Opinión
Ser gay y ser puto
"...Ser puto, ser pobre y ser Eva Perón, en este país despiadado, es la misma cosa…" (Paco Jamandreu) Modisto de Eva Duarte de Perón.
Ser gay
Existe un discurso legítimo en la sociedad que, a pesar del espanto conservador, ha logrado instalarse en el imaginario colectivo. Se trata de la aceptación de los homosexuales en tanto miembros de la “comunidad gay”. Forman una comunidad dentro de la sociedad, y hasta ahí, está todo bien para el ciudadano medio. Se juntan en sus lugares, se festejan, marchan por sus reclamos, tienen sus páginas en Internet, “hacen la suya… mientras no te jodan a vos, todo bien” –diría el kiosquero de la esquina o el sodero con el pucho en la comisura de los labios-. Se los acepta en tanto no se mezclen explícitamente en la sociedad. Por ejemplo, no hay candidatos a diputados que se declaren homosexuales o funcionarios del ejecutivo que públicamente lo manifiesten. Más por represión moral que por prohibición legal, ningún maestro podrá explícitamente declararse homosexual ante los niños o que su pareja lo espere en la puerta de su trabajo y le chante un beso, como hacen los heterosexuales con las suyas.
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El discurso permite “la existencia del otro” pero nunca incorporado a un “nosotros” general como sociedad. He aquí la trampa ideológica del supuesto reconocimiento de las minorías sexuales. Están allá, lejos, han avanzado, se han hecho públicos sus festejos (vendimia gay) pero que no se acerquen demasiado para articularse como equivalencia. Como bien señala el sociólogo español Javier Sáez “Las leyes crean sus propios marginados, las leyes que prohíben las drogas crean a los drogadictos, las que discriminan a los homosexuales crean los guetos, las que marginan a los inmigrantes crean el racismo. El yonki, el gay, el negro, no existen, son productos culturales, sociales”.
La expresión “comunidad” tiene raíces en el pensamiento historiográfico alemán y se acuñó para diferenciarla del concepto de “sociedad”. “Comunidad” remite a relaciones más proxémicas, relaciones simples, sin mediaciones. Mientras que la noción de “sociedad” se le opuso para caracterizar los cambios socio-económicos que produjo el nacimiento del capitalismo con la aparición de las sociedades industriales, remite a relaciones más complejas y mediadas. Tal diferenciación, base del pensamiento sociológico, puede encontrarse en el alemán Max Weber en su obra capital “Economía y Sociedad”, uno de los clásicos de la sociología junto a Marx y Durkheim.
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Por tanto, hablar de “comunidades” en la sociedad contemporánea, no deja de encapsular cierta contradicción: a la vez que advierte sobre la existencia de grupos identitarios quienes solo a través de la noción de comunidad pueden ser identificados y posteriormente reconocidos, conforman un gueto aislado para preservar la higiene moral de la sociedad.
El término gay es un anglicismo, un préstamo procedente del inglés. Fue incluido en la vigésimo segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), edición del 2001. Proviene del vocablo provenzal gai (en castellano gayo, como en La gaya ciencia) y significa alegre o pícaro. En la Inglaterra victoriana, el término gay se aplicaba a los hombres que ejercían la prostitución homosexual, por el modo alegre del que vivían y se vestían. Finalmente el término gay boy ("chico alegre" o prostituto) se convirtió en sinónimo de homosexual dentro de la lengua inglesa.
El termino o noción “gay” fue ganando terreno frente al de “homosexual” o “puto”. Se instituyó más abarcativo para diversas opciones sexuales y sirvió para sentar las bases lingüísticas en los medios de comunicación, como en el ambiente empresarial argentino, y transformar una lucha por los derechos, en un buen negocio de lo diverso. Como se sabe, la Capital Federal de nuestra república es uno de los destinos por excelencia de los turistas homosexuales. Hoteles, spa, boliches, tiendas, bares y restó, pululan por los barrios coquetos de Capital. Actitud Buenos Aires diría el slogan PROgresista. La guía gay da una muestra de ello.
Ser puto
Bienvenida la diversidad y su aceptación. Era hora. Sin embargo, la simbología gay que conforma diferentes opciones sexuales ha sido utilizada para distinguir categorías de homosexuales. Ser gay tiene “glam” y ser puto tiene “grasa”. Los “putos” (término despectivo y de suburbio para referirse al homosexual) no son gays, más bien son unos pobres negros de barrios pobres sin estilo, que circulan por la periferia de las ciudades.
A ellos no va dirigido el reconocimiento de derechos en tanto el mismo primero pasa por el filtro del mercado, del negocio. Mal pintados, con ropas ridículas y de segunda, los putos cobran dos mangos por una “chupada”, mientras los gays, con todo el glamour, si se prostituyen, cobran mucho más por una “francesa”. El travesti, puto, negro y del suburbio se inyecta cualquier cosa para tener tetas, y muchos mueren, anónimos, en féretros de cuarta. Mueren en su putez pobre y excluida por la sociedad y por la misma comunidad “gay”, la del glamour, que se ocupa del “negocio de la diversidad sexual”.
Hoy Mendoza contiene una gran “comunidad homosexual” la cual tras el negocio de algunos empresarios, han logrado instalar y producir la “emergencia” del “discurso gay” y la aceptación de los homosexuales. Ya no espanta una disco llena de travestis y menos aún si un multimedio apoya la producción de la “Fiesta de la Vendimia Gay” con todo el glamour de Gabriel Canci. Como coronación de ello, con el visto bueno de gobiernos conservadores o progresistas, tenemos una vendimia gay en la provincia, cada vez más producida y profesionalizada. Una fiesta que a la vez incluye a los homosexuales y excluye a los putos/negros/grasas. Los putos son innombrables, no mantienen las formas sociales, están fuera de la regla de la aceptación lograda. Y allí no van, porque no pueden entrar o porque no pueden pagar. El puto del suburbio es estigmatizado por su doble condición. ¿Racismo de clase en la propia comunidad homosexual?