Opinión
Entre la poesía y la locura
Desde la ciudad de Medellín, Colombia, el periodista y director de la Corporación Jerusalén Juan Diego Restrepo Restrepo se acerca al Hospital Mental de la zona y realiza una crónica que cuenta la historia de Katherine, una joven poeta que atraviesa la cruda realidad de vivir con su madre, una paciente maniaco depresiva, un trastorno psiquiátrico que mantiene a quien lo sufre entre el extremo de la depresión y la euforia incontrolable
Amo al sol porque anda libre,
sobre la azulada esfera,
al huracán por que silba
con libertad en las selvas.
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Cuando la escuche cantar inmediatamente me di cuenta que ella era una paciente psiquiatrita. Al principio casi no pude mirarla y para ese momento una risa nerviosa me invadió completamente. Se encontraba sentada al borde del pasto verde, que rodeado de flores amarillas combinaba perfectamente con la tarde calurosa y radiante.
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Al fondo y a un costado de la sección de “Urgencias” del Hospital Mental de Antioquia encontré a Katherine, una joven de 28 años con más pesadillas que sueños, pero aún con sueños, aún con anhelos de forjarse un buen futuro para ella y para su hija Valentina de tan sólo dos años. Su madre de 53 años es la mujer que canta sin parar junto al césped, desde los 15 es paciente maniaco depresiva, un trastorno psiquiátrico que mantiene a quien lo sufre entre el extremo de la depresión y la euforia incontrolable.
“En algunos momentos llora por todo y en otros, quema las cosas, es violenta y hace todo lo posible por dañar cualquier tipo de relación afectiva que conozca”, cuenta Katherine quien agrega: “En los últimos ocho días, casi no he podido dormir y me la traje porque necesito descansar y aquí en el Hospital la dejan internada hasta 23 días”.
Cada tres o cuatro meses es la misma historia, Doña Miriam tiene que ser trasladada por su hija al Hospital y como hay algo en ella que le hace entender “que es un problema”, sale sin oponerse y hasta manifiesta: “Me voy para el hospital para que descansen de mi”.
El hospital Mental es uno de los nueve hospitales públicos que hay en Colombia, constituido como Empresa Social del Estado (E.S.E) y administrado directamente por la Gobernación de Antioquia. Desde hace 129 años, en 1878 comenzó a funcionar como un “hospital para locos” que fue llamado popularmente “casa de locos” y que funcionó en diferentes casas en el centro de la ciudad tomadas en alquiler. El 27 de Julio de 1888 mediante ordenanza No. 24 de la misma fecha se constituyó oficialmente como el “Manicomio Departamental”, para esto se construyó un edificio nuevo en la Avenida la Playa con la carrera Córdoba. La edificación contó con 132 celdas de 2,5 metros de ancho por 5 metros de largo e inicialmente albergó a 39 “locos” que venían de la última “casa de locos”. Para entonces la ley promulgaba que ellos, los “locos” y los “perros”, debían estar aislados del resto de la sociedad, encerrados, e incluso, amarrados.
Epifanio Mejía quien compuso la letra del himno antioqueño, estuvo, después de perder la razón a los 30 años, internado hasta el día de su muerte en el Manicomio Departamental. Una gran paradoja en la vida de un hombre con una profunda obsesión por la libertad demostrada en la letra de sus poemas y especialmente en el poema El Canto del Antioqueño que luego fue adaptado como el Himno de Antioquia. Enloqueció, pero podríamos decir que jamás la historia ha conocido un loco tan bien puesto, ya que en plena reclusión escribió grandes poemas, muy cultos por cierto. En el Manicomio componía, improvisaba y hasta resolvía asuntos matemáticos . Epifanio fue catalogado como: “Un astuto bergante que prefirió el manicomio a la vida de las responsabilidades sociales” , al final de su vida recuperó sospechosamente la razón, y recibió los últimos sacramentos asistido de todas sus facultades y brindando incluso consejos como el más sabio de los moribundos…
Para éste momento doña Miriam pasó de la alegría a la tristeza y al acercarse llorando expresa lo incomprendida que es y lo mucho que le ha tocado sufrir con sus hijos. En total son cinco, cuatro hombres y una mujer –Katherine- la única que todavía la acompaña, los demás la abandonaron incluyendo su esposo quién ahora tiene otra familia. Y aunque el menor de los hermanos, un joven de 21 años vive aún con katherine y su madre, no quiere saber nada de ella y se ha convertido en fármaco dependiente, -consumidor excesivo de marihuana-.
“Ya he adelgazado 10 kilos en un mes, pero lo que más me preocupa es mi hija Valentina, ya que su abuela es un referente para ella” expresa Katherine con su mirada profunda, aparentemente tranquila. Ella parece haber aprendido a convivir con este problema y una cosa si tiene clara, a su mamá no la abandona, no la quiere ver sumida en la indigencia, pero sabe que el precio que deberá seguir pagando para brindarle una vida digna será cada vez más caro, económicamente y emocionalmente. Ahora doña Miriam transforma nuevamente su estado de ánimo y decide correr por el Hospital de la mano de Valentina, Katherine debe ir por ellas, para protegerlas de algún peligro y para no perder la cita que desde hace tres horas esperan en la sección de urgencias. El procedimiento es claro, para poder internarla un médico psiquiatra valora su estado y luego se inicia un proceso de medicación y de terapias con un equipo de profesionales.
El Hospital cuenta con cuatro pabellones: para mujeres, hombres, adolescentes y uno especial para pensionados a donde llegan por ejemplo miembros de la policía o del ejército que presentan alguna patología psiquiátrica debido a situaciones extremas durante el servicio. Y un quinto pabellón para pacientes inimputables en donde se internan personas que han cometido algún delito y en cuya sentencia el juez determina desde dictamen médico que el delito fue cometido bajo una “crisis psiquiatrita”. En los primeros cuatro pabellones la duración del tratamiento tiene un promedio de 20 días aunque algunas personas salen en menos tiempo, y para el pabellón de pacientes inimputables el tiempo lo determina el juez.
En 1946 el Manicomio Departamental llegó a albergar 1.236 personas, una situación de inhumano hacinamiento que se llegó a calificar como un campo de concentración. Para ese tiempo se utilizaban métodos como aislamiento en jaulas, esposas, sacos de fuerza, hipnóticos, sedantes y electro choques. A partir de 1950 se inicio una época de transformación, aunque se intensificaron y perfeccionaron los tratamientos anteriores se introdujeron nuevos métodos de psicoterapia y trabajo social. Para 1955 se consolidó un trabajo más humano con personal científico, se mejoró el presupuesto hospitalario, se adquirieron equipos científicos modernos y se dio inició a la construcción del nuevo Hospital Mental en Bello.
En 1965, la comunidad de Hermanas de la Presentación que atendían a los pacientes desde 1906 se retiraron y en su reemplazo llegaron enfermeras graduadas de la Universidad de Antioquia. Para este período se habían hecho grandes avances, la sociedad había entendido que los pacientes psiquiátricos se podían recuperar desde la psicología, la psiquiatría, el trabajo social y otras áreas de las ciencias humanas, y lo más importante, se había comprendido que se podía convivir con ellos y que no era necesario aislarlos e internarlos para toda la vida.
Actualmente, el Hospital atiende pacientes que llegan por esquizofrenia, trastorno afectivo bipolar, depresión y depresión mayor, es decir, pacientes que se han intentado suicidar, por trastornos de ansiedad, estrés postraumático, psicosis exotóxica generada por el consumo de sustancias, por anorexia y bulimia y pacientes maniaco depresivos como doña Miriam. Según los estudios sobre el tema, los trastornos psiquiátricos son enfermedades hereditarias (transmitidas genéticamente) y aunque todos los seres humanos pasamos por ansiedades, depresiones y pánicos esto sólo es malo cuando se vuelve patológico, cuando nos afectamos profundamente y afectamos el entorno. Se ha comprobado científicamente que para llegar al extremo de una enfermedad mental nuestro organismo tiene que estar predispuesto genéticamente.
Doña Miriam es una paciente que debe consumir medicamentos durante toda la vida, cosa que ella nunca hace. Cada vez que es internada sale del hospital como una persona totalmente normal con la disposición de afrontar conversaciones de una manera muy inteligente. “Después vuelve y recae, yo me doy cuenta por su mirada y por las palabras que dice. Impone y no escucha, canta, ella siempre canta,” cuenta Katherine a quien no sólo le ha tocado cargar con esa responsabilidad de cuidar sola a su Madre, sino también con el peso de una violación que sufrió a los 15 años cuando se desplazaba del colegio hacia a su casa. “Yo guardaba la plata del algo para ajustar en la compra de los libros, por eso caminaba en la noche más o menos una hora del colegio a la casa, y ahí paso lo que paso…”.
Ella no puede conseguir amigos porque su Madre se encarga de dañarle cualquier tipo de relación que tenga, “yo pensaba llegar virgen al matrimonio y me violaron, le cogí miedo a los hombres, luego tuve a mi hija Valentina y el papá no respondió tampoco…” Violada, madre soltera y sin trabajo esta joven de ojos verdes, dos cosas no ha perdido: la esperanza y el amor por su madre.
En el festival de poesía de la ciudad de Calí en el año 2000, Katherine ganó un reconocimiento en la convocatoria a poetas jóvenes con un poema llamado Legado de Van Gogh. La poesía es su estimulo, su pasión, su desahogo, su esperanza, su entretenimiento. Siempre he creído que todos los poetas aman la vida y se inmortalizan desde la poesía misma. Y si es verdad que la poesía recompensa a quien la escribe, con esta joven la recompensa tendrá que ser doble o triple, no sólo por ser poeta, sino también por lo que hace con su madre.
El tan anhelado llamado por fin llegó, casi cuatro horas de espera terminan, Katherine se despide mientras yo la observo recoger alguna ropa que traía en una bolsa y que minutos antes su madre había regado en el césped. Mientras me despido pienso casi en voz alta que la vida no se queda con nada y para Katherine y su hija Valentina tiene que haber algo muy hermoso guardado…
Cada tres o cuatro meses es la misma historia, Doña Miriam tiene que ser trasladada por su hija al Hospital y como hay algo en ella que le hace entender “que es un problema”, sale sin oponerse y hasta manifiesta: “Me voy para el hospital para que descansen de mi”.
El hospital Mental es uno de los nueve hospitales públicos que hay en Colombia, constituido como Empresa Social del Estado (E.S.E) y administrado directamente por la Gobernación de Antioquia. Desde hace 129 años, en 1878 comenzó a funcionar como un “hospital para locos” que fue llamado popularmente “casa de locos” y que funcionó en diferentes casas en el centro de la ciudad tomadas en alquiler. El 27 de Julio de 1888 mediante ordenanza No. 24 de la misma fecha se constituyó oficialmente como el “Manicomio Departamental”, para esto se construyó un edificio nuevo en la Avenida la Playa con la carrera Córdoba. La edificación contó con 132 celdas de 2,5 metros de ancho por 5 metros de largo e inicialmente albergó a 39 “locos” que venían de la última “casa de locos”. Para entonces la ley promulgaba que ellos, los “locos” y los “perros”, debían estar aislados del resto de la sociedad, encerrados, e incluso, amarrados.
Epifanio Mejía quien compuso la letra del himno antioqueño, estuvo, después de perder la razón a los 30 años, internado hasta el día de su muerte en el Manicomio Departamental. Una gran paradoja en la vida de un hombre con una profunda obsesión por la libertad demostrada en la letra de sus poemas y especialmente en el poema El Canto del Antioqueño que luego fue adaptado como el Himno de Antioquia. Enloqueció, pero podríamos decir que jamás la historia ha conocido un loco tan bien puesto, ya que en plena reclusión escribió grandes poemas, muy cultos por cierto. En el Manicomio componía, improvisaba y hasta resolvía asuntos matemáticos . Epifanio fue catalogado como: “Un astuto bergante que prefirió el manicomio a la vida de las responsabilidades sociales” , al final de su vida recuperó sospechosamente la razón, y recibió los últimos sacramentos asistido de todas sus facultades y brindando incluso consejos como el más sabio de los moribundos…
Para éste momento doña Miriam pasó de la alegría a la tristeza y al acercarse llorando expresa lo incomprendida que es y lo mucho que le ha tocado sufrir con sus hijos. En total son cinco, cuatro hombres y una mujer –Katherine- la única que todavía la acompaña, los demás la abandonaron incluyendo su esposo quién ahora tiene otra familia. Y aunque el menor de los hermanos, un joven de 21 años vive aún con katherine y su madre, no quiere saber nada de ella y se ha convertido en fármaco dependiente, -consumidor excesivo de marihuana-.
“Ya he adelgazado 10 kilos en un mes, pero lo que más me preocupa es mi hija Valentina, ya que su abuela es un referente para ella” expresa Katherine con su mirada profunda, aparentemente tranquila. Ella parece haber aprendido a convivir con este problema y una cosa si tiene clara, a su mamá no la abandona, no la quiere ver sumida en la indigencia, pero sabe que el precio que deberá seguir pagando para brindarle una vida digna será cada vez más caro, económicamente y emocionalmente. Ahora doña Miriam transforma nuevamente su estado de ánimo y decide correr por el Hospital de la mano de Valentina, Katherine debe ir por ellas, para protegerlas de algún peligro y para no perder la cita que desde hace tres horas esperan en la sección de urgencias. El procedimiento es claro, para poder internarla un médico psiquiatra valora su estado y luego se inicia un proceso de medicación y de terapias con un equipo de profesionales.
El Hospital cuenta con cuatro pabellones: para mujeres, hombres, adolescentes y uno especial para pensionados a donde llegan por ejemplo miembros de la policía o del ejército que presentan alguna patología psiquiátrica debido a situaciones extremas durante el servicio. Y un quinto pabellón para pacientes inimputables en donde se internan personas que han cometido algún delito y en cuya sentencia el juez determina desde dictamen médico que el delito fue cometido bajo una “crisis psiquiatrita”. En los primeros cuatro pabellones la duración del tratamiento tiene un promedio de 20 días aunque algunas personas salen en menos tiempo, y para el pabellón de pacientes inimputables el tiempo lo determina el juez.
En 1946 el Manicomio Departamental llegó a albergar 1.236 personas, una situación de inhumano hacinamiento que se llegó a calificar como un campo de concentración. Para ese tiempo se utilizaban métodos como aislamiento en jaulas, esposas, sacos de fuerza, hipnóticos, sedantes y electro choques. A partir de 1950 se inicio una época de transformación, aunque se intensificaron y perfeccionaron los tratamientos anteriores se introdujeron nuevos métodos de psicoterapia y trabajo social. Para 1955 se consolidó un trabajo más humano con personal científico, se mejoró el presupuesto hospitalario, se adquirieron equipos científicos modernos y se dio inició a la construcción del nuevo Hospital Mental en Bello.
En 1965, la comunidad de Hermanas de la Presentación que atendían a los pacientes desde 1906 se retiraron y en su reemplazo llegaron enfermeras graduadas de la Universidad de Antioquia. Para este período se habían hecho grandes avances, la sociedad había entendido que los pacientes psiquiátricos se podían recuperar desde la psicología, la psiquiatría, el trabajo social y otras áreas de las ciencias humanas, y lo más importante, se había comprendido que se podía convivir con ellos y que no era necesario aislarlos e internarlos para toda la vida.
Actualmente, el Hospital atiende pacientes que llegan por esquizofrenia, trastorno afectivo bipolar, depresión y depresión mayor, es decir, pacientes que se han intentado suicidar, por trastornos de ansiedad, estrés postraumático, psicosis exotóxica generada por el consumo de sustancias, por anorexia y bulimia y pacientes maniaco depresivos como doña Miriam. Según los estudios sobre el tema, los trastornos psiquiátricos son enfermedades hereditarias (transmitidas genéticamente) y aunque todos los seres humanos pasamos por ansiedades, depresiones y pánicos esto sólo es malo cuando se vuelve patológico, cuando nos afectamos profundamente y afectamos el entorno. Se ha comprobado científicamente que para llegar al extremo de una enfermedad mental nuestro organismo tiene que estar predispuesto genéticamente.
Doña Miriam es una paciente que debe consumir medicamentos durante toda la vida, cosa que ella nunca hace. Cada vez que es internada sale del hospital como una persona totalmente normal con la disposición de afrontar conversaciones de una manera muy inteligente. “Después vuelve y recae, yo me doy cuenta por su mirada y por las palabras que dice. Impone y no escucha, canta, ella siempre canta,” cuenta Katherine a quien no sólo le ha tocado cargar con esa responsabilidad de cuidar sola a su Madre, sino también con el peso de una violación que sufrió a los 15 años cuando se desplazaba del colegio hacia a su casa. “Yo guardaba la plata del algo para ajustar en la compra de los libros, por eso caminaba en la noche más o menos una hora del colegio a la casa, y ahí paso lo que paso…”.
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