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Opinión

Hemos enloquecido

La salud mental está vigilada sólo en los neuropsiquíatricos. Pero en la calle nadie cuida a nadie. Muertes por aquí y por allá.
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Hemos enloquecido. Por alguna u otra patología mental hemos enloquecido todos. Se nos nota en el rostro. Probemos. Salgamos a merodear el centro y veremos (nos veremos) perdidos en una ciudad señalizada, tosiendo en una urbe libre humo, sucios en una capitalhigiénica.

Tristes en plazas llenas de payasos. Con ira ante la pasmosa escena de palomas comiendo migas de pan. Pendencieros en calles atestadas de policías. Desapareciendo ante miles de cámaras de vigilancia.

Probemos en las sendas de salud. La diversidad al palo: gordas sudando, flacas manteniendo lo que supieron conseguir en el gimnasio. Niños en skaters con gorras que les tapan los ojos. Pobres y clases medias transpirando. La lucha por la supervivencia es caminar por los paseos de salud con un perro y una botellita de agua caliente.

Parejas que sacan a pasear la ilusión y la fe en el pacto de amor eterno. Ciclistas que no saben dónde termina el camino, dónde todo se termina de una vez para volver a una ducha y tomar un clona para bajar diez cambios. Las calles están plagadas de derrota.

Hemos enloquecido en plena década ganada. La salud mental está vigilada sólo en los neuropsiquíatricos. Pero en la calle nadie cuida a nadie. Pensamientos trágicos, ansiedades de fin de año. Muertes por aquí y por allá. Tai Chi, Chi kung yYoga para asesinos seriales. Prácticas de tipos que matarían a su familia con una ráfaga de metralla mientras cenan mirando televisión.

La ciudad es un gran laberinto de ratas de ensayo. Todos tenemos la cola larga y gris como pericotes subterráneos. Presos en la faena diaria. Presos de amor y desamor. Presos de dolor. Presos de drogas legales e ilegales. El mundo se extingue. Hemos enloquecido, coreo. Como un mantra repito “Hemos enloquecido”.

Imaginamos Enero siempre. Es el mes imaginario. Como si fuera un vergel mientras caminamos por dunas de diciembre. Enero. Enero. Ciento treinta y tres asados en diciembre para despedirse de este mundo. Proyectos de proyectos abyectos.

La estructura se mantiene por los niños, por el ciclo de los niños. Para los que los tienen y para quienes no quieren o no pueden tenerlos. Para los que los abandonan. Para los abandonados. Los niños hacen girar el calendario. El poder implosiona y se rinde ante los piececitos. Hemos enloquecido y nos gobierna la ceguera por el sol.