El Cuervo y los diputados por un día, la nueva polítiKa
El debate en el Congreso de la Nación del proyecto de acuerdo con Irán para investigar el atentado contra la sede de la Amia expuso, una vez más, de qué se trata eso de las nuevas formas de hacer política que, como una bandera, agitan a su favor las huestes kirchneristas. Este caballito de batalla es recurrente en las argumentaciones que los intelectuales próximos al Gobierno elaboran en defensa del modelo, y cada vez que echan mano a él lo hacen para demostrar cómo Néstor Kirchner cambió la política, dándole un giro que Cristina Fernández profundizó, dejando de lado las viejas y mañosas formas del pasado.
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Sobre esto ya hemos escrito algunas veces, pero lo que sucedió esta semana en el Congreso expone, con pelos y señales, una parte de eso a lo que, a juicio de los kirchneristas, es la nueva forma de hacer política.
Empecemos por lo sucedido en la reunión que el martes el canciller Héctor Timerman tuvo con las comisiones de de Relaciones Exteriores, Asuntos Constitucionales y Justicia (los detalles de ese encuentro, en Crónica de un día de furia). En ese encuentro, Timerman se sintió ofendido por el diputado del Pro Federico Pinedo, por eso le pidió que se retirara sus palabras. La verdad es que lo de Pinedo estuvo fuera de lugar, se podría decir que hasta fue infantil, y yendo un poco más allá, hasta estúpido, pero lo dijo en voz alta, y aunque eso no lo redima, por lo menos no lo rebaja tanto como la actitud del diputado del FPV Andrés Cuervo Larroque, quien hizo salir de las casillas a Laura Alonso, diputada del Pro, debido a los insultos que le decía por lo bajo.
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El Cuervo Larroque es ni más ni menos que el mismo que calificó de narcosocialistas a los integrantes del FAP y que entonces, como en esta oportunidad, no se disculpó. Pero no sólo eso, sino que en ambas oportunidades prefirió seguir como si nada y esbozar una sonrisa que lo delataba.
Pero Larroque es también el líder de La Cámpora, el gran referente de la militancia joven del kirchnerismo, por lo tanto, uno de los modelos a seguir por los integrantes de esa agrupación.
Lindo modelo.
Buen modelo el de un hombre que agrede gratuitamente, que no escatima en violar las cuestiones de género para atacar y que, luego de tirar la piedra, esconde la mano.
Caso A de la nueva política del kirchnerismo: la agresión artera es una buena forma de evitar que tus adversarios mantengan la tranquilidad, lo que los lleva a desencajarse y, por lo tanto, a transformar cualquier reunión en un cúmulo de gritos, en un mar revuelto en el que la ganancia, claro, es de los pescadores.
La agresión artera es una buena forma de evitar que tus adversarios mantengan la tranquilidad.
Al día siguiente, en la Cámara Baja, se discutió (y, a la postrer, se aprobó) el proyecto de firma del memorándum con Irán.
Sabiendo que el oficialismo cuenta con mayoría en Diputados, la aprobación del proyecto era sólo un trámite. Pero un trámite que debía cumplir el requisito primero del quórum, situación a la que la oposición en su conjunto pretendió recurrir para evitar el tratamiento de la futura ley. Es decir, si no estaba la cantidad mínima requerida de diputados en la cámara al momento del comienzo de la sesión, esta no se podría realizar, y chau memorándum.
Amenazado por esta posibilidad, la de que los números iniciales no le cerraran, el oficialismo recurrió a otra nueva y kirchnerista forma de hacer política: sacó de la galera dos diputados: Carlos Eliceche y Beatriz Mirkin.
Eliceche había pedido licencia como diputado para ocupar el cargo de ministro coordinador del Gobierno de su provincia, Chubut. Por su parte, Mirkin había renunciado a su banca para asumir como ministra de Desarrollo Social en Tucumán (más precisiones en El kirchnerismo resucita a dos diputados).
A ver. Nótese el detalle. Eliceche había pedido licencia, la interrumpió, fue al Congreso, votó y volvió a pedir licencia. Pero Mirkin ¡había renunciado! Y sin embargo la hicieron volver al Congreso.
En un apartado digamos que hasta habían pensado en hacer renunciar a Martín Sabbatella, titular del Afsca y figura fuerte en la pelea contra Clarín, si es que no les daban los números.
Pero volvamos a lo de Eliceche y Mirkin, porque es realmente vergonzoso, especialmente en el caso de la tucumana, que el oficialismo recurriera a semejante estrategia, que ni siquiera fue pensada por Maquiavelo.
Y que quede claro que lo que dijo el diputado por Mendoza Guillermo Carmona en una entrevista por MDZ Radio no es ajeno a la verdad en su totalidad. Simplemente recurrió al argumento de que esos regresos eran “técnicamente” correctos. En el caso de Eliceche, no hay dudas de que es técnicamente correcto que renuncie a su cargo y vuelva al que ocupaba cuando pidió licencia. Pero en el caso de Mirkin ya las dudas se amplían, porque, repetimos, ella había renunciado a su banca.
Ahora bien, incluso suponiendo que ambos casos fueran técnicamente correctos, bien alejados de cualquier moral democrática se encuentran, porque está claro que el oficialismo es capaz de agarrarse de cualquier recurso para lograr sus objetivos.
¿Se acuerdan de eso de “formen un partido y ganen una elección”? ¿Se imaginan la cantidad de horas en críticas que hubiera invertido 678 si a alguien de la oposición se le hubiese ocurrido decir algo como “tengan mayoría en el Congreso y después voten”?
Y así llegamos al caso B de la nueva política del kirchnerismo: vamos por todo, aunque eso implique recurrir a las más abstrusas formas.
Vamos por todo, aunque eso implique recurrir a las más abstrusas formas.
No nos vamos a cansar de darle vueltas a esto de la engañosa nueva forma de hacer política del kirchnerismo. Cada vez más queda claro que no hay (ni hubo) nueva forma, sino que, sencillamente, es un disfraz, una falacia, un edificio de ilusiones que le ha servido al oficialismo para sumar a distraídos ilusos.
Alejandro Frias

