Opinión
Mendoza, una porquería arquitectónica
No soy ni viejo no joven, es más, toy ahí repensándome a mis 44. No sé si lo que hice lo hice bien o lo hice mal. Algunas mañanas me quiero tirar debajo de un micro y a otras las recibo con cariño, tranquilo. También están las de euforia. Es un estado en movimiento permanente. Salgo de mi casa y veo la misma esquina todos los días. El sol la parte en dos o un cielo encapotado la deja triste, maltrecha, para el llanto.
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Los pendejillos andan con piedras en las manos siempre. Esto es Dorrego. Donde no pasa el tiempo, mis calles ahora, desde hace una temporada. Cerca están algunos Híper. Barrios altos ultramodernos. Si agarro hacia la derecha me hundo en el infiernillo que le llaman. Una especie de vejentud de casonas abandónicas de donde salen peruanos pobres. Esquinas de otra época congeladas. No es precisamente pobreza, sino abandono.
Y al fin y al cabo, ese abandono es político. Porque a nadie se le ocurre que el patrimonio cultural que hay en el infiernillo es una ventaja comparativa. No. Hay que hacer mierda todo. Tirar abajo el adobe noble y construir esas jaulas de ocho departamentos. Esa es la moda inmobiliaria por estos años. Una porquería arquitectónica.
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Apunten al dintel que meto una buena reja. Y sigo caminando a lo de mi amigo-hermano dorreguino pispiando el caserío. Y pienso en Evaristo Carriego en las entrañas de este Dorrego gaucho y matrero, malandra y compadrito que se apaga de día y se enciende cuando cae la tarde.
¿Para cuándo una política de reparación y restauración patrimonial de nuestro pasado-presente? Pero si es cuestión de caminarlo pa sentirlo. Es bonito. No lo tiren más. Ya demasiado daño le han hecho al patrimonio de los de abajo.
Eso sí, a las mansiones de la vieja aristocracia menduka las declaran patrimonio cultural de todos los mendocinos. ¡Las pelotas! Nos interpelan como si nosotros fuéramos propietarios de un pasado de clase al cual pertenecieron unos pocos. A esas mansiones iban a laburar las sirvientas de estos conventillos abandonados.
Hay que dignificar la arquitectura popular de una buena vez. Jerarquizarla y ponerla en valor. Basta de armar bloques de departamentos para la manada. En la ciudad pasa igual y en Godoy Cruz y Las Heras otro tanto. Hay casas bien mendocinas que se caen de tristeza. Y cuando están por tomar aliento en un sollozo vienen y les dan con una maza, y las asesinan.