Crítica al "multiculturalismo"
Uno de los temas de interés actual en las ciencias sociales es el fenómeno de las migraciones, en su dimensión cultural y étnica. Se hace difícil reconocer en forma pura a los habitantes originales de grandes ciudades como Nueva York, Madrid, París, Ámsterdam, Londres, entre otras.
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Si bien el fenómeno migratorio tiene profundas raíces históricas en la constitución de las naciones modernas, resulta significativo, fundamentalmente con la implantación hegemónica del modelo capitalista globalizador en todo el mundo a partir de la década del noventa, identificar la “convivencia” de múltiples culturas de diverso origen en una misma ciudad.
En apariencia se presenta desde el discurso dominante de los países, a este mosaico cultural, como la “expresión de la riqueza cultural de las diferencias”, la evolución de la democracia y las posibilidades de “reconocimiento” e integración del otro (extranjero) que permite el capitalismo actual. El poder de atracción que ejercen las grandes ciudades de países capitalistas desarrollados genera una fantasía de inclusión social y cultural que se manifiesta en el sostenido fluir migratorio de países del tercer mundo hacia estas ciudadelas de la prosperidad.
A este fenómeno se lo denomina actualmente “multiculturalismo” y expresa la problemática de las identidades culturales desterritorializadas de su lugar de origen.
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Desde planteos liberales, se reconoce a esta situación como un problema a resolver desde una teoría de los derechos culturales y del reconocimiento de “ciudadanías culturales” (Kimcklica, 1997). Esta postura apunta a generar, desde el Estado, un espacio de reconocimiento inclusivo y formalista de las etnias y culturas que conviven en grandes urbes, una especie de "ciudadanización" de los diferentes y extraños.
Desde una perspectiva crítica, el planteo del sociólogo esloveno Slavoj Zizek, ubica a la problemática del multiculturalismo en la “lógica cultural del capitalismo tardío”. El autor sostiene: “Ahora que dejamos atrás –de acuerdo con la ideología oficial– las pasiones políticas ‘inmaduras’ (el régimen de lo político, es decir, la lucha de clases y otros antagonismos pasados de moda) para dar paso a un universo pos ideológico pragmático maduro, de administración racional y consensos negociados, a un universo libre de impulsos utópicos en el que la administración desapasionada de los asuntos sociales va de la mano de un hedonismo estetizante (el pluralismo de las ‘formas de vida’), en ese preciso momento, lo político forcluido está celebrando su retorno triunfal en la forma más arcaica: bajo la forma del odio racista, puro, incólume hacia el Otro, lo cual hace que la actitud tolerante racional sea absolutamente impotente. En este sentido preciso, el racismo posmoderno contemporáneo es el síntoma del capitalismo tardío multiculturalista, y echa luz sobre la contradicción propia del proyecto ideológico liberal-democrático” (Zizek: 1998).
Zizek reflexiona sobre las sutiles formas de racismo ideológico que aparecen en el mapa cultural actual, como contraparte de la expansión capitalista en el mundo. La característica sobresaliente del capitalismo actual es que éste produce una especie de “autocolonización” del capital sobre el mismo país colonizador. No habría metrópolis y países colonizados, sino más bien la empresa global, al romper su relación con la nación de origen, trata a su propio país como territorio que debe ser colonizado. En este sentido sostiene: “Hoy, el capitalismo global –después del capitalismo nacional y de su fase colonialista/internacionalista– entraña nuevamente una especie de ‘negación de la negación’. En un principio, desde luego ideal, el capitalismo se circunscribe a los confines del Estado-Nación y se ve acompañado del comercio internacional (el intercambio entre Estados-Nación soberanos); luego sigue la relación de colonización, en el cual el país colonizador subordina y explota (económico, política y culturalmente) al país colonizado. Como culminación de este proceso, se presenta la paradoja de la colonización en la cual sólo hay colonias, no hay países colonizadores: el poder colonizador no proviene más del Estado-Nación, sino que surge directamente de las empresas globales” (Zizek: 1998).
Por ello, Zizek afirma que el multiculturalismo sería la “expresión ideal del capitalismo multinacional”, donde desde el vacío de una posición global, se trata a cada cultura como el colonizador trata a su pueblo colonizado: como nativos, los cuales deben ser respetados y estudiados. Entonces, “de la misma forma que en el capitalismo global existe la paradoja de la colonización sin la metrópolis colonizante de tipo Estado-Nación, en el multiculturalismo existe una distancia eurocentrista condescendiente y/o respetuosa para con las culturales locales, sin echar raíces en ninguna cultura en particular. En otras palabras, el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial, un “racismo con distancia”: “respeta” la identidad del otro, concibiendo a este como una comunidad auténtica cerrada, hacia la cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada” (Zizek: 1998).
La conclusión a la que llega Zizek es que el fenómeno de la multiculturalidad es el modo en que se manifiesta, de manera hegemónica, la presencia masiva del capitalismo mundial como sistema universal. El multiculturalismo sería la expresión de la homogeneización sin precedentes que generó el capitalismo en el mundo contemporáneo.

