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Opinión
Respuesta a la respuesta: Sobre la marcha del odio
En la marcha del jueves pasado estuvo una parte de esa clase media que no creo en absoluto que se plantee la solidaridad con los más desprotegidos en el país ni que le importe demasiado si los sectores más postergados hayan obtenido un espacio de reconocimiento social sin precedentes desde la década del 40 a esta parte.
En primer lugar quiero agradecer a la decana de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo por recoger el guante sobre un tema espinoso, polémico, plagado de matices y posicionamientos. Especialmente porque su nota está hecha desde el cariño de amiga –lo sé- y no desde la ira. Además porque su argumentación es correcta en varios de los puntos que plantea. No obstante, creo, estimada Graciela, que tu nota deja algunos baches importantes, omisiones, palabras no dichas, que considero al decir de Michel Foucault, también “constituyen un discurso sobre lo no dicho”.
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Entiendo que uno no puede abarcar en un artículo de opinión toda la complejidad del mundo social. Y que no se agota ningún tema o problemática de discusión aquí, en una respuesta, ni en la mía o la tuya. Se construye en todo caso con los lectores con sus opiniones y con el debate que pueda generar en la comunidad de ideas, eso creo.
En segundo lugar es de aclarar que tu respuesta teórico-política va dirigida a un texto -“Garcas”- que pretendió dibujar un estereotipo de manifestante que participó en la marcha contra el gobierno nacional el jueves 13 de setiembre en todo el país. La nota en cuestión ficciona -como bien lo planteas- de un empresario mediano que indudablemente, si lo analizamos desde la objetividad de la teoría, y seguimos el razonamiento sistemático de nuestros teóricos (Nicos Poulantzas entre ellos) vendría a formar parte de una fracción de los sectores medios de la pequeña burguesía nacional no trasnacionalizada, es decir, un tipo que labura con su empresa para el mercado interno y se sostiene gracias a él. Como sociólogo no puedo negar esa verdad sociológica, sobre todo porque ambos coincidimos con un tipo de problemática teórica que abreva en la corriente marxista, especialmente en autores que han establecido una crítica teórica y política al marxismo dogmático clásico que dominó las estrategias de los partidos comunistas durante más de cincuenta años hasta que se produjo en los 60 y 70 una reformulación de la teoría en un contexto internacional donde los movimientos del tercer mundo pujaban por la liberación nacional.
Justamente ese es el punto desde donde estimo hay que ubicar a la protesta del 13 de setiembre pasado. En los países semicoloniales como la Argentina, la salida política a las condiciones internacionales que imponen los países capitalistas centrales en el mundo, debe ser de carácter frentista, movimentista, de alianzas de clases y fracciones de clases que objetivamente estén enfrentados al imperialismo. Esto es, sujetos sociales que puedan desarrollarse y crecer en base a un país que controle su comercio exterior y sus recursos naturales, su modelo de acumulación.
Justamente ese es el punto desde donde estimo hay que ubicar a la protesta del 13 de setiembre pasado. En los países semicoloniales como la Argentina, la salida política a las condiciones internacionales que imponen los países capitalistas centrales en el mundo, debe ser de carácter frentista, movimentista, de alianzas de clases y fracciones de clases que objetivamente estén enfrentados al imperialismo. Esto es, sujetos sociales que puedan desarrollarse y crecer en base a un país que controle su comercio exterior y sus recursos naturales, su modelo de acumulación.
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Eso (sigo a Samir Amín para entender este brete) permitiría una desconexión, una salida nacional y popular, soberana e independiente a los dictados de los organismos internacionales de crédito y a las políticas coercitivas de EEUU y Europa a la vez que religarse a países de la región como se viene haciendo desde la creación de la UNASUR.
El tema está en cómo se articulan esos intereses complejos de clases y fracciones de clases al interior del espacio de lo popular. Hoy tenemos un mapa complejo en ese sentido porque en la protesta, el componente de los sectores medios, medios altos y altos fue dominante. Creo que en eso coincidiríamos. Pero allí no estuvo toda la clase media. Como bien decís hay sectores medios de los que se nutre el kirchnerismo que provienen de la misma (quien escribe por ejemplo) militancia juvenil y estudiantil, sectores intelectuales y laburantes calificados. El mismo peronismo se nutrió también de ellos toda vez que el radicalismo de Yrigoyen dejó de representarlos. No niego la importancia de los sectores medios, lo que cuestiono es su ideología pendular, vacilante en la historia de nuestro país y de los países latinoamericanos. Sabemos que si tuviéramos que definirlos desde la teoría fuerte de la sociología en realidad no conforman una clase con intereses propios concretos, más bien es un abanico de fracciones de clase que pueden estar más cerca de un proyecto transformador y a veces revolucionario, como también apoyar dictaduras y sumarse a oleadas conservadoras. La posición que adopten estos sectores siempre dependerá de la coyuntura política y de la articulación de sus intereses con un interés general mayor, solidario, que debe trascender sus reclamos sectoriales. La Ley Petri por ejemplo, les viene al dedillo ideológico para sus inquietudes y lejos está de un modelo de seguridad ciudadana que considere a los presos como sujetos de derechos.
En la marcha del jueves pasado estuvo una parte de esa clase media que no creo en absoluto que se plantee la solidaridad con los más desprotegidos en el país ni que le importe demasiado si los sectores más postergados hayan obtenido un espacio de reconocimiento social sin precedentes desde la década del 40 a esta parte.
Además querida Graciela, en ningún momento te referís al odio. Al odio social que se expresó en la protesta en los cánticos, en los carteles, en los testimonios de la gente, en los ejes de la convocatoria por las redes sociales. Por todo ello creo que fue una manifestación antidemocrática en democracia sin represión. En libertad, contradictoriamente a lo que reclaman quienes piensan que estamos en dictadura.
También te olvidás del rol de algunos medios de comunicación –grueso error u omisión- que como bien sabes se encargan de representar en gran medida este tipo de manifestación, fogonéandola. Que la conformación mediática en la argentina siempre ha tenido un rol predominante en el tratamiento de este tipo de “noticias”, en el posicionamiento para cubrirlas, en la editorialización de lo que sucede, en sus tapas y en la manera de titularlas. No por nada, antes, los gobiernos consultaban a Clarín. Y si algo debemos rescatar de este periodo iniciado en 2001 a esta parte es justamente el cuestionamiento al rol de los medios, a la lectura no inocente de los periodistas e intelectuales que se expresan en ellos. Como dice Eduardo Grüner en uno de sus ensayos “todos somos culpables en alguna medida de nuestras lecturas de lo real”, en fin, no inocentes.
Por último, me parece que es bueno aclarar desde dónde se escribe. Yo lo hago desde una posición que defiende este proyecto de gobierno con muchas críticas. Pero sé de qué lado del mostrador me debo poner. No comulgo con Lanata (el Mariano Grondona de la época) ni con Clarín, Perfil o La Nación; por nombrar a los medios centrales que producen el discurso hegemónico del “poder real” en la argentina. Tengo mis críticas a la forma de hacer política de muchos funcionarios que ayer eran menemistas y hoy posan de kirchneristas. No me banco muchas políticas provinciales que van a contramano de lo que se intenta desde la nación en muchos aspectos. Pero reitero, hay dos veredas en la argentina, con matices complejos, pero dos. Y en relación a la marcha del 13 de septiembre pasado, claramente estoy en la vereda de enfrente. Más allá que muchos de los que estuvieron allí puedan recapacitar y ser convencidos o redefinir sus posturas, hoy por hoy los quiero lejos.
Me defino como un peronista marginal y por eso no hago política partidaria. En tu caso, más allá de ser Decana de una unidad académica, sos militante de una agrupación política (LIBRES DEL SUR en el FRENTE AMPLIO PROGRESISTA, antes 100% Kirchnerista), lo cual admiro por conectar teoría y praxis. Pero es desde allí de donde escribís la respuesta a mi artículo vago, estereotipado y pretendidamente socio literario. Por eso te respondo ahora desde la sociología, pero también desde un posicionamiento nacional y latinoamericano.
Graciela, la marcha no fue espontanea y expresó a la derecha en la argentina. Pensalo.
Con mucho cariño, Marcelo Padilla.
En la marcha del jueves pasado estuvo una parte de esa clase media que no creo en absoluto que se plantee la solidaridad con los más desprotegidos en el país ni que le importe demasiado si los sectores más postergados hayan obtenido un espacio de reconocimiento social sin precedentes desde la década del 40 a esta parte.
Además querida Graciela, en ningún momento te referís al odio. Al odio social que se expresó en la protesta en los cánticos, en los carteles, en los testimonios de la gente, en los ejes de la convocatoria por las redes sociales. Por todo ello creo que fue una manifestación antidemocrática en democracia sin represión. En libertad, contradictoriamente a lo que reclaman quienes piensan que estamos en dictadura.
También te olvidás del rol de algunos medios de comunicación –grueso error u omisión- que como bien sabes se encargan de representar en gran medida este tipo de manifestación, fogonéandola. Que la conformación mediática en la argentina siempre ha tenido un rol predominante en el tratamiento de este tipo de “noticias”, en el posicionamiento para cubrirlas, en la editorialización de lo que sucede, en sus tapas y en la manera de titularlas. No por nada, antes, los gobiernos consultaban a Clarín. Y si algo debemos rescatar de este periodo iniciado en 2001 a esta parte es justamente el cuestionamiento al rol de los medios, a la lectura no inocente de los periodistas e intelectuales que se expresan en ellos. Como dice Eduardo Grüner en uno de sus ensayos “todos somos culpables en alguna medida de nuestras lecturas de lo real”, en fin, no inocentes.
Por último, me parece que es bueno aclarar desde dónde se escribe. Yo lo hago desde una posición que defiende este proyecto de gobierno con muchas críticas. Pero sé de qué lado del mostrador me debo poner. No comulgo con Lanata (el Mariano Grondona de la época) ni con Clarín, Perfil o La Nación; por nombrar a los medios centrales que producen el discurso hegemónico del “poder real” en la argentina. Tengo mis críticas a la forma de hacer política de muchos funcionarios que ayer eran menemistas y hoy posan de kirchneristas. No me banco muchas políticas provinciales que van a contramano de lo que se intenta desde la nación en muchos aspectos. Pero reitero, hay dos veredas en la argentina, con matices complejos, pero dos. Y en relación a la marcha del 13 de septiembre pasado, claramente estoy en la vereda de enfrente. Más allá que muchos de los que estuvieron allí puedan recapacitar y ser convencidos o redefinir sus posturas, hoy por hoy los quiero lejos.
Me defino como un peronista marginal y por eso no hago política partidaria. En tu caso, más allá de ser Decana de una unidad académica, sos militante de una agrupación política (LIBRES DEL SUR en el FRENTE AMPLIO PROGRESISTA, antes 100% Kirchnerista), lo cual admiro por conectar teoría y praxis. Pero es desde allí de donde escribís la respuesta a mi artículo vago, estereotipado y pretendidamente socio literario. Por eso te respondo ahora desde la sociología, pero también desde un posicionamiento nacional y latinoamericano.
Graciela, la marcha no fue espontanea y expresó a la derecha en la argentina. Pensalo.
Con mucho cariño, Marcelo Padilla.