Opinión
¿Qué es ser kirchnerista desde una provincia como Mendoza?
Me lo pregunto hace tiempo. Los lectores de esta columna y los foristas rotweiller que me mastican saben de mi posición política de adhesión al gobierno nacional. Prefiero especificar: adhesión al proceso inaugurado en el 2003 desde el gobierno de Néstor Kirchner a la fecha.
Hay diferencias cuando uno dice “adhiero a un gobierno” o a un proceso. La idea de proceso remite más a una complejidad superlativa. Se trata, mejor, del involucramiento de una serie de actores sociales que emergen del anonimato, toman conciencia política y se hacen cargo de la necesidad histórica de sus acciones. Es decir, no sólo se trata de adherirse a un gobierno como si uno estuviera pegado cual calcomanía, desde la pasividad. Eso es borreguismo militante sin capacidad crítica, también oportunismo de muchos que otrora bancaron políticas neoliberales con el menemismo y ahora se creen los primeros kirchneristas. Por cargos o negocios. Nunca por convicción. Y de esos está lleno el kirchnerismo.
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También los hay quienes descubrieron la política con la muerte de Néstor, o los que siempre fueron gorilas (antiperonistas) pero que fueron seducidos por el costado más “progre” del proceso en cuestión. Los que odian al PJ. Los que no se bancan a los obreros reclamando pero sí les encanta la iconografía 678 o se suman vía mundo intelectual cuando ven a universitarios de renombre apoyando a Cristina, especialmente porteños y de la UBA, de los que salen en la tele con lentes y se la saben todas, los más pijones.
O "los carta abierta" con sus sucursales en el interior como si fueran locales de Blockbuster, donde es difícil encontrar a un peronista. Y claro está que con el peronismo nunca alcanza. Porque el peronismo de la gente y el peronismo del PJ son diferentes hace rato. No sé si me explico.
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Todo proceso es complejo y arrastra en su seno una serie de contradicciones ideológicas, políticas y de clase. Lo rico está justamente allí, en la posibilidad de articular los distintos intereses en un relato común, un movimiento, un bloque contrahegemónico al discurso dominante. Eso es lo que construyó Néstor Kirchner, con su muñeca política. Y eso mismo es lo que hoy está en juego, que debería discutirse para producir un salto cualitativo a fin de evitar “la guerra interna”. La autofagocitación política. Además eso ya pasó en los 70 y así nos fue.
Sin embargo los que creemos en estas reflexiones debemos decir algo. O preguntarnos al menos. Si el kirchnerismo es un espacio nacional de inclusión de pensamientos, estos, deben explicitarse y también marcar sus contradicciones.
Por eso me pregunto ¿Ser kirchnerista en una provincia como Mendoza implica aprobar todas las acciones del gobernador y sus ministros, que, por diferentes motivos, adhieren al gobierno nacional? ¿En qué adhieren Paco Pérez y sus ministros al gobierno nacional? ¿Es posible considerar que el Ministro de Salud de la provincia sea kirchnerista cuando dijo que ahora las mujeres que quieran abortar van a decir que fueron violadas?
Otra. Si como se dice, el gobierno nacional arregló con el multimedio de Vila, ¿la lucha por la recuperación de los terrenos de la Universidad Nacional de Cuyo debe suspenderse para no mear fuera del tarro? ¿Es el pragmatismo lo que debe reinar para no aislarse del poder político?
¿Hoy le debemos creer al periodista Gustavo Sylvestre que ayer estuvo en “A Dos Voces” en TN y hoy en América se aviene a reconsiderar las acciones del gobierno nacional? Si hay algo bueno de lo que hace Sylvestre y unos cuantos periodistas más es mostrar cómo eso de ser independiente fue, es y será un verso del “campo periodístico” que viene como anillo al dedo para zafar de las reprimendas de la empresa. Porque no confundamos. Los medios de comunicación no son emprendimientos independientes, cooperativas de tipos que piensan de determinada manera y se juntan y arman un diario o una radio. Son empresas. ¿O no lo son? Y yo escribo en el marco de una empresa de comunicación donde mis ideas no son compartidas por los propietarios del medio. Y agradezco el laburo y el espacio para decir lo que pienso o escribir lo que se me canta. No sé, seré pintoresco. O un marginal.
Por eso no estoy en Carta Abierta, porque si digo lo que pienso me sacan a las patadas. El tema es no ser guardián de nada. Si tenés instrumentos y herramientas para pensar, pues deberías utilizarlas. Al fin y al cabo, lo que nos queda, es la honestidad intelectual.