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Opinión

La peligrosa naturaleza de los artistas

Sobre la exclusión de las materias Artes plásticas y Filosofía reflexiona este docente.

El artista es un individuo anárquico que no conviene a los intereses de la comunidad. Son por su naturaleza disoluta incapaces de insertarse en el engranaje social que los reclama.

Un pueblo que subsidia la cultura -hacedores de aritos, maquilladoras que se dicen plásticas, saltimbanquis que fingen ser actores o poetas- en realidad subsidia la desidia, la indigencia y a mediano plazo, la delincuencia. Si hojeamos la historia podemos constatar claramente que de entre los millones de facinerosos que se han autodenominado artistas, apenas una media docena ha sido reconocida como tal por las autoridades académicas o el paso firme de los siglos. Los ganapanes que hoy y siempre se arrogan el derecho de presionar a nuestros gobiernos, so pretexto de que el Estado está obligado a sentarlos en las gradas de nuestro anfiteatro social, no son artistas, son parásitos que los países más desarrollados hace tiempo eliminaron de sus calles. ¿Alguien conoce un pintor sueco, un bailarín noruego, una plástica danesa? Esas repúblicas modélicas entendieron desde el principio que debían apostar todo al trabajo, la educación, la custodia de la ley. Un Estado que se deja engatusar por los llamados “artistas”, que permite que estos participen de la edificación social, pone en peligro la salud de sus estructuras, infecta con la duda parida por el ocio la médula de su cuerpo.

Debemos reconocer que esos otros enemigos naturales que tuvimos en el s.XX no estaban tan equivocados al perseguirlos hasta la extinción en el Gulag. Ellos entendieron antes que muchos de este lado del muro que un Estado se fortalece con el trabajo y no con el juego intelectual; que las paredes de nuestros barrios vendrán de la mano de otras manos ásperas y no de las piruetas de los mimos y volatineros de las plazas, que la salud de la gente se atiende con médicos y remedios de alta calidad y no con bailes de disfraces o poemitas de amor; los cuadros son necesarios para adornar las casas, aunque la mayoría no facilite la digestión.

Señores: la única cultura que debemos defender, cuando hablamos de cultura, es la cultura del trabajo de los otros. Necesitamos brazos que trabajen la tierra, hombres y mujeres sanos de mente que continúen la tradición de quienes dieron todo por esta provincia para llevarla al sitial que hoy ocupa en el mercado del mundo. No necesitamos que nadie nos cante, que escriba, que baile, que pinte, que mienta multiplicando la realidad franca del espejo que nos muestra desnudos cada mañana.



Dionisio Salas Astorga

Docente de lengua y literatura, ha publicado entre otros: Como en las películas; Últimas oraciones y Crónicas Cínicas. Dirige el sello LunaRoja.