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Opinión

Ágapes y plusvalía

Diciembre. Cualquier diciembre de cualquier año. Mendoza y los ágapes. Diciembre es el mes de los ágapes, una reunión fraterna que intenta ensamblar con la comida y la bebida a los desiguales. En los laburos, instituciones, fundaciones, empresas, en los gobiernos; diciembre es un gran ágape social e hipócrita.

Se besan y abrazan los que se odiaron durante todo el año, los que intentaron serrucharle el piso al compañero o al jefe vulnerable. Adoloridos y exultantes están todos en los ágapes sociales al que no se puede faltar porque es parte del compromiso militante de la institución que cobija  a sus miembros.

Todo ágape esta montado sobre una ausencia, una falta.  Y ésta es ése intento, acto efectivo en lo ideológico, de unión falseado que no podrá acoplar jamás lo que está des-vinculado. Otra cosa es juntarse con amigos. Esa sería la contracara pagana del ágape cristiano e institucional. Juntarse con amigos es una decisión anti institucional; pero con amigos, los atorrantes amigos, no los amigos que uno socialmente llama amigos.

Se brinda y se escucha el mensaje del año porvenir. Se simula la emoción a tal punto que tornase cierta hasta las lágrimas. No son lágrimas reales la de los ágapes, convengamos. En todo ágape hay un asesino encubierto, un tipo que mataría a sus jefes, un tipo que atropellaría al dueño de la empresa. Por eso somos buenos, porque el ágape reprime el instinto asesino que anida en todo reo sonriente con una copa de champaña y un canapé entre sus dientes.

Ya lo dijo El General: “El hombre es bueno, pero si lo invitas a un ágape es mejor”.

Hay instituciones donde el ágape es casi semanal. Y se me viene a la mente la imagen cuando a los presos o a los locos, en la cárcel o en el hospicio, les llevan funciones de teatro o recreativas para desinflar la ira. A mayor cantidad de ágapes en el año mayor integración como resultado. Después los motines. Los cuchillos por la espalda y la toma de rehenes.

El ágape intenta conciliar intereses inconciliables y esa es su razón de ser: interpelar a los “no iguales” como iguales desde un discurso que re-invierte el sentido de la desigualdad de las posiciones. “Sin ustedes, esto, no sería posible” -le dice el patrón a sus obreros; no sin razón, porque es a condición de la extracción de la plusvalía del trabajo del obrero que todo ese mundo es posible.

Es bajo la condición de la desigualdad naturalizada en el discurso y en el choque de copas (iguales) que un ágape es un ágape.

Pues bien, para finalizar, desconfía de todo ágape. Detrás de él hay alguien que está transfiriendo el valor de tu trabajo. Vos en el fondo, al ágape, lo estás pagando, siempre. El ágape es tu dulce y cruel enemigo invisible.