Opinión
Cambió la suerte en el puticlub
Lo sagrado y lo profano. El Indio Solari viene a Mendocita y los funcionarios padecen diarrea. Paco se la juega y le puede costar caro si hay quilombos. Cornejo mide, como Nicolino, el rating de su postura ante la multitud esperanzada. Boludeces de la tribu local. Baratijas que valen mucho para algunos. La vida es una sola y se estruja o se le teme. Todos vamos a morir. Maldita especie humana tira humo. El miedo es el medio y los medios metieron el miedo, justo en una población que tiembla, que sabe lo que es un terremoto, que ya no lo siente porque lo tiene incorporado en su ADN. Tener miedo es nuestra condición.
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No viene Francisco I, viene el Indio y todas sus huestes, ejército andrajoso del rock del anonimato. El rock más animal con lenguaje de señas. Una misa de 100 lucas no la hace ni la Iglesia. Juan Pablo II vino gratis a Mendoza hace ya mucho tiempo y discos no hay, solo algunas postales periodísticas con la misma música de fondo quedan en los archivos incestuosos de la memoria selectiva y darwiniana. El que quiera una misa que la pague. Basta de subsidiar al clero.
El paganismo del rock nacional mete miedo frente a las "manchas de rolando" tan cuidaditas por dermatólogos. ¿La oposición política traería a Axel o a ONE Direction? Lo profano del rock emerge ante tanta papamanía. Se dividen una vez más las aguas en la Argentina y por suerte en Mendoza. En el momento exacto, aguas divididas en pleno lago seco del parque San Martín. Ahí hay que nadar para que el rock no muera, en el vacío.
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Octubre en Setiembre. Música para pastillas. “Motor psico” les dice: "Siempre tengo a mi lado un dios/ así me das más". Una provocación al monoteísmo oficial e institucionalizado. En estos tristes trópicos se espera al Gran Cacique con sus plegarias crípticas plenas de vitalidad subterránea. Cuando pase el temblor veremos quienes quedan en pie de guerra. La vida como una guerra, el rock como epifanía de varias de-generaciones. Hay brujas, no se puede extinguir tan fácil una cosmovisión del mundo. La aldea se moja y se quema.
Vamos las bandas, bajen del cielo. No se trata de Hernán Cortés. Es uno de los nuestros que trae la cabeza del Chacho Peñaloza para exhibirla como mito y testimonio de que aquí hubo resistencias en la hondura de las puebladas. Lo profano arre-mete miedo.
Salú. Cambió la suerte en el puticlub...

