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Opinión

Un Capriles argentino

El muchacho de Tigre tiene el perfil: es joven (41 años) y gestiona un distrito que es modelo en la tecnología de control social a través de las cámaras de video.

Cada país tiene a su Capriles o al menos intenta construirlo. Una parte de la sociedad lo necesita como el agua y el aire. Lo tiene Venezuela, a Correa en Ecuador le apareció uno, y aquí, en los pagos, varios se disputan esa identidad. Por ahora el que corre con ventaja para recibirse de Capriles es el joven Massa. Es el que mejor está haciendo los deberes para que Clarín, La Nación y la mayoría de los medios lo bendigan e impulsen a la carrera presidencial en 2015.

El muchacho de Tigre tiene el perfil: es joven (41 años) y gestiona un distrito que es modelo en la tecnología de control social a través de las cámaras de video para detectar delitos de los pobres. Ha creado una ciudad de countries que conforma el 60% de la superficie de Tigre donde vive el 20% de la población. A ello se le suman: un discurso tecnicista liberal que pone por delante a la gestión sobre las ideologías, tiene el beneplácito del pensamiento espontáneo de gran parte de la gente y es muy bien visto por otros sectores y referentes políticos por haberse despegado del kirchnerismo que lo parió.

De cuna liberal supo hacerse un lugar en la gestión de Néstor Kirchner en el Anses y de ahí saltar a la palestra. Es el futuro Capriles de la Argentina y, para ser más condescendiente con el poder real, ya salió a cuestionar varias políticas de las que él aprobó cuando era kirchnerista.

La nueva derecha reaparece con otro rostro que despierta la envidia de radicales y demás opositores. Los que siempre se acostumbraron a poner presidentes y a voltearlos lo ven como el imán que puede unir a un arco opositor al gobierno nacional que va del peronismo clásico, los sindicatos antikirchneristas, el PRO, a intendentes del conurbano que juegan para donde va el viento, a varios periodistas formadores de opinión y, por supuesto, conseguir el giño del gobierno norteamericano.

Todo ello no lo podría realizar ni un Sanz ni Cobos y menos Binner. Massa come votos hacia dentro del PJ y hacia afuera, intentando representar políticamente a los caceroleros de las marchas del 2012 y 2013. Encima el tipo toma partido solo por los ítems que largan como prioritarios las encuestas: inseguridad, inflación y consenso.

Pero no se mete con la política de derechos humanos, la ley de medios, las políticas sociales inclusivas del gobierno nacional. Por ahora la construcción política pasa por unir al odio social, político y mediático. Si gana las legislativas, el trampolín para ocupar la Casa Rosada estará armado.