Opinión
Los "mala leche"
La utopía, lo posible y la mala leche. No agrego una calificación más porque creo que en estas tres se resumen las actitudes y/o posiciones que dividen hoy al país. Va de suyo que es (mi) posición para ordenar un rompecabezas político ideológico en el planeta Argentina. Y aquí me planto. Y puedo estar equivocado o mear fuera del tarro, entre otras pifiadas que suelo cometer según mis balances u opiniones de colegas.
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No obstante, se me ocurre que muchos sectores sociales y políticos del país entran en estas calificaciones. Fiel a mi escepticismo biológico, no creo que reine la utopía como espíritu dominante en las conciencias de la sociedad. Para nada. En general, creo que los polos que se delinean desde hace al menos 10 años son los últimos dos mencionados: “lo posible” y “la mala leche”.
Creo que en torno a la ejecución de la política oficial nacional hay una buena cantidad de sectores que, aun siendo minoritarios en torno a la balanza electoral, apuestan a la utopía. Es decir, que incluso bancando ciertas medidas políticas y culturales inéditas desde por lo menos hace 30 años, no dejan de propugnar la utopía por sobre lo posible.
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La utopía, veamos, es ese nimbo espiritual que siempre se proyecta a un determinado orden de cosas que distan siempre de lo real y que, lejos de aggiornarse a cualquier pragmatismo, pide más, intenta profundizar lo hecho, quiere, en definitiva, “forzar” lo posible. Por ahí anda cierta izquierda que apoya al gobierno de Cristina; banca y critica sin sacar los pies del plató.
Algunos se cansaron y redujeron su porcentaje de fidelidad y se abrieron; otros, por exigir más utopía, se olvidaron de lo posible y utopizaron (no sé si existe el verbo pero me cae bien) a tal punto su pensamiento que, al final imaginan el todo o nada ya mismo, o mañana a la mañana para ser más flexible. Pero no creo que sean estas actitudes susceptibles de caracterizar de “mala leche”. Ejemplos son Pino Solanas (un extrañísimo Pino Solanas) y su proyecto Sur, como también la agrupación Libres del Sur, ex 100% kirchneristas como rezaban sus pintadas.
Pero también existe un Martín Sabatella, quien lejos de apartarse de la crítica, nunca se olvida de quienes están enfrente actuando desde “la mala leche”. Digo entonces: es cuestión de ubicarse. El mismo Miguel Bonasso es otro quien podría entrar en este delgado estero entre la utopía y lo posible. Pero nunca acusaría a Bonasso de mala leche. Tampoco a Osvaldo Bayer. En fin, sectores que hacen el esfuerzo intelectual. Critican la gestión de gobierno sin dar de comer a los buitres.
Y la mala leche se les nota a los pura sangre. Y están claramente en la oposición política y los medios hegemónicos de comunicación, enfurecidos, proponiendo la debacle y el mal clima, aunque el sol pose 20 horas a 28 grados en pleno invierno. Mala leche, mala onda, malos bichos. Carroña. Mala leche y carroña.
Por eso creo que, en gran medida, el pasado gobierno de Néstor Kirchner y el actual de Cristina Fernández lentamente dejaron la utopía para ejercer lo posible. Y a lo posible no le pido utopía sin más, y a la utopía no la trasformo en mala leche al ras. Al contrario, tal vez la utopía por estos días pase por erradicar la mala leche. Por eso digo: es cuestión de ubicarse.
Ah. Massa. Ese no entra en las clasificaciones. Los traicas caminan por las avenidas y nunca por las veredas. Un Cobos con 41 años…