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Opinión

Argentina, Israel y Palestina

El diseñador del Estado judío, Teodoro Herzl, había considerado en 1895 a la Patagonia argentina y a Palestina. ¿Nos salvamos? ¿O seguimos bajo riesgo del expansionismo salvaje?

Cuenta la historia que en 1895, el austrohúngaro Theodor Herzl o Teodoro Herzl, en París escribió en su diario: “En París, como ya he dicho, he adquirido una actitud más libre hacia el antisemitismo. Por encima de todo, reconozco el vacío y la inutilidad de tratar de combatir el antisemitismo”.

Con esas palabras, el hombre ya de profesión abogado, comenzaba a pergeñar lo que llamaba el Estado judío y que no era otra cosa más que un territorio donde pudieran vivir tranquilos los judíos del mundo, una idea que al principio no convenció a acaudalados como el Barón Hirsch o el Barón Rothschild pero sí a las masas. Tampoco fue de agrado en las sinagogas donde se percibió la idea de Herzl como contraria a las enseñanzas religiosas.

Sin embargo, como siempre ocurrió en la historia de la humanidad, la razón se la dieron las masas que en ese tiempo lo habían comenzado a considerar como un moderno Moisés.

Herzl, quien era un judío asimilado y que además de abogado trabajó como periodista y también como dramaturgo, desde su juventud tuvo visiones y aspiraciones que hasta consideraron la unificación alemana.

Durante un proceso contra un capitán judío francés (Alfred Dreyfus),  fue que Herzl se convirtió definitivamente hacia el sionismo. Dreyfus había sido –consideraba Herzl- injustamente acusado de traidor –inculpado de espiar para Alemania- y por quien se armó un gran revuelo antisemita.

Luego de eso, Teodoro Herzl, presentó su nueva visión del Estado judío titulado Der Judenstaat: Versuch einer modernen Lösung der Judenfrage («El Estado judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía»), que se publicó en febrero de 1896, donde propuso que la solución al “problema judío” es la creación de un Estado judío independiente y soberano para todos los judíos del mundo, que esto sea un asunto de política internacional y que debía ser asumido como tal.

Allí fue que por primera vez los judíos del mundo comenzaron a tomar en serio la idea que proponía que el Estado judío podía ser enclavado en la Patagonia de Argentina o en Palestina, donde finalmente se localizó el 14 de mayo de 1948, cuando el Estado hebreo fue creado por una resolución de la Organización de las Naciones Unidas.

¿Qué hubiera sucedido por el expansivo Estado de Israel si lo hubieran localizado en la Patagonia Argentina? ¿Estaríamos hoy en guerra contra ellos y marginados a una franja? En la Cordillera por ejemplo.

Contrariamente a lo que sucede hoy con Estados Unidos y su actual postura de apoyo a los judíos, en 1948 el presidente Harry Truman se opuso a la idea de la creación del Estado hebreo en Palestina, pero el nuevo país obtuvo el apoyo de la ex Unión Soviética y por ello es que ocupó un 57% del territorio no asignado, dejando un 42% a los palestinos y un 1% para Jerusalén.

Hoy la historia recobra vigencia porque, también otro día 14, pero de noviembre pasado, fue que recrudeció una vez el conflicto entre Israel y Palestina, precisamente entre el partido Hamas y el Partido de la Libertad (Thuat Haherteur) que se convirtió en el precursor del partido Likud, cuyo líder es el actual primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Luego de la instalación primigenia del Estado de Israel en Palestina, en los siguientes años –recuerda Vicky Pérez en Hidrocarburos de Bolivia- “los grupos terroristas Stern y Haganah destruyeron 418 pueblos palestinos y tomaron el control de un 78% del territorio desplazando a los palestinos a la Franja de Gaza y a Cisjordania. En Jerusalén, los 30 barrios árabes fueron reducidos a cuatro. Por eso los argentinos dicen que de haber entrado en la Patagonia, los israelíes ya estarían gobernando el país”, también reflexiona.

Y Pérez recuerda una acción de un judío inteligente y sensato: “Ya en 1948 Albert Einstein y 28 destacados hombres judíos mandaron una carta al periódico The New York Times, advirtiendo a la humanidad que “entre los fenómenos inquietantes de nuestra época tenemos en el Estado de nueva creación, Israel, la aparición del Partido Libertad, un partido político con un enorme parecido, en cuanto a organización, método, filosofía política y planteamientos sociales, a los partidos nazi y fascista”. Los 64 años siguientes confirmaron aquella advertencia de Einstein y sus seguidores”.

Y la reciente y divulgada muerte del líder militar de Hamas, Ahmed Jaabari, quien negociaba el fin del bloqueo de la Franja de Gaza y la firma de paz con Israel, demuestra que el asunto del expansionismo del Estado judío no tiene fin. Como Argentina, Palestina posee en su territorio reservas petrolíferas y especialmente de gas natural. Frente a las costas de Gaza hay dos riquísimas bolsas de gas natural submarino valuadas en unos 4 mil millones de dólares que el Estado de Israel no quiere compartir con alguien y menos con los palestinos que ahora curiosamente están fortalecidos gracias al apoyo de los hermanos musulmanes.

Es trascendente e histórico que Turquía y Qarar, en la región de Egipto, hayan obtenido poder político como para haber facilitado bastante rápido la firma de una tregua entre Hamas e Israel. Y también se debe considerar que por primera vez en Medio Oriente han nacido dos corrientes geopoíticas: una tsunita, formada por Turquía, Arabia Saudita y Qatar y apoyados por Estados Unidos y la Unión Europea. Y otra chiita compuesta por Irán, Hezbolá libanés e Irak, apoyados por China y Rusia. Panorama que aún no parece haber asumido con seriedad el Estado de Israel que sigue buscando dejar sin territorio a los palestinos.

A propósito, esta imagen se viralizó en las redes sociales en estos días conflictivos en la región

Indudablemente el mapa geopolítico está cambiando en Medio Oriente. Pero en el medio, casi a 10 días de los nuevos enfrentamientos, hay más de 170 muertos, la mayoría niños, mujeres y ancianos y unos 1.500 heridos. Penoso panorama que nadie sabe, a ciencia cierta, si se hubiera repetido en Argentina, de haber echado pie a tierra el Estado de Israel que alguna vez soñó Teodoro Herzl.