Opinión
Brasil: cuando la trama no soporta el peso
El vecino país ante la encrucijada de expandir su poderío global o profundizar un modelo de inclusión que revierta las necesidades estructurales de su pueblo fragmentado. ¿Contagio en Argentina?
Lic. Alberto C. Molina
Señalar a la República Federativa del Brasil como una de las nuevas potencias emergentes mundiales -junto con Rusia, India, China y Sudafrica- no es nada novedoso. Menos aún destacar su rol fundamental en el Cono Sur y en la formación de los bloques como MERCOSUR, UNASUR y CELAC.
Lo que si es una incógnita, es saber cómo ésta nación ira atravesando el proceso de posicionamiento global, en el marco de sus propios desafíos internos.
Las protestas llevadas a cabo éstas semanas por el aumento del boleto en el transporte público no son nuevas. En Porto Alegre comenzaron ya en marzo de éste año, continuando en ciudades como Navidad, Salvador, Río, Goiânia, São Paulo, Noterói, Brasilia, Belén, Minas Gherais, Belo Horizonte, Maceio, Curitiba, Aracajú . El 17 de junio se construyó una manifestación simultánea en doce estados con más de doscientos cuarenta mil ciudadanos en las calles. Y el 20 de junio más de un millón de ciudadanos avanzaron sobre las calles de casi 80 ciudades brasileñas.
Las movilizaciones ha sido mayoritariamente pacíficas y los excesos fueron estrictamente puntuales y localizados. Pero la respuesta de las fuerzas de seguridad fue de inucitada violencia en muchos Estados.
Ya el reclamo se ha complejizado, desentrañando una queja histórica de los sectores críticos de Brasil: la segregación social aún culturalmente vigente, la corrupción gubernamental, los excesivos gastos estatales ante la Copa Mundial, la carencia de nuevos canales de representación política. Además se critica la Propuesta de enmienda constitucional 37 (PEC 37) que saca del Ministerio Público el derecho de acusar a personas por crímenes y realizar investigaciones, dando este poder a la fuerza policial civil y militar, lo que puede agravar mucho la corrupción y el control social.
Aunque con un sector gubernamental lento para responder a ésta situación, la presidenta Dilma Rousseff ha recogido el guante "La calle debe ser escuchada". Y ya se visualizan cambios en el gabinete federal y el llamado a una reforma constitucional.
Los sectores movilizados perciben que los mega eventos internacionales –Copa Confederación, Mundial de Fútbol, Olimpiadas- responden a la necesidad geopolítica de Itamaratí y a los intereses de la burguesía paulista. Pero están muy lejos de las necesidades cotidianas de los sectores populares. Éstos hasta hoy sólo visualizan mayores controles a la libertad de los ciudadanos, una económica con un leve sesgo inflacionario y una desaceleración en las políticas de inclusión social.
Los esfuerzo de las gestiones Lula y Rousseff para revertir los índices sociales negativos heredados son emblemáticos para la región y el mundo. Programas como Bolsa Familia, Brasil Cariñoso, Proyecto Alvorada, son ejemplo de ello.
Sin embargo aún las grandes diferencias no están desarraigadas. Hay un tejido social aún frágil que se ve resentido ante las acciones "sub imperiales" del establishment brasileño que deriva grandes partes del presupuesto publico en su juego estratégico global, sin aun remediar las situaciones sociales estructurales.
El intelectual Boaventura de Sousa Santos registra un notable aceleramiento de las pretensiones globales de Brasil en iniciativas como la conferencia de la ONU sobre medioambiente, Río+20 (2012), el campeonato mundial de fútbol en 2014, los Juegos Olímpicos en 2016, la lucha por un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la nominación de José Graziano da Silva para director general de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2012, y la de Roberto Azevedo para director general de la Organización Mundial de Comercio, en 2013.
Pero no ha sido coherente dicho avance con la perdida de iniciativa en políticas de inclusión social, la política agresiva de explotación de los recursos naturales; el impulso de la gran agroindustria, sobre todo para la producción de soja, agrocombustibles y ganado, que afecta a los puebos originarios y las promesas de reforma agraria del Partido de los Trabajadores.
Cierto es que el MPL (Movimiento Passe Livre) está constituido en su mayoría por jóvenes universitarios de sectores medios y medio-altos, pero ello no descarta que el reclamo involucra directamente a los sectores que aun quedan bajo la línea de pobreza.
Toda ésta situación real no exime considerar el fogoneo de los grandes grupos mediáticos concentrados brasileños. Cabe recordar que el Gobierno Federal avanza dede hace unos meses en una reforma y democratización de la comunicación de su país –una de las mas concentradas del mundo-
¿Posibles efectos criollos?
¿Impactará ésta situación en nuestra política interna? Es demasiado prematuro para respondérselo. Aunque si observamos el caso de Chile con las manifestaciones por la ampliación del derecho a una educación gratuita, no habría porqué considerar un efecto contagio en nuestro país; con uno de los sistemas de educación pública y gratuita mas expandido del mundo.
Pero el caso de Brasil es más complejo. Nuestras relaciones comerciales y la interdependencia política en el contexto multipolar mundial, pueden hacer vislumbrar ciertos “efectos crillos”. Además podría ser aprovechado por ciertos actores locales para fogonear una critica al modelo económico nacional, imbricado fuertemente con la alianza latinoamericana, contrapuesto a los países mas liberales del Arco del Pacifico Latinoamericano (EEUU, Chile, Colombia, Costa Rica).
Es importante estar atentos a estas crisis, aprender de ella, fortalecer las políticas de integración regional mas que nunca y evitar que la violencia en el país hermano sea tomada por actores internos para propulsar su propio rédito político en Argentina.
Ante la próxima cumbre de MERCOSUR, a celebrarse el 12 de julio en Montevideo y donde Venezuela asumirá por primera vez la presidencia pro tempore del bloque, es necesario que nuestros gobiernos continúen privilegiando la reconstitución de la trama social de modo continuo, quitando el peso de las exigencias que el mercado capitalista global pretende imponernos. La integración a favor de las mayorías populares es el principal desafío que los modelos políticos latinoamericanos no deben abandonar. -
Docente de la Cátedra Virtual para la Integración Latinoamericana, UNCuyo. Autor del libro “Como una gran pecera”, EDIUNC, (2013). Miembro del Instituto de Integración Latinoamericana.