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Opinión

Se me ponen tristes los amigos

Es que la tristeza es como eso: una pelea despareja y siempre volviendo del campo de batalla con soldados sangrando colgados de los hombros. En la noche espesa, en el día gris, en la montaña jodida, en la tarde moribunda de un domingo sin fútbol.
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Se me ponen tristes los amigos. No sé qué está pasando por estos días pero se me ponen tristes mis amigos. Y yo que soy un tipo triste la siento mía y me la llevo un rato, unos días como pa ahuyentárselas un poco a la cabrona.

Se me han puesto tristes los amigos y la garganta se pone dura, se me hace un nudo cuando los veo pensativos, mirando la nada, buscando la nada en los bares, en asados y en las charlas.

La mierda que nos duele a todos algo que no sabemos bien qué puta es. ¿Será que somos unos derrotados y nos come la angustia de esta vida mal hecha? Tal vez. Pero siento mía esa tristeza y me rompo los dientes rumiando piedras. Es que se me han puesto tristes todos mis amigos y me da miedo que se enfermen, porque cuando uno está mal lo estamos todos. ¡Somos socialistas del dolor también, qué va!

Y cuando me levanto en la madrugada, esperando las nubes, tomando unos mates, pienso que nos arrojaron al vacío hace tiempo en esta vida. La puta que duele ver a los amigos tristes. La puta que duele imaginar sus almohadas, como la mía, húmeda. ¿Y los techos? Los techos están llenos de ojos que nos miran y nos escrutan. Y en esos ojos están las miserias propias y ajenas.

Mirar el techo de noche a oscuras, descifrar qué dicen esas ojeadas que no parpadean ni lagrimean. Es la vigilia de los ojos abiertos, el dolor del obstáculo que nos constituye como tropa de guerreros sin armas. Como una legión que vuelve del campo de batalla en silencio con soldados colgando de los hombros, algunos sin brazos, otros sin piernas. Derrotados en una pelea despareja desde el principio, pero luchadores al fin.

Es que la tristeza es como eso: una pelea despareja y siempre volviendo del campo de batalla con soldados sangrando colgados de los hombros. En la noche espesa, en el día gris, en la montaña jodida, en la tarde moribunda de un domingo sin fútbol. Aquí estamos compadres míos. Boqueando, salando heridas, tiritando entre las colchas, puteando a dos motores. ¡Hagamos otro asado carajo!

Un lunes más de perdedores, ¿o acaso esta no la sabíamos?