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Opinión

Crónica peronista

El joven poeta peronista nos ofrece una crónica del día de la militancia el pasado lunes 17 de noviembre.

Treinta grados de calor, la inflación que no para, Perón correteando las colegialas (un tanto mítica la persecución pero no olvidemos que los mitos se basan en algo real), Vandor, la masacre de Ezeiza, la triple A, Firmenich, López Rega, Isabel, Herminio quemando el cajón, el “Carlos” regalando medio país y sacándose fotos con Madonna y Mick Jagger. Todo ser pensante de la Argentina que no profesa esa casi religión en la que se ha convertido el peronismo se preguntará qué festejan el 17 de noviembre de cada año los militantes peronistas. Estos mismos podrían contestar: los derechos adquiridos, el voto femenino, los años felices del primer peronismo, la proscripción, el Pulqui, ahora el satélite Arsat, la A.U.H., las políticas de Derechos humanos, la ley de matrimonio igualitario, etc. y de esta manera podría jugar al truco con la otra fuerza política de origen popular que tiene la Argentina que es el radicalismo. Y terminar como niños mostrando quien tiene el juguete más valioso.

La siguiente crónica intentará reflejar lo sucedido el día 17 de noviembre entre las 16 hs. y las 23 hs. en la provincia de Mendoza en conmemoración del 42 aniversario del regreso de Perón a la Argentina.

Llamé a un dirigente de una agrupación peronista de Guaymallén para ir con ellos hacia el acto donde se festejaría el “Día de la lealtad peronista”. Su respuesta fue: a las cuatro de la tarde en el local nuestro.

Salimos a horario, en cinco micros y tres trafic, unas 500 personas más o menos, pocos niños, nada de viandas, ni choris, ni planes, sólo agua mineral casi tibia y militantes. Mientras íbamos en viaje, todos enfundados en remeras negras con la leyenda “Viva Perón Carajo” pregunté por los famosos punteros, que tanto asustan a la clase media, la respuesta fue: acá se milita y se está en el puesto que se tiene que estar de acuerdo a la circunstancia. Nadie cantó la marcha durante el traslado a San Martín, solo chistes futboleros, escatológicos y comentarios acerca de la reunión que había tenido el radicalismo ese mismo día en Buenos Aires.

Los micros paraban, todos, a apenas dos cuadras del Estadio. Y allí comenzaba la lealtad: a la ideología en primer lugar, a los dirigentes en segundo lugar y a los candidatos en tercer lugar. Casi un calco de la famosa frase de Perón “Primero la patria, después el movimiento y por último los hombres”. Desfilaron, porque era un desfile de agrupaciones, con sus banderas y pancartas todos los integrantes del F.P.V. La Cámpora, Viñateros, la Ola Naranja, los cascos de Tanus, Militancia Social, la Bicentenario, la Discépolo, Victoria Peronista, la Banda de los Pelados, M.U.P, Movimiento Evita, Juventud Peronista de las Heras, la Chapanay, y representantes de todos los municipios de la provincia y algunos sindicatos. Y como dice el lema iban “todos unidos y organizados”, no hubo ningún desbande, ni corrida, ni peleas. No en vano han pasado 42 años de la masacre de Ezeiza. De todas las agrupaciones las que más se destacaron por su número y efervescencia fueron las provenientes de las Heras, Guaymallén (con banda musical incluida) y la, demonizada Cámpora. Y como decía el General “acá nadie saca los pies del plato”.

A cien metros de la puerta de Estadio se encontraban no solo los militantes sino también los puestos de choris, que solo se regalaban si le dabas 25 pesos al vendedor y también te regalaba la gaseosa de litro si le dabas 30 pesos. Lo militancia rentada existe por supuesto y los militantes también.

El acto comenzó cuando el estadio era una caldera. Estaba repleto de adentro y afuera. Si hubo 10.000 personas eran 5000 para cada lado. Los discursos fueron parejos, algunos mejores que otros pero todos coincidieron en una cosa, la única conductora es la presidenta, el único proyecto político, dentro del justicialismo, es el impulsado por el Kirchnerismo y si el o los nuevos candidatos tendrán que pasar por las internas.

Los bombos nunca dejaron de sonar, las banderas estuvieron arriba todo el tiempo y solo eran bajadas cuando el locutor lo pedía, pero al minuto volvía a estar por encima de las cabezas. Como algo simbólico. Como si durante estos últimos diez años de peronismo las ideologías han vueltos a estar en su lugar. El peronismo tuvo su momento de gloria también cuando bajó las banderas y entrego el país en nombre del neoliberalismo, pero en el acto nadie parecía acordarse de eso, algunos (de los que estaban arriba del escenario por conveniencia) y otros, sobre todo, entre los que estaban abajo por convicción de que otro país es posible.

Julio Coronado