Opinión
Poema de las lanzas perdidas
Con el viento llegan las lanzas en zigzag
Entre las cabezas de los paseantes de los parques
De un cielo caen las más bellas
Las que saben dónde escrutarán
Las antiguas y artesanales lanzas de otros combates
De esas que quedaron en el aire
Surfeando entre nubes pétreas
Espumosas
Tras el repliegue en las derrotas de antaño
Lanzas perdidas, terregosas, finitas
Como rayos pasan frente a las ventanas del otoño
Son señales de batallas que se vienen
Son avisos de la historia tecnológica
Ni una antropología podría aprehenderlas en su vuelo rasante
Despeinan caballos y arboledas
Chirrían en los oídos de los amantes rurales
Marcan el territorio en los despeñaderos de pueblos tristes en pleno carnaval
Lanzas de indios y montoneras en errático viaje sin destino ni gloria
Ahora han de emerger en las diáfanas mañanas de las luchas sociales
Y el amor y la guerra – vaya si no son iguales-
Las espera con los pechos henchidos de justicias postergadas
No se quiebran ni se doblan
Han permanecido como satélites
Esperando la contingencia de un desvío cósmico
Para dar en la piedra que las ha escupido en su rebote hacia el sur de los pobres
Lanzas que sabrán de mil batallas
Como besos desesperados de quienes parten a las guerras
Y dejan al niño dormido soñando con la almohada y el arco.
Entre las cabezas de los paseantes de los parques
De un cielo caen las más bellas
Las que saben dónde escrutarán
Las antiguas y artesanales lanzas de otros combates
De esas que quedaron en el aire
Surfeando entre nubes pétreas
Espumosas
Tras el repliegue en las derrotas de antaño
Lanzas perdidas, terregosas, finitas
Como rayos pasan frente a las ventanas del otoño
Son señales de batallas que se vienen
Son avisos de la historia tecnológica
Ni una antropología podría aprehenderlas en su vuelo rasante
Despeinan caballos y arboledas
Chirrían en los oídos de los amantes rurales
Marcan el territorio en los despeñaderos de pueblos tristes en pleno carnaval
Lanzas de indios y montoneras en errático viaje sin destino ni gloria
Ahora han de emerger en las diáfanas mañanas de las luchas sociales
Y el amor y la guerra – vaya si no son iguales-
Las espera con los pechos henchidos de justicias postergadas
No se quiebran ni se doblan
Han permanecido como satélites
Esperando la contingencia de un desvío cósmico
Para dar en la piedra que las ha escupido en su rebote hacia el sur de los pobres
Lanzas que sabrán de mil batallas
Como besos desesperados de quienes parten a las guerras
Y dejan al niño dormido soñando con la almohada y el arco.
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