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Opinión

Mear y cagar en Cacheuta

Es una experiencia vital. Hacer turismo en Mendoza es una experiencia vital. Tanto que hasta podés mearte y cagarte encima. Un lujito que nos damos aquí para atender a la gente de afuera y de adentro. Si vas con niños llevá pelela.

Si no lo digo así creo que no se entiende. Mear y cagar son verbos que indican acciones concretas, vitales para cualquier mortal (sin distinción de clases obviamente) aunque habría que hacer un rodeo sobre este tema, poco más adelante.

En Mendoza históricamente se meó y cagó en la montaña. Pa qué negarlo. Si cuando pibes íbamos a potrerillos, constituía un placer esconderse tras una roca y sentir el viento, oteando las montañas, parados o sentado en cuclillas. Ahora bien. Desarrollo turístico mediante, especialmente desde el cambio del dólar a pesos en 2001, la provincia ha crecido cuanto a sus visitantes y por ende también lo han hecho sus servicios.

Complejos de hoteles y cabañas, casas de alquiler, entretenimientos en el río, inundan de posibilidades a la Mendoza turística que tanto se vanagloria de sí mismo. El tema es el siguiente: si vas y arrendás algún sitio, digamos, tenés todas las posibilidades de pasarla bien en la mayoría de los casos.

Ahora, si vas por el día, de paseo un domingo por ejemplo, precisamente a Cacheuta, además de hacer uso de las instalaciones privadas que ofertan en la zona (spa, restaurantes, cafecitos, baños termales, cabañas, etc.) simplemente podés caminar y cruzar el puente, mirotear un rato las bonitas construcciones en piedra y madera que están allí sin tener que gastar un mango. Ta lindo igual.

Bueno, a mí me pasó el domingo pasado. Fui sólo a tomar unos mates a las diez de la mañana con mi compañera en un día de sol espectacular, recorrer los complejitos, testear precios y eso. El problema apareció cuando nos tomamos todo el termo y nos dio ganas de ir al baño, precisamente a mear.

Se nos ocurrió preguntar en un par de negocios por baños y nos dijeron lo de siempre “tenés que ser cliente para usar los baños”. Ok. No obstante nos dijimos “pero es que deben haber baños públicos en este lugar, seguro, preguntemos en el puesto de artesanías”. Y allí nos dijo una señora que debíamos ir a una casa donde vive gente, golpear las manos tipo aplauso. Que allí había baños.

Nos pareció extraña la indicación pero hicimos caso y fuimos. La casa no era una casa justamente. Era una solución habitacional –en términos bordoneanos- más parecida a las que hay en Bombay. Allí vive una familia en condiciones extremadamente precarias.

Y sí, nos abrió una señora -con la piel muy curtida por el frío y el sol- la puertita de alambre y pasamos a un lugar pavoroso. El baño que uno puede usar en Cacheuta si tenés ganas de mear y/o cagar es el propio baño de la familia. Que además no es gratuito sino que sale dos mangos por nuca.

Reitero: la familia vive en una casucha de chapa con piso de tierra y el contraste es patético con los spa, los baños de aguas termales y las tiendas de artesanías, los autos relucientes y los turistas extranjeros. Me dijeron que pertenece a Luján del río para acá y a Las Heras del río para allá. Pero mear y cagar es universal.

En síntesis, los baños públicos en Cacheuta no existen. Tenés que ir al de una familia indigente a rentarle el suyo por dos pesos. Todo un símbolo. Y si no te gusta meáte encima o cagá en la montaña.