Opinión
Drogados
La merca del poder es blanca y pura, la de los pobres es “pateada” con anfetas. La marihuana se fuma sin más en todos los niveles, pero caen presos los giles, para mostrar que “hay justicia”. Nadie lo dice y casi todos lo hacen. Empresarios y políticos, profesores y alumnos, mecánicos y periodistas.
Consumidores de sustancias legitimadas y legales o prohibidas y condenadas. Algunas contribuyen a la cadena de producción económica, un negocio enorme de las grandes marcas de medicamentos; otras, al negocio de monopolios del alcohol y narcotráfico. Mientras, las sustancias ilegales, comúnmente llamadas “drogas”, cargan con el estigma de lo maldito. Los que se drogan son malditos, los que se medican son enfermos o pacientes. Los que se exceden con el alcohol, según la clase social, son bebedores, y los pobres son chupandines, manyines y borrachos.
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La merca del poder es blanca y pura, la de los pobres es “pateada” con anfetas. La marihuana se fuma sin más en todos los niveles, pero caen presos los giles, para mostrar que “hay justicia”. Nadie lo dice y casi todos lo hacen. Empresarios y políticos, profesores y alumnos, mecánicos y periodistas.
Estamos adormilados, en una especie de implosión vital, conectados con la realidad por influencias de pastillas, porros, calmantes. El cuerpo no es nuestro. Estamos invadidos por sustancias. Nunca somos del todo “nosotros”. Antidepresivos y ansiolíticos por doquier en la sociedad adormilada. Negocios de la industria farmacéutica que se despliegan hasta el consultorio. Médicos que prolongan el marketing a nuestros cuerpos.
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Estamos en “plan de evasión”. No el de Bioy Casares sino más cerca del de Keruac “en el camino”. Somos una sociedad alienada a las drogas de todo tipo. Ansiedad, depresión, neuralgias, pánico, fobias, patologías que han venido para quedarse con salidas a corto plazo. Los conservadores moralistas, en Mendoza, contratan putas y compran merca y hacen la fiestita, pero dicen que se van a pescar. Los músicos y artistas, en sus guetos, fuman y toman sin más, y así son estigmatizados.
Los choferes de larga distancias mascan coca y los médicos prueban también, lo contraindicado. Una hipocresía fenomenal nos gobierna la conducta para aparentar lo que debe ser aparentado, mascaras del vacío, ideología de la producción de supuestas positividades sociales a representar en un carnaval estrictamente social.


