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Opinión

Una reflexión sobre la Feria del Libro

Por suerte, siempre hay cosas buenas que rescatar. Por ejemplo los baños, estaban impecables.

Finalizó la Feria del Libro en Mendoza. Se viene el balance, la hora de la crítica, inexorable. Como todos los años. Pobre Feria del Libro en el rico Julio Le Parc. Lo de siempre: librerías de peso a la entrada, presentaciones con mucho público de escritores de fuste. La Ram-polla- récords (la que habla de sexo y escribe de sexo) nos vino a dar la receta para ser monógamos o de cómo adelgazar escribiendo libros sobre sexo tántrico.

La venganza será terrible. Dolina en la radio en vivo, al palo. Paseos por los puestos. Mucho paseo. Los libros, caros. Las caras de muchos libreros, largas. La Feria del libro otra vez no fue de Mendoza. Fue (en) Mendoza. Y ahí radica el problema. Porque si fuera de Mendoza uno debiera haberse topado de entradita nomás con stands de editoriales y autores mendocinos.

No pasó. Los autores mendocinos estaban por ahí, repartidos en las márgenes, sin promoción ni difusión. Y las editoriales nadando y sus voceros hablando en Millcayac para no hundirse. La de siempre. Lo local no garpa ni entra en el concepto de espectáculo. Y no tiene porqué ser un espectáculo. Lo de aquí es literatura en el desierto. Hay, como en todos lados, buenos y malos, mejores y peores, pero mucho.

En Mendoza hay mucho escritor y escrito desperdigado. Y hay mucho boludo también, por supuesto. Esta vez los funcionarios de cultura decidieron arreglar con los medios con los que el gobierno mendocino pauta su publicidad. Corta. Especialmente con el Diario Uno.

Las editoriales autogestivas de acá brillaron por su ausencia (no se les puede endilgar una posición aislacionista, hay que estirar siempre la soga para que nadie se caiga compadre) A las presentaciones de libros de autores mendocinos fueron los parientes y los amigos. En algunos casos sólo los parientes. En otros, los que no tenían parientes, convocaron a los promotores que cortaban la entrada.

Salvo excepciones, los visitantes de la Feria no conocieron a sus coterráneos. Los escritores locales fueron visitantes sin tribuna habilitada. No tenían el aguante y el árbitro les cobraba siempre en contra. Encima gratis. ¿Cuándo se les ocurrirá pagarle un cachet por presentación de libro a cada escritor local? Porque a los que vienen de afuera no se los arregla con una palmada en la espalda, que yo sepa.

Esto no es un hobby. Acá se trabaja. Los escritores deben ser asumidos y asumirse como laburantes culturales. Y eso se paga. No es decoración de interiores. Los escritores mendocinos no pueden ser ornamentos que vistan la Feria “de onda”. De onda un carajo.

Se ha instalado la idea en las políticas culturales que los autores del pago ya tienen demasiado con participar del evento. Porque algún prestigio te da salir en una grilla de 386 actividades por día durante un mes. “No mijo, esa no es la onda”. Por supuesto que siempre hay cosas buenas que rescatar. Por e jemplo los baños, impecables.