Opinión
Pintura especular para Mechita
Estoy abrazado a mi amor en la cama aferrado a su espalda. Es de noche, larga noche.
Estamos a oscuras y ella duerme. Por una rendija, posado mi mentón a su hombro izquierdo, miro con un solo ojo quieto. Y miro en la oscuridad como un gato.
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Veo, a tipos caminando por la arena con las caras largas y sombras de barcazas abandonadas. Mujeres que lavan la ropa en palanganas gigantes y a niños desnudos que corretean a las olas, pateándolas como botijas, como si fueran miles de pelotas de espuma.
En el aire parece que flotaran cruces de lata de los muertos de ayer.
No me muevo un ápice.
De tanto en tanto cae del ojo quieto una lágrima de sal que no es llanto sino sosiego, grieta sostenida del ojo inmóvil, por no parpadear. Y con esa sal acuosa de horas riego el cuerpo de mi amor y la cama y la pieza.
Ahora nado con ella en el espejo.
Y flotamos en la misma posición dentro del espejo.
Ahora miro desde el retrato especular a un tipo abrazado a su amada por la espalda con un ojo quieto que me ausculta fijamente y del cual cae una dócil catarata de agua.
Pero ella no está dormida. Ella filma el cuadro a su antojo y ve a una mujer con un hombre prendido de su espalda.
Ella percibe, en el espejo a oscuras, la placidez del silencio, el amor descansando, las barcazas pobladas, los niños bajando de ellas, el mar en la cama.
Una calma parecida a un después de una guerra apasionada.



