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Opinión

Los quejosos

Ni se le ocurra a una embarazada ejercer su derecho que ofrece el dibujito del cartelito de la caja de prioridad porque ahí saldrá la señora que diga “ah no, yo tengo una operación de vesícula y me aguanto la fila”.

Haciendo un poco de sociología barata y rudimentaria, tirando más a una aguafuerte mendocina, me animo a pensar y categorizar a cierto grupo de personas que deambulan sin pena ni gloria por las calles como “los quejosos”.

El quejoso es un tipo social que piensa desde el embotellamiento ideológico. Tiene lugares donde expresa su pensar: el semáforo (allí expresará su racismo contra los limpiavidrios, su misoginia contra las féminas que manejan, su fascismo contra payasos que brindan su arte a cambio de una moneda).

La fila del supermercado también es un espacio de pensamiento, en silencio por lo general pero que hace brotar en el quejoso una ira particular contra la cajera del supermercado a quien acusa de lenta y vaga cuando dice “retirooo”.

Ni se le ocurra a una embarazada ejercer su derecho que ofrece el dibujito del cartelito de la caja de prioridad porque ahí saldrá la señora que diga “ah no, yo tengo una operación de vesícula y me aguanto la fila”.

Otro sitio donde el quejoso encuentra su esencia es la televisión cuando ella emite imágenes de crímenes porteños. “¿Y los derechos humanos dónde están para esa pobre gente?”, dirá mientras ceba su quinto mate lavado. Un televisor frente a un quejoso (observen que digo un televisor ante un quejoso y no al revés) se reactiva de reacción contenedora aunque disparadora de epítetos escatológicos contra todo “contrato social”.

Pues  el quejoso pide sangre. Manda a la gendarmería para los que cortan una calle por trabajo o por hambre, pero aplaude marchas del odio contra la democracia. El quejoso no lee los diarios, se los come y los campuja con agua de la canilla para poder pensar todo el día en base a los titulares apocalípticos de la jornada.

Cree firmemente en su individualidad, en su esfuerzo personal y no se le ocurrirá jamás pensar que si le fue bien en los últimos años, se va de mini vacaciones, o planea las vacaciones de enero, es porque hay un contexto económico que lo acompaña, que le permite desarrollarse.
Se autodefine como una persona de trabajo, que trabajó toda la vida y que jamás recibió nada del gobierno de turno, como si todo lo que lo rodeara -subsidios del Estado Nacional a los servicios, obras de alumbrado público, netbooks para sus hijos en edad escolar, etc.- se lo hubiera traído del cielo una paloma mensajera por bonito y bien peinau. Quejosos on line que se reciben de foristas anónimos para prender ventiladores de odio y muerte cuando tienen una PC cerca.

¡Disparen, ojerosos!