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Opinión

Homenaje al "Laucha" Johnston, un jugador de la vida

El Laucha sufre con el Tomba desde Paraná, lo sigue y lo sufre. Y hoy sufre aún más, porque el martes fue operado de su pie goleador, el que le dio muchísimas emociones al Tomba a fines de los sesenta. Si ayer fue un destacado delantero que salía en los diarios en las buenas, hoy lo homenajeamos en las malas, como hacemos los que no perdemos la memoria.

Se llama Norberto Euclides Johnston, nació en Paraná (Entre Ríos), el 1 de abril de 1946. Perteneció a una familia acomodada de esa ciudad y es el más chico de sus hermanos.
Su padre  era hijo de inmigrantes escoceses, y su madre de franceses.  Desde muy chico su pasión fue el futbol, fanático hincha de Boca Juniors, tanto, que cuando lo probaron en las inferiores de River Plate  no quiso quedarse porque sintió que era una traición al club que admiraba.

El Laucha Johnston se inicia en Instituto de Córdoba, pero su crecimiento como futbolista (donde hoy es recordado como ídolo) es Patronato de Entre Ríos, club que milita en la B Nacional por estos años, donde fue goleador. También jugó en Unión de Santa Fe durante un tiempo.

En síntesis: Instituto, Patronato, Unión de Santa Fe, Godoy Cruz de Mendoza y Universitario serán los equipos donde militó el Laucha.

Pero lo que nos importa aquí es su paso por Godoy Cruz Antonio Tomba. Será a principios de 1968 cuando es contratado a préstamo a Patronato de Entre Ríos para reemplazar a un tal Roldan. Es en el mismísimo Tomba donde hará su mejor amistad con el legendario Chalo Pedone, el arquero maravilla de aquellos años.

El delantero paranaense alistó la tropa bodeguera de temer en los setenta con Pedone, Forti, Montagnoli, el lobo Pereyra y Alberto Castro; Hugo León, Schanz, Antonio Navarrete, Osvaldo Camargo, Norberto Johnston, y Juan Santos Argañaraz; entre otras formaciones.

Según las crónicas de la época a Johnston lo tenían como un gran delantero, que bajaba a buscar la bocha y acompañaba el ataque y que además hacía goles. Una Laucha que con picardía jugueteaba entre los gatos rivales para hacerse del gol y enloquecer a los hinchas tombinos.

El viernes 8 de noviembre de 1968 Godoy Cruz obtuvo el título de campeón, después de 14 años en la liga local. La final fue con su tradicional clásico departamental, Talleres. Y la formación del equipo que le dio la copa fue la siguiente:

TAZARE, PEDONE, PEREYRA, MONTAGNOLI, BERT, CASTRO, CARBINI, SEPULVEDA, FORTI, LEON, PUPPATO, SCHANZ, CAMARGO, ARGAÑARAZ, ROLDAN, JOHNSTON, NAVARRETE, NUÑEZ, PARDO, SANTILLI, FERNANDEZ.

El técnico de aquel campeón fue Pastor Acosta Barreiro (hasta la fecha 27), el preparador físico Ricardo Turesso, y de ahí en adelante ejerció ambas funciones Miguel Converti.

El Laucha era un ganador y según los que lo conocieron un tipo muy simpático, entrador, bonachón y  muy querido. En su paso por Mendoza cultivó muchas amistades pero su compadre aquí es el Chalo Pedone, con el cual habla por teléfono cada tanto para recordar viejas tardes de sudor y gloria, de nostalgias y asados entre amigos.

Pero el Laucha, lejos de planear un futuro económico salvador como hoy lo hacen la mayoría de los futbolistas, vivió la vida, la estrujó y como en el tango la hizo hilacha, como lo hizo con la de cuero. Su fortuna por aquellos años la pierde en el juego y la noche, las mujeres y los amigos. Un hombre común que de joven hacía changas, jugaba al fóbal y se divertía.

Un hombre que tiene tres hijos: Carina, la mayor, que vive en Mendoza y dos varones, Cristian y Darío, más cuatro nietos: Daniela, Sofía, Facundo y Valentina. Sus amorcitos.

El Laucha sufre con el Tomba desde Paraná, lo sigue y lo sufre. Y hoy sufre aun más porque el martes fue operado de su pie goleador, el que le dio muchísimas emociones al Tomba a fines de los sesenta. Si ayer fue un destacado delantero que salía en los diarios en las buenas, hoy lo homenajeamos en las malas, como hacemos los que no perdemos la memoria.

Gracias Laucha