede cagar un cura?
- Y, nada que merezca una nota, pero cómo yo hacía cosas que al segundo del obispo no le gustaban, me caían cada dos por tres a revisar y a llamarme la atención, me hacían actividades e invitaban a la gente de mi parroquia a ir a otro lado…
Como punteros políticos.
- … Y en la parroquia había gente que me hacía vivir en la casa de Gran Hermano, es decir, observado todo el día. Bueno, volviendo al barrio, como había que dar una mano, me ofrecí a celebrar una misa. Y al tiempo el Flecha decide irse y el obispo me dice “hacete cargo”. Acepté de buena gana.
Excelente decisión.
- Pero era una transición.
Igual, tus replanteos terminaron de modo diferente a los del Flecha, que abandonó los hábitos y hasta tuvo un hijo o una hija, creo.
- Me dijeron que después iban a arreglar todo. Algunos de mis planteos siguen. Me preocupa más que el celibato la lejanía que tenemos de la gente. Nos creemos los dueños de la verdad. Esto me ha llevado hoy día a estar medio sólo. Pero la gente siempre está eso me hace feliz.
¿Y con el nuevo obispo?
- Mirá Gabriel, los obispos van y vienen. Aprendí a defenderme, a quejarme y a pedir perdón.
Pero el anterior era callado. Éste habla y baja línea.
- La verdad, no me importa el obispo. ¿Quién me saca del barrio? Nadie quiere ir. Y si me sacan, seguiré siendo cura. Aunque esté en la casa de mi vieja.
Son gente rara los curas... a mí me bautizó el dueño de The Sportsman.
- Jajajaja. ¿Vos decís por cómo vestía? ¿O por qué?
No, era el dueño, uno de los hermanos propietarios de la empresa, el de Loreto. ¿Y además de estar en La Gloria, qué has hecho?
- Hace más de 4 años que celebro misa en el Parque de Descanso y en el Parque Jardín Mendoza.
Qué triste, que feo.
- Pero es muy importante para esas familias. A nivel muy personal, me mantengo económicamente y ayudo a mi vieja con mis sobrinos. Es feo, pero estar con la gente sea como sea lo llevo en el alma. A veces no digo una palabra: solo estoy.
Hay cosas de mi vida que te perdiste, Rubén, como cuando se me murió un hijo y decidieron hacerle una misa en el Parque de Desacanso. Ateo y todo, yo acepté. Les hizo bien a los demás.
- He estado en homicidios, suicidios, enfermedades, niños, adultos. Sólo sé la frase que me dijo mi vieja cuando enterramos a mi hermano, los niños y su imaginación y sencillez nos sorprenden.
Bueno, no nos “bajoniemos” Rubén.
- Cuando me bajoneo, pienso en mi hermano y me pregunto ¿qué me diría si me viera bajoneado? Diría: “Dejate de joder y seguí viviendo. No te enterrés conmigo, no te mueras antes de tiempo, ya te va a llegar. Ahroa estás vivo”. A veces me ayuda más a veces menos, pero la peleamos.
¡Amén! Mirá qué cierre para la charla estimado. ¡A ver si nos juntamos a seguir corriendo en triciclo en la Ferrari!
- Así sea, Gaby. Así sea.