Opinión
Mear y cagar en Cacheuta
Si no lo digo así creo que no se entiende. Mear y cagar son verbos que indican acciones concretas, vitales para cualquier mortal (sin distinción de clases obviamente) aunque habría que hacer un rodeo sobre este tema, poco más adelante.
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Se nos ocurrió preguntar en un par de negocios por baños y nos dijeron lo de siempre “tenés que ser cliente para usar los baños”. Ok. No obstante nos dijimos “pero es que deben haber baños públicos en este lugar, seguro, preguntemos en el puesto de artesanías”. Y allí nos dijo una señora que debíamos ir a una casa donde vive gente, golpear las manos tipo aplauso. Que allí había baños.
Nos pareció extraña la indicación pero hicimos caso y fuimos. La casa no era una casa justamente. Era una solución habitacional –en términos bordoneanos- más parecida a las que hay en Bombay. Allí vive una familia en condiciones extremadamente precarias.
Y sí, nos abrió una señora -con la piel muy curtida por el frío y el sol- la puertita de alambre y pasamos a un lugar pavoroso. El baño que uno puede usar en Cacheuta si tenés ganas de mear y/o cagar es el propio baño de la familia. Que además no es gratuito sino que sale dos mangos por nuca.
Reitero: la familia vive en una casucha de chapa con piso de tierra y el contraste es patético con los spa, los baños de aguas termales y las tiendas de artesanías, los autos relucientes y los turistas extranjeros. Me dijeron que pertenece a Luján del río para acá y a Las Heras del río para allá. Pero mear y cagar es universal.
En síntesis, los baños públicos en Cacheuta no existen. Tenés que ir al de una familia indigente a rentarle el suyo por dos pesos. Todo un símbolo. Y si no te gusta meáte encima o cagá en la montaña.



