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Opinión

Manifiesto por una sociedad insegura

Quiero viejos locos y de la cabeza que gobiernen desde el PAMI a todos los que corren pisando cabezas. Que desaparezcan las cárceles de la miseria, los hospicios, las casa cuna, las fundaciones de curas hipócritas que cogen, como debieran hacerlo todos los curas, sin secretos ni patologías del abuso.

No quiero una sociedad civilizada, tranquila y ordenada, con calles pulcras y adoquines de antaño lustrados. No. Jamás desearía una sociedad estable, sin conflictos, sin atascamientos en las calles, en flor, sumisa, calma, pura. Eso es la muerte nomás.

Esa sociedad de los discursos políticos, la del “consenso ilusorio” que solo beneficia a los poderosos en todos los planos de la vida. No quiero una sociedad segura, ni de sí misma, ni que se dé dique de limpia. Menos, muchos menos una sociedad de intelectuales bien pagaos, que siguen las olas como surfistas, ni poetas-escritores correctos o periodistas que solo dan “información”,  o médicos que apuestan solo a las tecnologías del negocio de la curación y la sanación.

No me interesan los amores controlados, los besos a escondidas, las camas tendidas con perfume a propaganda. No admito una sociedad de niños teletubies, de jóvenes preocupados por el futuro desangelando su presente.

Quiero viejos locos y de la cabeza, que gobiernen desde el PAMI a todos los que corren pisando cabezas. Que desaparezcan las cárceles de la miseria, los hospicios, las casa cuna, las fundaciones de curas hipócritas que cogen, como debieran hacerlo todos los curas, sin secretos ni patologías del abuso.

Apostemos ya de una buena vez por el desprecio a los psicofármacos que nos alienan, dejan estúpidos, babeando, durmiendo, para que no salgamos anárquicos por las calles a curarnos con gritos libertarios.

Que los escritores y los poetas vivan en las calles voceando sus letras y sensaciones saliendo de las entrañas, improvisando la novela de la vida, quemando televisores encendidos en todas las esquinas.

Que reine una hermosa anarquía conflictiva, de debate, de desconciertos. Matemos las certezas fundamentalistas, caminemos por las vías del tren conversando con desconocidos, hagamos una vida de marchas sin autos ni camiones ni trenes.

Que gobiernen los mitos por sobre la razón, pero los mitos cuchilleros de iconos malditos que dejan la vida en lo que hacen, que dejan la vida en las palabras y que muerdan los cuellos de los enemigos y nos convirtamos en vampiros insaciables.

Eso, eso es amor.