Opinión
Balance: diez años de kirchnerismo
Hace diez años, Néstor Kirchner llegaba al poder con apenas el 22% de los votos de los argentinos. La mayor parte de la ciudadanía desconfiaba de él, no sólo porque provenía de una provincia tan lejana como misteriosa, como es Santa Cruz, sino también porque venía apadrinado por el siempre sospechado Eduardo Duhalde.
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Poco después, dos ministros debieron dejar sus cargos, pero no por estar vinculados a la corrupción, sino por denunciarla. Uno de ellos fue Horacio Rosatti, quien señaló que había fuertes sobreprecios en la construcción y remodelación de sedes carcelarias; el otro fue Gustavo Béliz, quien se atrevió a denunciar públicamente cómo la SIDE perseguía y espiaba a periodistas y políticos opositores. Ambos ocuparon la jefatura del Ministerio de Justicia entre 2004 y 2005.
Luego, llegó el primer gran escándalo del kirchnerismo: el caso Skanska. Se trató de la revelación de una millonaria coima que esa empresa sueca pagó a funcionarios del oficialismo para poder ser parte del entramado de la onerosa obra pública argentina. Para que no quepan dudas del delito, los propios directivos de la firma admitieron haber pagado 13 millones de dólares en concepto de pagos ilegales.
Mientras permanecía encendida la llama de ese desaguisado, se conoció un nuevo hecho delictivo: una valija dirigida a la embajada Argentina en Madrid a través de la empresa estatal Southern Winds, portaba cocaína de máxima pureza. El kirchnerismo hizo todo lo humanamente posible por apagar el escándalo, el cual rozó principalmente al entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández.
De esa manera, los escándalos se fueron sumando uno tras otro. Al mismo tiempo, el kirchnerismo fue cooptando a la Justicia Federal para proteger a los mismos funcionarios que aparecían involucrados en diversas causas de corrupción.
Néstor y Cristina fueron superadores de la delincuencia del poder, tal y como se la conocía hasta entonces. Todos los límites existentes, se desvanecieron. Ya nadie se sorprendió si se manoteaban fondos de jubilados, subsidios públicos o hasta las arcas de empresas privadas. Floreció entonces el "capitalismo de amigos", célebre en países como Rusia.
Otro importante paso lo dio la cooptación del periodismo de parte del Gobierno. Como nunca antes en la historia argentina, se creó todo un conglomerado de medios que forzó un cerco mediático respecto a la corrupción kirchnerista e impuso un "relato" oficial por sobre los hechos fácticos. Se inventó entonces el "periodismo militante", concepto que contradice todos los manuales de comunicación social.
No interesaban ya los hechos, sino quién los llevaba a cabo. Si un Mauricio Macri aparecía en medio de un hecho de espionaje, había que destrozarlo; si se trataba de capitostes del kirchnerismo, a través del aparato de la SIDE y hasta el repudiable "Proyecto X", sólo habría silencio periodístico.
¿Cuánto llevará reparar el daño que ha hecho este gobierno al republicanismo? ¿Qué dirán quienes apoyan tamaña corrupción cuando los Kirchner no estén ya en el poder?
En fin, llevará mucho tiempo reconstruir los cimientos de la República y se necesitará el apoyo de la sociedad toda para lograrlo. Tal vez sea un buen momento para empezar a ver cómo puede hacerse, en pleno recogimiento ciudadano respecto de la emblemática semana de Mayo.
Quizás sea la más oportuna ocasión para recordar las sabias palabras de Mariano Moreno: "Prefiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila".


