¿Por qué Bergoglio?
La designación de Jorge Bergoglio al mando del Vaticano fue sorpresiva para propios y extraños. Nadie imaginó que de la fumata saliera como un conejo de la galera elegido Papa un cura argentino. Nadie, ni el propio Bergoglio. Sin embargo debemos poner blanco sobre negro. No es casual ni tan sorpresivo. Hoy Latinoamérica representa para el establishment mundial un paradigma transformador peligroso. Porque no obstante la muerte del comandante, la Venezuela heroica, ha demostrado que no hay vuelta atrás en el proceso revolucionario legitimado por su pueblo en la despedida física del líder. Ya no hay guerrillas que combatir, esta vez a las que hay que extirparle el sentido es a las masas sociales que han optado por gobiernos populares en Venezuela, Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia, entre otros países. Y la tendencia es la profundización de las conquistas alcanzadas por esos pueblos. Entonces ¿Por qué Bergoglio? Así como Juan Pablo Segundo, polaco, a fines de los ochenta fue designado para cumplir un rol en el marco del panorama geopolítico -el Vaticano por entonces financiaba y apoyaba al sindicato Solidaridad de Lech Walesa, la oposición polaca que luego se entronizó en el poder- para combatir el comunismo en el mundo, especialmente en los países del Este, contribuyendo a la caída del muro de Berlín; hoy el cónclave de cardenales se planteó lo mismo. Combatir a los gobiernos populares de América Latina que son los que están disputándole al poder mundial de las corporaciones, multinacionales, eclesiales e ideológicas, el mando y conducción de los procesos sociales que irradian hacia el mundo con un mensaje rebelde y transformador. El Vaticano, para que lo entiendan bien los fanáticos católicos y los no tanto, es un Estado soberano. Allí se hace política como en cualquier otro Estado nacional. Y la elección de su jefe máximo es una decisión política de alto impacto. Por eso necesitaban de un Papa opositor a los procesos que hoy vive Latinoamérica y que contagian a muchos pueblos europeos en lucha contra el neoliberalismo. Bergoglio, como se sabe, no es un teólogo de la liberación ni un cura villero. Es un cura que claramente se ha enfrentado al gobierno nacional y que ha comulgado a la oposición en Argentina, esa que dice que Chávez fue un dictador y que Cuba es una cárcel. Viene de la ortodoxia conservadora. Están construyendo su imagen del Papa de los pobres, austero, que hace chistes, que rompe el protocolo, que se conecta con la gente. Es un político con ropajes que viene a disputarle el liderazgo a los gobernantes latinoamericanos en primer lugar, y a poner paños fríos a los procesos de resistencia de los pueblos europeos que salen del engaño neoliberal. Más allá de las creencias legítimas de los pueblos, asistimos a una era de combate ideológico que hoy le declaran el Vaticano y el establishment a los pueblos. No nos sorprendamos cuando Bergoglio empiece a recorrer Latinoamérica dando mensajes de paz. Se viene un conflicto de alta intensidad. Pasó la sorpresa.
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