ver más

Opinión

Las clases divertidas que sugiere Vollmer

No es la primera vez que el fracaso de la educación de la provincia se achaca a los docentes.

Hace unos días la Directora General de Escuelas pidió a los docentes de Mendoza que por favor hicieran sus clases más divertidas como herramienta para lograr atrapar a los chicos mendocinos y, de esa manera, aumentar la permanencia y retención de los mismos en los establecimientos educativos. Lo dijo como si fuera tan sencillo y como si fuera la solución de algo.

No es la primera vez que el fracaso de la educación de la provincia se achaca a los docentes; ya es un lugar común. Es común escuchar en los pasillos y en los despachos del máximo órgano de administración escolar provincial que las transformaciones y medidas que implementa la DGE no tienen efecto porque no se convierten en verdaderas transformaciones en las aulas. Todavía, según ellos, se enseña en la educación media con un sentido fragmentario enciclopedista y positivista. Tal vez eso quiso decir la Prof. de Vollmer, pero lo hizo de manera casi temeraria, con un toque de provocación algo irritante.

Porque la gran excusa de todas las gestiones escolares provinciales siempre fue el docente, como si fuera una “variable de ajuste” del sistema. Es de presumir que dado lo anterior, casi 50.000 docentes de la provincia no sirven, y no tienen las herramientas pedagógicas necesarias para hacer que las políticas implementadas por la gestión educativa tengan éxito ¿No deberíamos pensar que quizá sea que no existen las herramientas que logren que las medidas tomadas no sean exitosas?

Siempre se menosprecia al docente como carente de saberes metodológicos y pedagógicos que hagan que la educación de la provincia sea eficiente. Obviamente es necesario recordar que los docentes surgen de las unidades académicas de la Universidad Nacional de Cuyo (institución que suele ser bastante critica de la educación pública mendocina) y de los institutos de formación docente que dependen de la misma DGE, ¡O sea que se queja de que no se logra el éxito por la falta de formación docente que ellos mismos generan!

Es obvio que los docentes no son comediantes que deben enfrentar una audiencia y “divertirlos”; la tarea podría ser, en todo caso, hacer que lo enseñado resulta interesante, estimulante, que impulse a profundizar los conocimientos y desarrollar las propias aptitudes. No es con “diversión” que educaremos a los alumnos, ya que de esto ellos tienen de sobra gracias a la tecnología actual y a los medios audiovisuales que ofrecen todo tipo de contenidos. Ni se trata de competir con ellos, como podría deducirse buscando un “entrelíneas” a las declaraciones de la Directora General de Escuelas. Simplemente, los docentes deben hacer otra cosa: enseñar de la mejor manera posible, con las herramientas más idóneas.

Nosotros queremos llevarle tranquilidad al pueblo de la provincia y en particular a todos los docentes. Estamos plenamente seguros que sus docentes poseen las herramientas pedagógicas y de integración de los saberes en mayor medida que cualquiera de los docentes del país… pues han logrado sobrellevar el sistema ante las erráticas y a veces improvisados manejos de las gestiones educativas provinciales de los últimos tiempos… Si las instituciones educativas siguen luchando por enseñar y lograr capacidades en sus alumnos es gracias a sus docentes que han defendido a capa y espada el derecho de enseñar y aprender en valores a pesar de los dirigentes educativos aún de los que se arrogan la representación de los mismos pero pocas veces muestran la idoneidad para merecerlo. La tarea de impartir conocimientos socialmente edificantes es demasiado seria como para pretender que sea “divertida”, si bien es indispensable que no sea “aburrida” para que el esfuerzo que demanda incorporar saberes sea productivo y no se perciba como un sacrificio. Pero con tan poco acompañamiento institucional, se hace difícil, aunque sabemos de la entereza del docente mendocino y de su pasión por la educación. Eso es lo que sostiene el sistema, y no los funcionarios que no asumen sus propios yerros. 

Roberto Pérez