Opinión
Escribir es boxear
Escribir es boxear. Cagarse a trompadas. Pelear con los grandotes. Escribir es una forma de lo baldío. En la escritura se pone el cuerpo y se sangra. Hay un rincón con toallas y vaselina.
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El que escribe y lo que se escribe son síntomas de una época. Escupir palabras y acomodarlas en la página en blanco. O no. Dejarlas que se las arreglen como salen. Como cuando tenés un malestar y vomitás para eliminar. En algunos casos es pura bilis literaria, en otros es la comida en mal estado.
El que no boxea no mama. Y el que la mama jamás boxea. Dar batalla hasta que te corten las manos o quedés mudo. Escribir es un arte de guerra, un estilo para taimados. Los luchadores no dan tregua. Se escribe por necesidad, se trabaja, se invade, se coloniza.
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Los colonizados literatos replican y forman cofradías que el poder del campo literario acuna. Los jeroglíficos escriben para ese poder y al no ser descifrados por la gente se reconocen entre ellos, se premian entre ellos. Son vanguardia de sí mismos. Pero no se desnudan, jamás quedan en pelotas.
Escribir es boxear en pelotas con la cara goteando sudor hasta quedar exhausto. Con los ojos moreteados porque el que boxea también recibe. Escribir es recibir puñetazos y perder dientes y pelo. Caer a la lona y levantarse. Algunos no se caen nunca porque escriben para la corona. Tienen las peleas arregladas, dan exhibiciones y no pierden.
Escribir es perder y perderse. Gritarles en la cara a los que están comiendo en una bacanal. Escribir es denunciar, no enmudecer. Es amar y decirlo, es dolor y verterlo. Manchar de dolor y amor el texto. Escribir es una forma de transmutación de la realidad que dice más cosas que la realidad. Lo que existe es la palabra mesa y no la mesa. Y así.
Escribir debe tener como fin repartir estiletazos a los lectores y esperar que los lectores se defiendan en plenariña. De allí surge el pensamiento. De la ruptura. Por eso es también destrozar el silencio para que el ruido te paralice de lo cotidiano y te lleve a imaginar cómo escapar de todo esto.
Si la vida es una forma de escapar de la vida, escribir es escapar de la vida. Y todo escape genera una esperanza, imagina una salida. Siempre habrá leones que te persigan. Hay una soga para amarrarse como las barcazas al muelle, como los caballos al palenque, como los borrachos a la barra del bar. Escribir es una representación del pedido de auxilio en el mundo, para luego rechazarlo. Escribir es no tener miedo más que de uno mismo.