Matar a Cristina
Se la tienen jurada y van por su muerte. Ya no se trata de matar al proyecto de gobierno y al de la gente. Hay que tumbarla a como dé lugar. El blanco es ella, su cuerpo, vestido de negro. El arsenal mediático fabrica a destajo las armas de lunes a lunes sin descanso. A Cristina la quieren enferma y muerta. Una muerte lenta para al fin festejar por las calles con pintadas, como cuando murió Evita.
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Salvando las distancias, Cristina, la presidenta de todos los argentinos, ha jodido demasiado. Ella crispa como la Eva y no se amilana. Tiene coraje y sabe que retroceder para ceder ante los intereses de los poderosos nacionales e internacionales es una derrota popular. La corrupción es la consigna.
El discurso que aviva la llama de la discordia social es calificar al gobierno de corrupto. Nada para rescatar. Miserables opositores que saben de qué se trata la corrupción cuando estuvieron en el gobierno. Pero con la diferencia de que a la población no le llegaba ningún beneficio. Insuperables. La estrategia hasta las elecciones es inundar de mierda el cielo para que manche.
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Hacer la crítica es un procedimiento que deben ejercer los que creen que hay que ir más allá de los logros y profundizar. En este bendito y maldito país, vivir sólo cuesta vida. No hay lugar para los infelices, los pobres, los laburantes. La historia de la Argentina es la historia de intereses a medida de las necesidades dominantes. La oligarquía, la burguesía trasnacionalizada y los medios concentrados de comunicación. El latifundio. El que intenta lo contrario es nominado para el cadalso.
No hubo gobierno que hiciera tanto en los últimos 30 años de democracia. La cuestión es de clase e ideológica. Se han beneficiado los que tienen una historia de privilegios y a pesar de ello piden la muerte. La clase media es la peor clase. Desagradecida y poco solidaria. Sin embargo, hay que convencerla con el consumo que la desvela.
Es la clase que si puede consumir vota callada. Amantes de lo antinacional, necesitan tener un ahorro en dólares. Sueñan con tener propiedades. La casa, el departamento en el centro, un terreno para los fines de semana, dos autos, tecnología. Ese es el proyecto histórico de la clase media que ahora se olvidó del 2001.
Habría que vacunarla para inyectar dosis de memoria colectiva en los centros de salud. Y los oportunistas políticos de adentro y de afuera lo saben y especulan ahora. Sin embargo, todavía hay quienes creemos que los gobiernos con voluntad política no se van al mazo. Que la pelea se da en las buenas y en las malas. Que se doblan y no se quiebran.
Es la hora del vedetismo de la oposición hambrienta, por izquierda y por derecha. Ya gobernó el odio en tiempos de dictaduras. Ya gobernó el odio en tiempos democráticos. Pero no detendrán jamás la primavera.
La sed del mal está instalada. Ya se conocen bien los bufones. Desgaste, desgaste. Un sol no hace un verano.

