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Opinión

Malparidos: fantasía de la libertad democrática

Los balances lo hacen los que tienen cultura democrática y pueden mirar hacia atrás.
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Votar. Elegir a medias y decidir a medias. La fantasía de la libertad democrática mediante el voto una vez más. Poca bola, bastante apatía. Igual esto es mejor. Pero no es la vida plena. Falta, ausencia, caminos falsos, horas gastadas y horas invertidas. Pero también horas que pasan sin más. Spots publicitarios donde los tipos hacían de otros tipos. Porque no son como en los spots, son otros los monos. Y la gente lo sabe pero de eso morfamos todos, de sellar un pacto imaginario con tipos que hacen de otros tipos y que gobiernan.

La gente calma. Domingo de sol en un día peronista sin aspavientos. Niños en las plazas, madres solteras, separadas, por separarse. Los tipos, nada. Esperando que pase el tren que no va hacia ninguna parte y no salió de ninguna parte. Abulia de un día que cada uno sabe qué significó. Los balances lo hacen los que tienen cultura democrática y pueden mirar hacia atrás y verse en un documental borroso su trayectoria social, educativa, cultural, afectiva y espiritual.

Los demás, la mayoría, van por el día a día sin conciencia. Comebuzones para cada elección. El emprendedor individual, la profesional que se hizo a sí misma sin necesitar de un contexto favorable. El orgullo de no deberles a los políticos de turno. La profesional apolítica y terca orgullosa de terquedad: “¡así soy yo, sola, no le debo nada a nadie!”. Se cogen a quien quieren y lo dejan. La profesional ha logrado autorealizarse sin necesitar de los mandatos del Estado. Por eso es una opositora serial.

Sueños de noches en fuga. Amores perdidos y por perder. Sueños de países perdidos y por perder. Vivir durmiendo para no recordar fechas, calles, noches de luna llena, partos, bienvenidas y despedidas. Se va todo lo lindo de este mundo a una velocidad incomprensible. Mientras,  estamos aquí y no hay nadie más que vos y yo. No  hay clima fijo ni estaciones. Podés acostarte en invierno y despertar en verano.

El mundo ha cambiado demasiado rápido para digerir los procesos y por ello terminamos por digerirnos a nosotros mismos. Excesiva información para no saber hacer nada con las manos. Las cabezas explotan en las urnas de cansancio. De aburrimiento. Votar está bueno, pero algo falta para sentir intensidad. Tal vez un batacazo, un enamoramiento social que le dé sentido al día a día. No es la náusea sartreana pero…

El que ganó no ganó y el que perdió no perdió. Hay tipos con ideas de izquierda y con vidas y prácticas de derecha. Y su reverso. Eso somos. Todos. No hay puros e impuros. La vida está llena de malparidos. Yo y vos somos malparidos por naturaleza social y cultural. Hemos venido al mundo a reventarlo, a destrozarlo, a aniquilarlo y consumirlo. El mundo y la vida son dos abstracciones consumibles. No otra cosa. En fin, no existen. Como el amor, que “es” cuando se muere.