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Opinión
Día del Escritor: Hay un volcán y un rancho que se disputan el apocalipsis
He comido los fideos más ricos del mundo, con la salsa más rica del mundo, con el vino más rico del mundo; bajo el crepuscular encanto finito de un beso de adioses, de abrazos acorazados que van despegando una tibia tristeza.
He comido los fideos más ricos del mundo, con la salsa más rica del mundo, con el vino más rico del mundo; bajo el crepuscular encanto finito de un beso de adioses, de abrazos acorazados que van despegando una tibia tristeza.
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Los he comido tranquilo,
esperando que el tiempo se detenga con mi pausado caminar hacia los ambientes, colándome en la fuga herética de un instante feliz que muere,
derrama un par de lágrimas, y desata
un par de nudos en la garganta.
esperando que el tiempo se detenga con mi pausado caminar hacia los ambientes, colándome en la fuga herética de un instante feliz que muere,
derrama un par de lágrimas, y desata
un par de nudos en la garganta.
Si el vino compañero de soledades diáfanas,
como amaneceres subsaharianos, pudiera contarles
que he comido los fideos más ricos del mundo, con la salsa más rica del mundo,
tal vez,
la luna que se derrama en el patio podría ser contenida en una gran palangana para lunas de setiembre;
líquidas lunas, lácteas, crípticas pociones de nieve,
tozudas argucias de la distancia de las miradas y los lenguajes en silencio,
del silencio.
como amaneceres subsaharianos, pudiera contarles
que he comido los fideos más ricos del mundo, con la salsa más rica del mundo,
tal vez,
la luna que se derrama en el patio podría ser contenida en una gran palangana para lunas de setiembre;
líquidas lunas, lácteas, crípticas pociones de nieve,
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Sólo he de estar en la partida,
como ciervo cercado por las hienas,
entregado,
misceláneo,
minúsculo encierro del porvenir estentóreo.
como ciervo cercado por las hienas,
entregado,
misceláneo,
minúsculo encierro del porvenir estentóreo.
Del silencio, de muchos silencios, sabe la menta en un mojito estival, cuando el horizonte abraza la línea que divide.
Apareados, despegados.
Celosía generosa de las nueve de la mañana.
Hay un volcán y un rancho que se disputan el apocalipsis durante cien años.
Hay besos cautos en la avenida tumultuosa y lenguas curiosas que distribuyen la saliva perfumada sobre el cuerpo de los amantes heridos.
Y desde el cenit baqueteado de la infancia se erigen salmos populares,
oralidades paganas firmísimas en los ambages del semáforo,
palimpsestos deletreables, cansancios de un estado de bienestar luego del repiqueteo melómano de campanas lejanas,
de otros tiempos, de otras vidas.
Solo es posible respirar bajo la turba relumbrante de aromos.
Lo demás es secundario.
Lo demás, es.
Apareados, despegados.
Celosía generosa de las nueve de la mañana.
Hay un volcán y un rancho que se disputan el apocalipsis durante cien años.
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Solo es posible respirar bajo la turba relumbrante de aromos.
Lo demás es secundario.
Lo demás, es.
Marcelo Padilla