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Opinión

El trastorno de Amadeo (primera parte)

Un asesinato en Chicago. Una enfermedad desconocida. El descubridor muerto por encargo y las falacias de un médico que quiso apropiarse de la detección de un trastorno que solo se manifiesta en Chicago y Mendoza. Un cuento en cuatro entregas.

“Amadeo es un enero mendocino a las siete de la tarde”, me dijo casi poéticamente el médico psiquiatra en el café donde nos citamos. “Fíjese: El trastorno de Amadeo fue descubierto por el Dr. Carius Hallfeyad en 1922 en Chicago-Illinois, también llamada “la ciudad de los vientos”. Fue él quien lo detectó y sistematizó. Pasó que los celos de uno de sus colegas, el Dr. Mein, quien estuvo preso por el asesinato del Dr. Hallfeyad, motivaron en aquél argucias non sanctas para apropiarse del descubrimiento.

Es más, recurrió a la muerte por encargo (unos gangs a sueldo tiraron el cuerpo dopado con morfina al lago Míchigan) y tuvo la suerte de que no lo condenaran por más tiempo. Pero “El trastorno de Amadeo” (TA) le pertenece al Dr. Hallfeyad. Eso se sabe recién ahora, porque en su época los diarios y radios hablaban del “Dr. condenado que descubrió “El trastorno de Amadeo”…bla, bla, bla”, lo cual fue tomado como una injusticia por el vulgo de las calles y de los barrios bajos de EEUU.

Figuresé que para la década del veinte, aquí en Mendoza gobernaba Carlos Washington Lencinas, (el hijo del gaucho Lencinas) también se hablaba de “un trastorno”, pero nunca se imaginó aquí que fuera el mismo, exactamente el mismo TA que hoy conocemos por los manuales de medicina”, -advertía el Dr.

“Lo más extraño –continuó- es que en casi cuarenta y pico de años sólo en dos lugares del mundo se podía detectar, Chicago y Mendoza, justamente dos poblaciones con similar cantidad de habitantes. Bueno, se hablaba o hipotetizaba, imagine, de un experimento en conjunto entre médicos de ambos lugares que salió mal. De un maleficio realizado por mujeres de ambos estados para que una deformación recayera sobre sus poblaciones. Que los gobiernos centrales de EEUU y de Argentina habían decidido llevar a cabo estudios científicos en conjunto, etc, etc.”

“Bien –prosiguió- hasta ahora no se ha comprobado nada de nada. Lo cierto es que el TA sigue revelándose en Chicago y Mendoza. Como lo he seguido al tema por mi especialidad, recuerde que me dedico a las “enfermedades raras”, solo en la Amazonía habrían localizado el TA en unos niños de la tribu de los Hayagua, creo que fueron cinco niños. Pero allí la hicieron más fácil, a los cinco niños los tiraron al Río Envira, en el Estado de Acre, donde se cultiva el caucho – ¿Se acuerda de Marina Silva, la Ministra de Medio Ambiente del gobierno de Lula da Silva en Brasil que enfrentó en las presidenciales a Dilma? Bueno, Marina Silva nació y creció cultivando caucho en Acre, una seringueira como le llaman a los cultivadores de arboles de caucho en los seringales- En fin, aquellos salvajes de la tribu creyeron que con la eliminación de los niños ahogados en el río, prescindirían del TA. Hoy no se sabe nada más de esa tribu. No la encuentran. Y no solo expedicionarios y antropólogos anduvieron por aquellos vastos bosques para hallar rastros. El propio Lula hace unos años envió una misión especial y secreta para tomar contacto con ellos, sin embargo no hay ni vestigios de cultura. No encontraron nada. Es extraño ¿no?” - cavilaba, mirando la copa de los carolinos mientras unos gorriones posaban sobre sus galletas en la mesa del café.

“Por eso si bien debe usted preocuparse y ocuparse del problema de su esposa, le tengo que ser honesto”, sentenció: “No hay hasta aquí una conclusión acabada, un abordaje científico estándar y serio, sólo pruebas, intenciones, digamos, experiencias que yo he sistematizado en los años que llevo de profesión y que archivo y estudio desde aquel descubrimiento que lo tiene al Dr. Carius Hallfeyad como protagonista en los años 20”.

“En una oportunidad, en mi obcecada carrera por dar con la caracterización del TA, realicé un viaje a Chicago en los 60 y me entrevisté con el hijo de Hallfeyad, médico también, oncólogo, especialista en cáncer de piel. Yo viajé luego de hacer un contacto con él; le pregunté si tendría a bien recibirme en su consultorio si realizaba el viaje y me aceptó con reservas, fríamente. Pero el viaje lo realicé igual, me lancé a suerte y error”, decía el ya para mí aventurero psiquiatra.



Continuará