Opinión
Esto es un atentado... a la indiferencia
Siento rabia al saber que en este país una víctima de la violencia y de la ignorancia colectiva, es una muerte más. Cuando acabará esta galería de muertos, de odios, de miserias, de hambres, de miedos, de valientes sin causa? Que herencia tan bonita la que estamos construyendo, que legado tan hermoso estamos dejando a la humanidad, que tristeza...
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Nuestro objetivo en la vida no debería ser “vencer, sino convencer”. Un día escuche decir al pedagogo Antanas Mockus que “las muertes descompletan las ciudades”. De esas dolorosas muertes esta sociedad nunca se recuperará.
Algo que influye notoriamente en la matanza cotidiana que estamos viviendo es el fracaso de dos de las principales escuelas de la sociedad: LA FAMILIA y LA ESCUELA. Allí tenemos que apuntar con acciones concretas que le apuesten a una educación basada en principios y valores, desde el ejemplo, que ayude a nuestros niños y jóvenes a construir proyectos de vida basados en, como diría Héctor Abad Gómez una “pedagogía de la tolerancia”.
Esta sociedad debe entender que no nacimos violentos, aprendimos a serlo. Y que es hora de trabajar para que la violencia deje de ser parte de nuestras vidas, de todos los días. Porque no basta con desear la paz, hay que hacerla día a día. Ello supone no colaborar con las injusticias, “la no cooperación con el mal es un deber sagrado” afirmaba Gandhi, allí donde se den las injusticias, independientemente de la forma en que se den, del tamaño que tengan y de quién las realice. Debemos impulsar modelos sociales y políticos más justos y democráticos y para esto la vía más eficaz y humana es la noviolencia activa, su empleo, a diferencia del de la violencia, no genera ni nuevas injusticias ni mayores sufrimientos.
Te invito a ser un guerrero de la paz y de la vida, un ser humano símbolo de honor y dignidad en medio de la guerra, te invitamos a ser la esperanza de la patria.
Recuerda que no solo es culpable el que mata sino también el que sabiendo lo que va a pasar, no hace nada. Por ejemplo negarle la ayuda a una persona que está en peligro es una acto inhumano y cobarde. La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta por todos y todas.
¡Es hora de despertar! ¡Es hora de manifestarnos! De rebelarnos y de que nuestra voz, se comience a escuchar. Son tiempos de cambio es nuestro tiempo y nuestro espacio. Esta generación se despierta y dice: ¡Basta de violencia! ¡Basta de discriminación! tenemos la necesidad de valorar nuestros gustos, al ser humano integro, a la creatividad y las nuevas formas de relacionarnos. Sí, son tiempos de evolución interna y social, tiempos de re-evolucionar nuestras mentes y manifestar qué no nos cabe en la cabeza ninguna muerte violenta.
Tu, yo, ellos, todos, tenemos el derecho a una muerte digna y natural
No nos cabe en la cabeza: una ciudad llena de fronteras, no nos cabe el asesinato de niños, jóvenes, y de todo hombre o mujer. Nos no cabe que un colegio o escuela sean utilizados como expendio de drogas. No nos cabe que un policía jure ante Dios y la patria defenderme y luego se venda por 30 monedas. No nos cabe, no nos cabe…
Démosle una oportunidad a la paz. Como dice Antonio, un señor poeta de mi barrio: “Esto se trata de amor, Esto se trata del alma, Se trata de decidir, cómo quisieras vivir… con armas, odio y dolor, o con fe…con esperanza.”
Te invito a romper la cadena de esquemas destructivos en nuestra familia, en nuestra sociedad. Porque tu vida me importa, te invito a desarmarte.
Juan Pablo II lo mencionó en uno de sus mensajes “El desarme tiene que ir acompañado de pequeños gestos de paz en la vida cotidiana”, la invitación es que cada uno, en su ambiente, genere gestos pacíficos. La paz, según la encíclica del Papa Bueno, “no consiste en la ausencia de guerra sino en mucho más: la paz se construye sobre principios morales que reconozcan la libertad humana”.
Y aquí quiero mencionar la parodia acerca de la Paz que algún día hicieron en un programa de humor colombiano: “Aquí todo el mundo habla de paz, y nadie se compromete…” es cierto, si no nos comprometemos desde nuestro espacio, desde ese espacio en que cada uno de nosotros interactúa, va a ser muy difícil. El desarme entonces comienza desde nuestros hogares, escuelas, colegios, pero especialmente desde nosotros mismos.
Que lástima que Medellín es una ciudad en la que las armas y la ley se negocian en cualquier esquina. Pero nosotros debemos estar comprometidos a no seguirle más el juego a este comercio de armas. No nos involucramos en la compra y venta de armas de ninguna clase, no nos interesan, no las necesitamos, no estamos dispuestos a hacerle daño a nadie, ni estamos dispuestos tampoco a ser cómplices de ninguno de estos negocios y mucho menos de ninguna muerte violenta.
Hoy nuestra arma, nuestra única arma es “la palabra”. El dialogo es hoy nuestra opción, nuestra herramienta. Es un valor que hemos recuperado y que no estamos dispuestos a perder. Con el uso de esta a diario le estamos diciendo a los violentos que no es contra ellos que estamos hoy trabajando, no es contra ningún ser humano que hoy estamos realizando actividades a favor de la vida. Es en contra de muchas acciones que nos perjudican, que nos dañan, que nos contaminan, que nos mueven el corazón, que “nos matan” y “matan a nuestra gente”. A todos los queremos entender, los queremos respetar, pero también exigimos, y hoy con argumentos Noviolentos que nos respeten, que respeten nuestra opción de no participar del conflicto armado, que respeten la Vida…
Pretendemos construir comunidad, con y por medio de las palabra, del dialogo concertado y sin utilizar en contra de nadie armas, y ningún otro método violento. Y para aquellos que piensan que las armas se hicieron para igualar a los hombres, sí es cierto: “PERO POR LO BAJO, POR LOS MÁS BAJO”.
No podemos seguir en un mundo donde soñar se le olvido a la gente, y en donde soñar se convierte en un acto ridículo en medio de las miles de preocupaciones que los seres humanos tenemos a diario.
Yo sueño a diario un país en donde la gente pueda caminar por las calles sin escoltas y pueda ir a sus fincas sin el temor de ser secuestrada o asesinada. Sueño con un país en donde los niños y jóvenes que hoy están creciendo en mi barrio, el último en la zona noroccidental de Medellín, puedan crecer y desarrollarse como personas dignas. Que puedan estudiar y tener un plato de comida digna antes de ir a la escuela o al colegio. Y que luego puedan acceder a la Universidad y a oportunidades laborales dignas. Sueño un país en donde los seres humanos no valgan por la ropa que lleven puesta, sino más bien que tengan valor porque son únicos e irrepetibles.
Como escribió un día Carlos Castro Saavedra: “Cuando se pueda andar por las aldeas y los pueblos sin ángel de la guarda. Cuando sean más claros los caminos y brillen más las vidas que las armas… Sólo en esa hora podrá el hombre decir que tiene patria.”
Porque el mismo Saavedra lo dijo también: “Nadie tiene derecho a matar a nadie, ni a convertir su propio rostro en un puñado de cenizas…”


