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Opinión

Delirios sobre Roca y la Campaña del Desierto

El historiador Walter Burriguini le responde al legislador del PRO Gustavo Cairo. Un debate que recién empieza.

Ya no me acuerdo si los encontré por mí mismo “ojeando” MDZ Online o alguien me avisó que estaban ahí.

Sí... así de perplejo (hasta el punto del desconcierto y la desorientación) me dejaron los comentarios del dirigente del PRO Gustavo Cairo sobre la llamada “Campaña del Desierto” (1879-1885) recogidas por esté diario digital. De hecho algunas de las afirmaciones son tan exageradamente absurdas que no puedo dejar de admirar a Cairo por no amedrentarse y atreverse a rebasar los límites de la cordura.

Y entre todas las afirmaciones absurdas, la que sin lugar a dudas se lleva la corona de laureles es la siguiente: que los indios Ranqueles (una de las étnias que enfrentó encarnizadamente al Ejército Argentino durante la Campaña del Desierto) eran originarios de Chile y que el Estado Nacional mató sólo y solamente aborígenes de aquel país que habían cruzado a nuestro lado de la cordillera (¿?). Pues no. Exactamente todo lo contrario. Los Ranqueles habitaban únicamente de éste lado de la cordillera y, por lo tanto, el Ejercito Argentino no sólo mató aborígenes nacidos en territorio chileno.

Pero más allá de eso, la propia distinción entre “aborígenes argentinos” y “aborígenes chilenos” que hace Cairo esta fuera de lugar desde el vamos para este período (finales del siglo XIX) y lugar (el sur argentino). ¿Por qué? Para empezar, porque la mayoría de las etnias que enfrentaron al Estado Argentino durante la Campaña del Desierto (Pehuenches, Tehuelches, Araucanos, etc.) conformaban naciones que se repartían a ambos lados de la cordillera y no veían a ésta como una “frontera” sino como un simple dato geográfico. Vivian, socializaban y morían acá o allá indistintamente, sintiéndose parte de un todo y de lo mismo.

Si a aquella fidelidad a una unidad étnica repartida a ambos lados de la cordillera le sumamos, además, que los aborígenes patagónicos no reconocían la soberanía del Estado Argentino ni del Estado Chileno sobre el territorio que habitaban y tampoco se los permitían ejercer (de otro modo no hubiera hecho falta la Campaña del Desierto, cuyo fin era precisamente expandir por la fuerza la soberanía del Estado Argentino), no hay que ser Einstein para darse cuenta que hablar de “aborígenes argentinos” o “aborígenes chilenos” es alarmantemente anacrónico y confunde más de lo que aclara.

Hay más afirmaciones de Cairo que también me dejaron mal sabor en la boca (como aquella en el sentido que gracias a la Campaña del Desierto la Patagonía no cayó en manos chilenas). Pero por una razón de tiempo (se está por cerrar la edición dominical del Diario y yo todavía acá tecleando) prefiero dejarlas para otro momento.