Opinión
Elogio del ocio
Hay que trabajar dos horas: los médicos laburarían más en la prevención sin tecnología y tendríamos más tiempo para conocer nuestros paisajes. Caminaríamos más o simplemente caminaríamos.
Si todos laburásemos solo 2 horas por día en este país, no haría falta sostener tanta burocracia institucional. Si todos laburásemos esas dos horitas nomás, la plusvalía que se lleva todo patrón sería ínfima, casi imperceptible.
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Repartiríamos los alimentos de nuestra tierra equitativamente y nos sobraría comida y alguno que otro producto manufacturado. Lo que sobra lo trocaríamos con pueblos vecinos por otros productos que nosotros no producimos.
Seríamos una aldea de prosumidores. Nos bastaría la auto-coexistencia, nos subsidiaríamos. La gente se dedicaría más a sus niños, a su tiempo libre, al arte y la cultura. Bajaríamos el nivel de stress, se caerían muchos negocios de la industria de medicamentos.
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Los médicos laburarían más en la prevención sin tecnología que nos devora los ojos con sus altísimos costos y tendríamos más tiempo para conocer nuestros paisajes. Caminaríamos más o simplemente caminaríamos.
Y todo se iría un poco al carajo, digo, la locura por la guita, la pilcha y el auto, el LCD, la notebook, el psicólogo y el psiquiatra. Solo con dos horas de laburo por día de lunes a viernes. Desde Pescarmona hasta el verdulero de mi esquina.
No sé, eso charlábamos con un amigo anoche tomándonos un vino. Pensando cómo construir un socialismo imposible.
No habría posesiones sino usufructos comunes según necesidades. No diríamos “mi mujer”, “mi esposo”, “mi novio”, “mi novia”, “mi perro”, “mi auto”, “mi poder”. No alardearíamos con frases como “tengo una casa de fin de semana”, “tengo una minita de fin de semana”, “tengo una religión de fin de semana”.
¿Suena a boludez? Pero suena.
No sé, eso charlábamos con un amigo anoche tomándonos un vino. Pensando cómo construir un socialismo imposible.
No habría posesiones sino usufructos comunes según necesidades. No diríamos “mi mujer”, “mi esposo”, “mi novio”, “mi novia”, “mi perro”, “mi auto”, “mi poder”. No alardearíamos con frases como “tengo una casa de fin de semana”, “tengo una minita de fin de semana”, “tengo una religión de fin de semana”.
¿Suena a boludez? Pero suena.


