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Opinión

Sociología de la familia infeliz mendocina

El hogar está poblado de confort. Electrodomésticos que baten los huevos y te acarician la cintura. Él trabaja de gerente en una bodega de capitales españoles y ella no trabaja. Se levanta para apurar a los chicos para el desayuno hasta que llega la empleada que trabaja 8 horas por día en la casa. A la escuela los lleva el padre.
Protagonistas de una típica serie sobre una familia de clase media/alta. Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Protagonistas de una típica serie sobre una familia de clase media/alta. Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
La familia infeliz está compuesta por cinco miembros: esposa, esposo, dos varones y una nena. Él tiene 42 y ella 38. Los niños en edad escolar primaria van a escuelas privadas carísimas. Él cambió el auto por cuarta vez desde que se casaron. Ahora tiene un Audi A4 2012, 3.0 TFSI de 330 CV que le salió alrededor de los 70.000 dólares. Ella conserva su Peugeot 308 2010, cinco puertas. En sus 12 años de casados vivieron primero en una casa en la quinta sección que les prestaron los padres de la –por entonces- flamante esposa. Luego, al cuarto año de casados compraron una casa en un Loteo privado, donde residen actualmente.

El hogar está poblado de confort. Electrodomésticos que baten los huevos y te acarician la cintura. Él trabaja de gerente en una bodega de capitales españoles y ella no trabaja. Se levanta para apurar a los chicos para el desayuno hasta que llega la empleada que trabaja 8 horas por día en la casa. A la escuela los lleva el padre. De ahí la mujer se va al gimnasio del complejo y transpira y transpira. Charla con el apuesto trainer del lugar, amablemente. Hay onda, “sex apell”, “feeling”. Todas palabras en inglés, modismos de clase alta que significan en el barrio “están calientes”, “se quieren encamar” “el chabón se la está garchando” o “la mina se curte al entrenador”.

Los niños vuelven a las 17 porque pasan el día entero en la escuela. Allí comen, estudian, hacen ejercicios y practican inglés. Y les va bien en la escuela, son buenos alumnos. Por la tarde juegan al rugby los varones y la nena no. La nena no juega a nada. Se la pasa en su notebook desde las 18 hasta a las 22  cuando se sirve la cena en familia.

Él trabaja de 9 a 22. Hace cafecito con un par de gerentes de otras bodegas de arranque matinal, “lobby” que le dicen,  y se la muestran a ver quien escupe más lejos. Esto es en términos de clase alta “hablar de los sueldos” y la rentabilidad de la empresa, además de contarse lo último que compraron en tecnología, autos y por supuesto: las minas que se están cojiendo. Él es un tipo más bien pintón con algunas canas que lo tornan seductor, de buen porte y con un pasado deportista. Garpa. Tiene una pendeja de 26 que se come a la siesta que es secretaria del abogado de la empresa donde trabaja un amigo suyo. Los amantes cogen apasionadamente en telos y departamentos de amigos solteros, pero nunca falta una buena fellatio en la ruta camino a Tunuyán.

La familia vive organizada de lunes a lunes. Los viernes por la noche juntada con amigos en común en algún restaurant y sin niños. Y los sábados, juntada con amigos en común en casas con niños. Así juegan, entre ellos. Son de tomar vino del mejor, champán de sobremesa y al final, ya entonados, whisky importado. Terminan en pedo. No borrachos porque eso es para los pobretones, solo ebrios. Hacen papelones pero sutilmente. Por ejemplo, tocarle el culo a la mujer del amigo cuando va ella a la cocina a buscar el postre y él se para a buscar un champán a la heladera. Esas cosas nomás, que no se cuentan ni se dicen y se hacen y no pasa nada hasta que pasa, y uno se calienta demasiado con el otro y saca un chumbo de la caja fuerte y le dispara en la frente a su amigo y a su esposa en medio de todos los invitados. Mientras, los niños siguen jugando en la pieza con sus notebooks.

Luego la sangre se limpia, se piensa en ocultar pitutos.